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En la argentina y el mundo

Cirugías siglo XXI: en quirófanos inteligentes, sin sangre ni cicatrices

La tendencia a las operaciones mínimamente invasivas, es decir, sin tener que “abrir” al paciente, crece en todo el mundo, incluida la Argentina. Las técnicas laparoscópicas, que utilizan cámaras de video y pantallas, son cada vez más populares para cirugías menores y buscan que se extiendan a casos de mayor complejidad. También se están explorando las cirugías a través de los orificios naturales del cuerpo humano. La enorme posibilidad que brindan robots-cirujanos y el equipo rosarino que opera a través del ombligo. Los quirófanos inteligentes, la otra apuesta del futuro.

Por Martin de Ambrosio

Opciones. El robot Da Vinci, en acción.

Es muy posible que, dentro de 100 años, a muchos les parezca increíble que se hayan realizado tantas operaciones “abriendo” a los pacientes y después “cerrándolos” a través de costuras. Tal vez resulte tan primitivo como hoy lucen las sangrías a las que fueron sometidos todo tipo de personas durante siglos enteros y en civilizaciones varias.

Lo cierto es que en la actualidad se está en una etapa de transición hacia una época en la que, un poco gracias a la tecnología y un poco gracias al conocimiento médico acumulado, entrar a un quirófano ya no significará largas y dolorosas estadías, y habrá menos riesgos de infecciones hospitalarias y de sangrado.

Cada vez más los médicos operan con medios laparoscópicos; es decir, guiados por cámaras de video a través de pequeñas incisiones en el abdomen, que apenas dejan unos puntitos como cicatrices. Además, y aunque son técnicas que están en fase exploratoria, se busca operar con robots para evitar deslices humanos en los movimientos finos y también se intentan utilizar los orificios naturales para ingresar al cuerpo humano (boca, ano, vagina), mediante la técnica denominada NOTES (por las siglas en inglés de Natural Orifice Transaluminal Endoscopisc Surgery). Por si fuera poco, un equipo rosarino ya ha operado a más de cien personas a través del ombligo.

Mínimo. Luis Sarotto, jefe de cirugía hepática del Hospital de Clínicas, elige la metáfora de la explosión para definir la situación. “La cirugía se desarrolló muy lentamente hasta que hubo un gran estallido a partir de la década del ’90, cuando se incorporó la laparoscopía”. Esta abrió el camino de las cirugías mínimamente invasivas, que permiten tratar con pequeñas incisiones lo que antes se trataba “a cielo abierto”. “En principio, desde lo estético es bueno porque no tener ninguna cicatriz genera bienestar. Pero además, la recuperación y las complicaciones de la pared abdominal son mucho menores”, completó Sarotto.

Sus colegas coinciden en que las cirugías mínimamente invasivas serán cada vez más mínimas. Algunos, incluso, se han animado a dar algún paso más allá. La técnica NOTES antes mencionada tiene una variante que luce espectacular: ingresar al cuerpo a través del ombligo y mover el instrumental con imanes. La está desarrollando un equipo rosarino en conjunto con la empresa Olympus (ver recuadro).

Caro pero el mejor. Uno de los cirujanos más famosos del mundo no es humano. Se trata del robot Da Vinci, desarrollado en los Estados Unidos, que incorpora los elementos de la cirugía mínimamente invasiva y le agrega la precisión robótica. Operó por primera vez en la Argentina en 2005. Sarotto tuvo el privilegio de utilizarlo en el Hospital de Clínicas de Buenos Aires.

“Me sentí como en la NASA”, graficó. Y agregó: “Da Vinci permite movimientos más precisos pero tiene un alto costo; sólo el aparato vale un millón de dólares”. Para el especialista, recién se está viendo para qué sirve la robótica quirúrgica. “Para vesícula es sensacional pero el costo del chip y de las pinzas no reutilizables es muy alto: 20 veces más, y no sé si vale la pena”, detalló, a la vez que consideró conveniente contar con un dispositivo similar para investigación en el país.

De cualquier modo, no es el único desarrollo robótico. El Imperial College de Londres busca desarrollar lo que llaman i-Snake que, aunque en principio se usaría para realizar by pass coronarios, se podría aplicar a otras afecciones.

Inteligencia. Otros adelantos tecnológicos están a la orden del día. Existe una tendencia al armado de los llamados “quirófanos inteligentes”. Si bien en el país no hay todavía instalado uno completo, con la renovación de equipamiento que permite el crecimiento económico, algunas instituciones comienzan a animarse. “El problema es que no hay acceso al crédito”, indicó Marcelo Segarra de la empresa Stryker.

El renovado Sanatorio Anchorena (que abrirá sus puertas en febrero) tiene montados quirófanos semiinteligentes. “La tendencia es que haya cada vez menos elementos en el piso que dificulten movimientos, algo que además permite que se demore menos tiempo entre operaciones”, indicó Silvina Ruiz Pérez, jefa de quirófanos de esa institución.

Lo cierto es que, aunque aún falta un buen camino por recorrer, la idea de una intervención quirúrgica como evento traumático podría ya pertenecer al pasado. También en la Argentina.

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Experiencia pionera a través del ombligo

“Llevamos operados 135 casos exitosos de los más diversos: vesículas biliares, apéndices, hernias inguinales, cirugías ginecologías (extracción de ovarios, histerectomías), y urológicas como varicocele. La nuestra es una técnica única y durante el 2007 fuimos vedettes en diferentes congresos internacionales”, se ufanó José Speranza, del Instituto Cardiovascular de Rosario. El experto no oculta el orgullo que le produce la técnica que desarrolló con sus colegas.

Lo que hizo fue tomar el endoscopio tradicional, pero con una variante tecnológica aportada por la empresa Olympus. “El truco es que las pinzas se controlan externamente por imanes: no ingresamos los instrumentos por la pared como en laparoscopía, sino sólo el cabezal. El control se hace desde fuera del abdomen”. El cirujano apoya en el cuerpo del paciente el imán que hace mover el instrumento a través del endoscopio. “La gente se opera de varicocele y se va en 20 minutos”, indicó Alejandro Marina, presidente de Olympus Bioanalítica. Otra ventaja es que en vez de anestesia sólo requiere sedación.

El útero y el bebé, a salvo

Por primera vez en la historia se salvó a una bebé cuya madre, en la semana 20 de gestación, tuvo un grave sangrado de útero. La proeza –conocida esta semana a través de una nota del diario La Nación– fue realizada en Buenos Aires por un grupo del Cemic, encabezado por José Palacios Jaraquemada, jefe de la Unidad de Acretismo Placentario, y Gustavo Leguizamón, jefe de la Unidad de Embarazo de Alto Riesgo.

“Decidimos intentar este procedimiento, que era lo único que podía salvar al bebé. Buscamos cerrar el orificio de la placenta en ese lugar y, sobre eso, colocar una malla, y que el útero durara varias semanas más”, le indicó Leguizamón a PERFIL. Nunca antes se había intentado algo así en el mundo. Leguizamón agregó que, pese a que no se trata de una afección frecuente la sufrida por Silvina Franzin, “en obstetricia a veces tenemos situaciones inesperadas”.

Y las nuevas herramientas con las que cuentan los médicos más el avance en el conocimiento, permiten ensayar nuevos procedimientos.

Edición Impresa

Domingo 27 de Enero de 2008
Año II Nº 0229
Buenos Aires, Argentina