
Hubo un tiempo en el que reinaban los metrosexuales. Su máximo representante es David Beckham: se pinta las uñas, se tiñe el pelo y posa para revistas gays, pero hacía suspirar a las damas aclarando su heterosexualidad.
Pero eso se acabó, ahora las chicas quieren darse cuenta a primera vista. “Yo soy la más delicada y no me interesa compartir mis cremas con mi pareja”, dice Eugenia, fanática –como tantos– de Lost y “enamorada de Sawyer, obviamente, no de Jack”. Porque la serie ícono tenía un protagonista evidente: el interpretado por Matthew Fox, un doctor con alma de líder, prolijo y noble... Pero la chica linda, Kate, se enamoró de otro. Sí, eligió al mugroso y pendenciero que lleva adelante Josh Holloway. Y no fue una vuelta de tuerca del guión que basa su éxito en la sorpresa, sino algo que caía de maduro, porque la platea femenina lo pedía casi a gritos.
Los especialistas en tendencias llaman a este tipo de galán “übersexual” y el término apareció por primera vez en el libro El hombre del futuro, de Marian Salzman, Ira Matathia y Ann O’Reilly. Ahí, las publicistas explican que lo que se viene es la imagen como la del varón de antaño. Tenían razón. Ya llegó.
“Un hombre que siente confianza en sí mismo no necesita arreglarse tanto y exalta su aspecto masculino no sólo en lo estético, sino en todas las áreas de su vida. Los roles bien definidos colaboran a la hora de la atracción sexual”, explica el psicólogo Mauricio Sánchez.
Made in Argentina. Esté o no en pantalla, si se le pregunta a cualquier mujer, el galán de los galanes locales es Pablo Echarri. “Y ahora que tiene canas, más: me encanta que se las deje”, dice Marina, “televidente adicta” autodeclarada.
Joaquín Furriel supo ser la contrafigura del morocho más deseado en Montecristo, pero a fuerza de talento y, claro, el look adecuado a los tiempos que corren, ahora es el hombre de Don Juan y su bella dama, novela hot del mediodía. Su barba a medio crecer y su mirada recia alcanzan y sobran para que todas se desmayen por él.
Vidas robadas, el nuevo culebrón con compromiso social de Telefe, tiene un galán formal, Facundo Arana, pero otro tácito, más atrayente: Juan Gil Navarro y su quijada prominente, el que hace de malo con su nariz de boxeador y cara casi de mono le quita todo brillo al lavado, sensible y delicado protagonista.
Luciano Castro, barbudo, ruludo y desprolijo, arrasa en Lalola y todas quieren un poco más de él. Finalmente, gracias a este auge, Juan Darthes, tanguero varonil, revalidó su éxito actoral en pantalla chica como héroe romántico en Patito Feo. Así que adiós, delicados muchachos lampiños a la Mariano Martínez, porque está claro que el dandy de hoy volvió a ser bien masculino.