El ex ministro de Salud siempre confesó que heredó el carácter de su madre, Sarita García, y si a alguno le quedan dudas es porque nunca se cruzaron con la mamá de Ginés González García. Invitada de honor junto con Marta –la madrina del futuro embajador–, la dama concentró toda la atención con sus 91 años intactos en la recepción que Rafael Estrella organizó en su residencia para otorgar al sanitarista la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica. Desde uno de los sillones en el que se acomodó minutos antes de la llegada de su hijo, Sarita no se privó de probar bocados bajo la atenta mirada de su nieta. Pero si algunos moderaban su dieta, nadie pudo frenarla cuando arrancó con la ola de comentarios. Y las risas de sus interlocutores sólo encontraron comparación en las gesticulaciones de un resignado Ginés que se tomaba la cabeza temeroso del protagonismo que podía tener en aquellas palabras. Fue precisamente su compañera de gabinete Alicia Kirchner una de las que más afectuosamente la saludó y se deleitó durante largos minutos con sus historias. Aun así, cuando llegó el momento de la consagración de su hijo, Sarita insistió en ponerse de pie, desenfundó su legendario carácter y se enojó con quienes le impedían llegar a la primera fila. Si hasta el embajador español recibió su reprimenda al mencionar al homenajeado sólo por su nombre de pila y primer apellido en su discurso. “García”, agregó Sarita en voz alta y sorteando el protocolo, no fuera cosa que el apellido materno estuviera ausente en la condecoración que, emocionada, añora guardar en su casa.
Otro que se contagió del momento descontracturado que tomó forma en la residencia española fue Carlos Tomada. Tan alegre estaba el ministro de Trabajo que, ante un grupo de funcionarios de Salud, se animó a esbozar su propia teoría sobre los contrastes evidentes en la profundización del cambio: “Saben cuál es la diferencia entre un hombre presidente (léase Néstor K) y una mujer presidenta (léase Cristina K). Yo lo descubrí hoy. ¿Saben a qué hora me citó en Olivos? A las 8.30, me re c... Fui, me senté y se lo dije: ‘Ahora ya sé cuál es la diferencia entre vos y tu marido, él jamás me hubiera llamado a esta hora’”.
En vísperas de fin de año, los miembros del gabinete PRO tendrán un motivo extra para brindar. Porque las promesas del tan temido ajuste que Macri se propone realizar en la administración pública no sólo no alcanzarán sus bolsillos sino que, incluso, el gabinete PRO logró un porcentaje de aumento en sus sueldos para sortear así los avatares de la inflación navideña. Según el decreto 2.075/ 07, que lleva la firma de Macri, Rodríguez Larreta, Grindetti, Montenegro, Lemus, Narodowski, Chain, Lombardi, Bullrich, Cabrera y Piccardo, jefe y vicejefe porteño ganan 25 mil pesos –sus predecesores percibían 21.600 y 19.200–; igual monto recibirán el jefe de ministros, los ministros y el secretario general, quienes en la época Telerman ganaban una cifra cercana a los 17 mil pesos.
Ya nadie puede negar que María del Carmen “Manola” Rico lleva el peronismo en la piel. La diputada estrenó en su hombro derecho un tatuaje de una nomeolvides, flor símbolo de la resistencia justicialista. Tal como recuerdan los viejos militantes, durante los años de proscripción del PJ, sus fieles solían vestir prendedores con esa flor como señal de reafirmación partidaria. Y hasta Arturo Jauretche escribió por aquellos años su Canción del no me olvides.
Sergio Nunes, gran maestre de la masonería argentina, celebraba la visita de la delegación americana. Poco importaba que esa misma noche, EE.UU. y Argentina atravesaran un momento de cierta distancia diplomática por el affaire del valijero. El tema que convocaba en esta ocasión en el Salón Dorado de Parque Norte era bien distinto: la gala de conmemoración del 150º aniversario de la creación de la Gran Logia de la Argentina de Libres y Aceptados Masones. Cerca de 1.300 personas, miembros y no de la logia, compartieron jugoso bife de carne, buen vino y algunas reflexiones. Apenas 24 horas antes habían compartido una misa en la Catedral Metropolitana en homenaje a José de San Martín. Jueces, miembros de las Fuerzas Armadas y segundas líneas de los tres poderes se mezclaban con personajes tan disímiles como el socialista Ariel Basteiro, Vicente Massot o el ex diputado cavallista Alfredo Castañón. Hubo show de tango pero la ausencia de mujeres no dejó lugar al baile.
Aunque maltrata la pelota, a pesar de sus prácticas, Ignacio Gutiérrez Zaldívar insiste con el golf y por iniciativa suya y de su hotel El Casco se realizó en Bariloche el primer torneo del Jockey Club fuera de sus canchas de San Isidro. Fue en Arelauquen, con cerca de 120 jugadores no tan atraídos por el buen clima como por las catas con vinos y la comida gourmet. Si bien los mejores resultados fueron diez golpes sobre el par –muchos se excusaron por el fuerte viento– hubo premios para todos y exquisiteces de ocasión: tartín de tomates, ravioles con hongos del bosque y flan de naranjas con arándanos. Muy comentada fue la presencia del texano Tom Hicks y de otro millonario dueño de conocida cadena de hoteles interesado en desarrollar otro con cancha de golf sobre el lago Moreno.
