
El año pasado, las empresas locales duplicaron sus ingresos, según un informe producido por la Universidad de Palermo, y todos auguran un 2008 aun mejor. El furor es tal que Innovar, el concurso para inventores y desarrolladores de tecnología del Ministerio de Ciencia, incluye este año una categoría especial para los videojuegos. Y existen carreras terciarias que enseñan cómo hacerlos. “Durante 2007, la carrera de Diseño y Programación de Simuladores Virtuales nos sorprendió, al tener una tasa de crecimiento del 50%”, indicó Mónica Pombo, rectora de la Escuela Da Vinci.
Claro que no siempre en el producto final se refleja el típico gusto argentino. Los compatriotas que desarrollaron el videogame de la serie 24 y dibujaron al popular Jack Bauer aseguran que debieron trabajar con una clara consigna internacionalista e incluyeron los violentos interrogatorios a los que es tan afecto el agente secreto.
En cambio, sí quedó expuesto el ser nacional en Fútbol Deluxe, donde un director técnico tenía que negociar con barrabravas y podía coimear árbitros (no por nada se vendió muy bien en los países de Europa del Este, con tantas cosas en común con nuestro país).
Casos. Ya hay 50 empresas dedicadas al rubro, la mayoría pymes, pero también hay algunas compañías internacionales que decidieron invertir en el país, como GameLoft. “Hubo un crecimiento enorme en estos años y vienen años mejores”, explicó Santiago Siri, secretario de la Asociación de Desarrolladores de Videojuegos Argentina (ADVA) y creador de Fútbol Deluxe. Siri contó que muchas de las pymes comenzaron a través de una lista de mails en 2001. “Eramos amateurs que nos juntábamos en un Burger King y teníamos ganas de vivir de lo que nos gustaba, hacer videojuegos. De ahí surgieron compañías y grupos; cada uno hizo su camino. También de ahí surgió EVA, la exposición de videogames que reúne a 500 personas todos los años, y creamos ADVA, una asociación sin fines de lucro”, agregó.
Otro caso es el de MP Advanced, empresa creada en 1998, entonces enfocada al negocio de Internet, pero que hoy tiene una demanda tan grande que el 85% de su trabajo es realizar videogames. Entre sus clientes están canales como Cartoon Network, Sony, TNT, Fox, y siguen las firmas. Ellos son los que hicieron el juego de 24 y las dos versiones de “Fórmula Cartoon”, juego de carreras de singular éxito. “Tuvo dos millones de usuarios durante el primer mes”, contó Angel Mazzarello, uno de los responsables de la empresa. A su lado, Fernando Píccolo señaló que el negocio es poner avisos en la pista, además de atraer público a las páginas de Internet.
Cómo. Hacer un videojuego es una tarea compleja y que requiere de diversos profesionales. “Se necesitan programadores, ilustradores, sonidistas, músicos (ver recuadro), actores para el doblaje de voces, diseñadores... Además de un game designer, la persona que arma las reglas del juego, obstáculos y niveles de dificultad. Y los testers”, informó Matías Pequeño, productor de Global Fan, empresa dedicada a los videojuegos para celular que ya exporta dentro de América latina.
“Los testers son piezas clave”, aportó por su parte Píccolo. “Por ahí uno cree que el juego está bien, todo armadito, pero a la hora de jugar es un aburrimiento total o hay problemas con los comandos”, detalló.
Todo indica que cada vez habrá más trabajo para todos ellos. “Todavía estamos en pañales”, concluyó Pequeño.
Un baterista de rock que les pone sonidos a los jueguitos
“Como en el cine, la función de la música en los videogames es anticipar la trama, cuando cambia el ritmo es que pasaste de etapa. La aparición de ciertos sonidos predicen cuando está por venir el monstruo, por ejemplo. Esa es su función... y es todo un arte”, resumió Joaquín Bachrach su trabajo.
Bachrach es el baterista de la banda de rock Audire, pero, aunque está grabando su cuarto disco, vive de ponerles musiquita y sonidos incidentales a los videogames.
Cuando sale un proyeco de MP Advanced, la empresa para la que trabaja, el director de arte, Fernando Hereñú, le explica las consignas fundamentales con las que debe manejarse y él pone así manos a la obra. Claro que, además, debe estar embebido de juegos, saber qué espera un usuario, y tener la habilidad como para poder saltar sin escándalo de una música para un juego de niñas de 6 a 8 años a una de deportes. “Me metí en un mundo de locos por los juegos”, se ríe en su departamento de Palermo.
Pentagrama cero. En su haber, Bach-rach tiene la música de Los Pomodoro, un juego que recrea la vida de una familia italiana. “Tuve que musicalizarla con una tarantela, que suena un poco sucia, como si saliera de un fonógrafo. Eso es lo bueno de trabajar en esto: permite que un baterista de rock como yo se meta a estudiar y crear en ritmos poco habituales”, explicó, antes de mostrar a PERFIL cómo funciona el programa de PC que le permite agregar o sacar a piacere instrumentos de una melodía, ya que casi todo su trabajo es digital.
Aunque vive a seis cuadras de la empresa que lo contrata, bien podría estar en Copacabana o en el Japón: se maneja todo por computadoras puestas en red. “Al tocar en una banda, para mí es muy importante el factor humano. Pero con los juegos hay una deshumanización absoluta. Voy a los extremos, y eso está bueno”, concluyó.