
—Ya pasaron varios meses, ¿terminaste de “bajar”?
—Sí, estoy bien, tranquilo, sabíamos que cualquier cosa que hiciéramos después iba a generar más expectativa, porque con el ruido que se hizo, pondrían una lupa sobre nosotros. El proyecto de hacer el ciclo RockRoad (que va por la señal MuchMusic) ya estaba antes de empezar a preparar la vuelta de Soda. Son viajes que hacemos todos los años tratando de buscar música original en distintos lugares de la Tierra, bandas conocidas y no tanto, mostrar las diferencias de cada país. Encontramos formas originales de narrar en televisión, y es interesante porque, así como la radio tuvo su casamiento con la música, en la TV me parece que no se produce. Como en los 60 o 70. Salvo “Bailando por un sueño”.
—¿A esta altura te sigue entusiasmando viajar por la ruta del rock?
—Tuve épocas de fobia, que no me podía subir a un avión. Hoy estoy bárbaro con eso. Los músicos somos viajeros potenciales, estamos condenados a viajar. No nos podemos quedar, sobre todo los que somos artistas internacionales. Nos gusta el hecho de vivir aventuras, la experiencia de andar por el mundo, que nos pasen cosas insólitas, de volver con data nueva. Es como ir a una galería de arte, todo eso te va nutriendo. RockRoad es un viaje que decido hacer un poco extrañando los viajes, y lo armé como una gira de rock, con la mística de una banda. Lo único que en lugar de ser tocar sobre el escenario, trabajamos abajo.
Un legado de glam rock
El hijo mayor de Zeta, Simón, ya es un joven inquieto. A los 18, tiene su propia banda, de la que el padre dice que tienen sonido internacional. “El toca la guitarra desde los ocho años. En los 90 empezó a escuchar new metal, bandas que habían pegado fuerte como Papa Roach, Linkin Park o System of a Down. Después cambió y pasó al heavy metal, se hizo setentoso escuchando a Steve Ray Vaughan, Aerosmith, Iron Maiden, Motley Crüe. Sigue en esa línea, con su grupo que se llama Armant. Tocan sus propios temas y tienen un estilo glam rock, con raíces del rhythm and blues. Les gusta esa estética, esa forma de tocar, cosa que nosotros no fuimos nunca. Suenan muy bien, y hace lo que quiere. A mis otros hijos Juan Bautista y Jaime, les picó fuerte luego de esta etapa de Soda y se hicieron también músicos. Uno, que está entrando en la adolescencia, toca la batería y un poco la guitarra, y el otro quiere copiar a los hermanos. Hoy en día tienen la posibilidad de estar con el Guitar Hero, o el Rock Band, los juegos de la PlayStation, que les enseñan bastante, jugando aprenden un montón. Me parece que va a haber más músicos en el futuro gracias a estos juegos.”