
Sin que le temblara el pulso, el patriarca del imperio Tata firmó esta semana el compromiso que le otorgará la propiedad de Jaguar y Rover a fin de año a cambio de un cheque de US$ 2.300 millones. Las dos marcas estaban en poder de Ford, que en 1989 había pagado US$ 5.200 millones con la ilusión de competir en el segmento de vehículos de lujo.
Jaguar y Rover son, junto con Rolls-Royce y Bentley, los únicos automóviles que tienen derecho a utilizar el sello Royal Warrant, que les acuerda el respaldo –simbólico– del Palacio de Buckingham.
“Con esa inversión, Tata compra el know how de la industria automotriz británica y los 15 años de esfuerzos que necesitaría para instalarse en Europa, primer paso de su ofensiva sobre Occidente”, estimó Amit Kasat, analista de Motilal Oswal, de Bombay.
Low cost. Sesenta años después de haber puesto un pie en la industria automotriz con una licencia para ensamblar camiones Mercedes en India, Tata decidió pasar a una etapa superior hace apenas un par de meses, cuando lanzó el modelo Nano, considerado como el auto más barato del mundo (2.500 dólares). Por el momento, su gama se limita a una serie de camiones, ómnibus, utilitarios, el Indica y el Nano.
Su ambición es comenzar a vender el Nano en Europa para competir con los otros modelos low cost: el chino Chery QQ (US$ 4.800), el indio Suzuki Maruti (US$ 4.994), el chino Gely MR (US$ 5.780), el Indica de Tata (US$ 8.894) y el Dacia Logan de Renault (US$ 10.000).
La compra de Jaguar y Rover, una operación objetivamente barata, le permitirá entrar al mercado occidental por la puerta grande de la gama de lujo. Pero, sobre todo, esa inversión le abrirá las puertas del santuario de Coventry, donde se conciben y experimentan las tecnologías de punta.
Con un presupuesto de US$ 750 millones anuales para investigación y desarrollo, Jaguar y Rover le darán a Tata Motors las tecnologías que necesita para desarrollarse en los mercados occidentales.
Tata está dispuesto a pagar el precio necesario para que ese meccano siga funcionando como hasta ahora: no introducirá ningún cambio en la planta de Coventry. Su primera preocupación fue disipar los temores de deslocalización o de cambios.
Inversión. Para ese conglomerado que desde hace años piensa en términos planetarios, esta compra le permitirá continuar la discreta y paciente ofensiva iniciada en 1975, cuando instaló en Londres una representación de su filial Tata Consultancy Services para estudiar el mercado europeo.
Su operación más importante en Gran Bretaña fue la compra de la siderúrgica anglo-holandesa Corus, al término de una batalla titánica contra el brasileño CSN (Compahnia Siderurgica Nacional). Esa operación de US$ 11.300 millones, concretada en enero de 2007, le permitió convertirse en la quinta empresa siderúrgica del mundo, una posición clave para asegurarse el abastecimiento barato y permanente de acero.
¿Cuál será su próximo paso? Después que Tata le propuso a Fiat estudiar una posible cooperación, en Turín pusieron las barbas en remojo.
*Desde París.