
La polémica se desató esta semana, cuando el flamante ministro de Salud porteño, Jorge Lemus, expresó que los hospitales de la Ciudad deberían dar prioridad en la atención a aquellos que residen en sus fronteras por sobre los vecinos bonaerenses o los pacientes del exterior.
Casi al instante y con una gimnasia poco habitual, desde el Gobierno de Scioli salieron al cruce de Lemus y de Macri.
El flamante jefe de Gabinete bonaerense, Alberto Pérez, tildó de “infantil” y “xenofóbico” el plan que prevé privilegios para porteños en el sistema de salud. “Incluso significa desobedecer a la Constitución”, dijo a PERFIL Pérez en referencia a que tanto la Constitución Nacional, como la de la Ciudad obligan a atender a cualquier paciente sin importar su origen. Además, criticó a algunos legisladores macristas por tener un “pensamiento primario”.
El problema de fondo. De todos modos, fuentes cercanas a Macri sostienen que la decisión de Lemus tiene que ver con que los ciudadanos porteños son los que mantienen el sistema de salud con los impuestos por lo que deberían tener privilegio sobre extranjeros o personas del interior a la hora de recibir turnos. “Aparte, nosotros contamos con encuestas y sabemos que casi con unanimidad los vecinos piden que los extranjeros paguen”, se justifican fuentes de la Jefatura de Gabinete.
Si bien todavía no está claro cuándo empezaría a funcionar esta nueva modalidad de “administrar pacientes” (implica consultar la procedencia de los que se quieren atender), desde el Ministerio de Salud confirmaron que no afectará a las “salas de emergencias” y sólo funcionará a la hora de pedir turnos. La idea es que en los próximos meses se implemente este proyecto.
De fondo. En el gabinete de Scioli creen que el problema es, en el fondo, más político que sanitario. Aseguran que se trata de un mensaje de Macri para “marcar el territorio” en los medios sobre un tema que le preocupa: ¿qué hacer con la basura que genera la Ciudad?
Todos los días, la Provincia de Buenos Aires recibe cinco mil toneladas de chatarra que llega desde la Capital, y como cada vez hay menos espacio en el Conurbano, Scioli planea triplicar el valor que la Provincia le cobra por tonelada a Macri. “En el fondo, todo esto es una amenaza de Mauricio. Si subimos el canon, ellos nos hacen colapsar el sistema de salud bonaerense”, dicen en el seno del sciolismo y aclaran: “Ellos nos mandan miles de toneladas de basura por día que contaminan y nos enferman pero no nos quieren atender en sus hospitales: es ridículo”.
Para el macrismo, el problema es otro: “Se calcula que más de la mitad de los pacientes que reciben los hospitales porteños provienen del interior del país y del exterior”, dicen desde el Ministerio de Salud. Un caso testigo podría ser el rubro odontología. De las 18.359 personas que se atendieron en 2005 en los hospitales de la Ciudad, 9.466 llegaron desde Capital y 8.893 del interior. Es decir que el 49% de los que se atendieron no fueron porteños. El fenómeno se repite en otras especialidades.
Ese porcentaje es aún mayor en los grandes centros de atención que lindan con el Conurbano, como el Hospital Santojanni, el Hospital Piñero o el Cosme Argerich, donde cerca del 70% de las consultas no son realizadas por ciudadanos que residen en la Ciudad, según fuentes del Ministerio de Salud.
A pesar del cruce de acusaciones, en las altas esferas del macrismo no dejan de repetir, como lema de campaña, la misma frase: “Con la salud no se juega”.