
El registro de La doctrina del shock dista de lo académico: claramente, no es un libro escrito por un filósofo, ni un cientista social, ni un teórico, sino por una periodista pero con un extremo conocimiento de lo que habla. Los fragmentos dedicados al pensamiento de la Escuela de Chicago y a figuras como Friedrich von Hayek, Ludwig von Mises o el propio Friedman destilan conocimiento sobre el tema.
La extensión del libro no quiere decir complejidad o pesadez, la coherencia del planteo a lo largo de las 708 páginas puede delimitarse a una hipótesis más que sugerente y digna de ser diseccionada con nitidez: la dependencia intrínseca entre el libre mercado y el poder del shock. Lo que Naomi Klein básicamente se pregunta es sobre la lógica subyacente al esquema capitalista de mercado; su respuesta, en este sentido, es contundente: la doctrina del shock. Shock en todos los ámbitos. La idea misma de shock está ligada a la lógica mercantil liberal que Klein pone en escena. En este aspecto, la doctrina del shock va de la mano con la doctrina de la Escuela de Chicago –a su vez heredera de la Escuela de Viena.
Esta alianza conceptual entre shock, capitalismo y tortura tiene en el 11 de septiembre de 2001 un momento bisagra que Klein pone en escena con lucidez: “La doctrina del shock reproduce este proceso paso a paso, en su intento de lograr a escala masiva lo que la tortura obtiene de un individuo en la sala de interrogatorios. El ejemplo más claro fue el shock del 11 de septiembre, día en el cual para millones de personas el “mundo que les era familiar” estalló en mil pedazos, y dio paso a un período de profunda desorientación y regresión que la administración Bush supo explotar con pericia (…) Así funciona la doctrina del shock: el desastre original –llámese golpe, ataque terrorista, colapso de mercado, guerra, tsunami o huracán– lleva a la población de un país a un estado de shock colectivo”.
De algún modo, todo el libro de Klein oscila entre esta analogía permanente entre el cuerpo del individuo y el cuerpo social, el cuerpo del individuo sometido a torturas (que Klein describe con sordidez) y el cuerpo social receptor de shocks naturales o económicos. Ambos cuerpos revelan que el shock es la condición de posibilidad para la aplicación de la lógica y la economía de libre mercado; economía, por cierto, que Klein vincula más con cierto corporativismo que con el liberalismo clásico. El foco de la crítica reside en la figura de Friedman y no en la de Adam Smith.
Klein pasa revista a los diferentes shocks acaecidos en las últimas décadas, con especial énfasis en el caso argentino post-hiperinflacionario (un shock más que evidente) que posibilitó la aplicación de la receta de Menem-Cavallo vía el 1 a 1 y la virtual dolarización de la economía; también señala la debacle del 19 y 20 de diciembre de 2001, la caída de De la Rúa y la emergencia de diferentes alternativas políticas de participación directa (asambleas) en la que la propia autora estuvo involucrada como un caso significativo.
Más allá de los juicios al respecto de los shocks que Klein describe y las diferentes respuestas que da (sus miradas que pueden ser puestas en tela de juicio), lo valorable de la aparición de un libro así es el cuestionamiento o la deconstrucción de un engranaje que no se pone en duda desde casi ningún sector (y con fortaleza argumentativa); el engranaje es la naturaleza misma del mercado libre. De alguna manera, estamos viviendo la naturalización de un efecto o una construcción socio-económica que se toma como inalterable o imposible de ser revisada. El aporte de Klein, en este aspecto, es absolutamente destacado (más allá de su resultado) como un gesto intelectual superior. El aparato conceptual desde el cual Naomi Klein encara la realidad es eminentemente de raíz marxista, pero un marxismo revisitado a través de los planteos de Toni Negri y Michael Hardt (Imperio, Multitud). En este aspecto, podemos situar a La doctrina del shock en esta línea teórica que, partiendo de Marx y Engels, obtiene a través de Negri y Hardt su actualización contemporánea. Quizá luego de determinados años veamos en este corpus de nuevos textos de una izquierda renovada a La doctrina del shock como un instante nada evanescente sino presente y digno de ser citado.