
La información encontrada en la computadora del fallecido dirigente guerrillero Raúl Reyes reverdeció la polémica en torno de los vínculos del gobierno de Venezuela con la insurgencia colombiana. Si bien el presidente Hugo Chávez ha negado públicamente cooperar con las FARC y el ELN, cuatro ex miembros de esas organizaciones entrevistados por PERFIL relatan cómo operan libremente en territorio venezolano y el modo en que reciben asistencia de las fuerzas de seguridad bolivarianas, inclusive para la confección de documentos falsos, la realización de secuestros y el tráfico de drogas.

Pedro tenía 20 años cuando entró en las filas de las FARC. Todo ocurrió en 1998, cuando en la población en la que vivía junto a su familia en Miraflores, Guaviare, se presentaron miembros de las Fuerzas. “Hicieron una reunión y nos reclutaron obligatoriamente”, recuerda. Tiene 31 años y desertó recientemente de las FARC. Por resguardo, pide no ser identificado con su verdadero nombre.

Nació en Arauquita, municipio de Colombia. Tenía casi 17 años cuando entró en el ELN. Desertó en octubre de 2007. Hoy tiene 23 años y cuenta a la periodista venezolana María Angélica Correa las vivencias en el Frente Domingo Lain, donde era mando de escuadra con funciones de seguridad. Para proteger su integridad personal, lo llamamos en esta entrevista con el alias José.

Después de 21 días de paro y movilizaciones por las retenciones móviles, quedaron pendientes muchas otras cuestiones que afectan directamente la vida de los hombres del campo. Desde las dificultades cotidianas para conseguir mano de obra y afrontar los altos costos de los insumos importados, hasta las críticas al Gobierno por la falta de un plan integral para el sector.
La guerrilla. Los paramilitares. Los carteles del narcotráfico. El gatillo fácil. Los secuestros. Desde hace años, los colombianos transitan una realidad tan violenta como cotidiana. El autor de esta nota, reconocido periodista y defensor del lector de este diario, viajó a ese país y cuenta cómo se hace para vivir y soñar en medio de semejante batalla social.
Domingo