Nutrida y variada concurrencia en el desayuno de Poliarquía Consultores: desde Marcos Aguinis hasta Fernando Braga Menéndez pasando por Santiago del Sel, Ernesto Kritz, Ricardo Gil Lavedra, Santiago Corcuera, Margarita Stolbizer, Francisco Mezzadri, Roberto Durrieu (h), Guillermo Murchinson, el diputado Jorge Landau quien ya está trabajando en los proyectos de reformas institucionales que ha prometido Cristina, la diputada PRO Marta Varela y los diplomáticos ibéricos Carmen Bujan y Leonardo Marcos González que intentaban retomar su vida normal después de la visita del príncipe Felipe que los mantuvo en vilo durante cuatro días. Desde sus respectivas mesas siguieron con atención la presentación sobre imagen del matrimonio presidencial que daba Alejandro Catterberg, uno de los cinco socios de la consultora. Aunque ella comienza con imagen positiva muy inferior a la del inicio de Néstor Kirchner, todavía es muy pronto para saber cómo evolucionará. En los diversos escenarios que se presentaron hubo hipótesis para todos los gustos. Aunque quedó claro que Cristina deberá trabajar mucho para fortalecer su imagen positiva que no es sólo un buen vestuario, como comentaron varios concurrentes. Al final, las mayoría de las preguntas apuntaron al posible impacto de la inflación en el nuevo Gobierno.
No bien asumió Macri, se armó una mesa de diálogo entre legisladores porteños y dirigentes españoles que intercambiaron proyectos y experiencias. Fue en un conocido restó de Palermo Hollywood donde compartieron carnes y vinos argentinos Oscar Moscariello, Enrique Olivera, Guillermo Smith, Pablo Garzonio, Andy Rivas y la ex vicealcaldesa madrileña Mercedes de la Merced, que llegó acompañada por otros funcionarios ibéricos. Algo molesta por la ley de aire puro, la española se cansó de caminar hasta la calle para encender un cigarrillo detrás de otro: “Las leyes son para cumplir”, disparó risueña.
La Academia Nacional de Gastronomía celebró su última cena 2007 en en la cantina El Obrero. Lejos de los locales ambientados para el turismo, este restaurante italiano está a punto de cumplir cien años y su dueña actual, nieta de los fundadores, se sigue encargando personalmente de atender cada mesa. La principal estuvo encabezada por María Podestá, presidenta de la Academia. Estaban además Nacho Gutiérrez Zaldívar, presidente honorario; Enrique Larreta, recién llegado de París; Javier Negri; Silvia Sanguinetti, hermana del ex presidente uruguayo; Enrique Mallea, nieto del escritor; el bodeguero Carlos Pulenta; Jorge Pereyra de Olazábal, y Alejandro Roemmers, que prometió una futura comida en su estancia en San Martín de los Andes.
En el primer piso del Sheraton, la nieta de Julio Grondona celebraba su fiesta de 15 años. Eran casi la cuatro de la mañana del sábado y muchos de los más jóvenes salían del salón para pasear o reposar en la antesala del mismo o bajar por las escaleras al lobby. En medio de ese bullicio llegó Hugo Chávez, invitado para la asunción presidencial. Curioso por naturaleza y aún con todos los medios de prensa que allí lo esperaban, preguntó qué pasaba en el primer piso. Cuando se enteró, no lo dudó, subió y se dejó fotografiar con muchos de los invitados, los más jóvenes y otros no tanto, pero que enterados de su presencia dejaron la pista de baile y sus asientos movidos por la curiosidad.
Cada semana sucede lo mismo en la Legislatura porteña: pese a que las sesiones suelen ser convocadas a media tarde, no comienzan hasta que anochece. Por eso, algunos asesores y hombres de prensa suelen refugiarse durante la eterna espera en las cafeterías y bares vecinos para improvisar un merienda sólida o incluso la cena. Pero en la última sesión previa a la asunción de Macri, quienes se dirigieron a la confitería ubicada detrás del Cabildo para buscar alguna vianda no encontraron ni pan duro. La explicación que recibieron fue sorprendente: minutos antes había llegado un pedido desde el palacio comunal por 1.500 empanadas y decenas de pizzas, y los cocineros del lugar no daban abasto para hacer repulgues. Aunque no se pudo confirmar quién fue el autor de semejante comanda, durante la noche se vio a varios diputados de bloques variados disfrutando del delivery en los pasillos.
Ya eran muchos en la Legislatura pero ahora, que incluso el Ejecutivo está bajo control del macrismo, se los ve por todos lados. Las mujeres del edificio comunal, hablan de un nuevo look porteño, una suerte de yuppie versión Creer y crecer: mucho pantalón de gabardina, camisa rosa, cuenta ganado, pelo prolijo, cama solar y gimnasio. No tanto traje, y los que sí lo lucen se animan incluso a combinarlo hasta con calzado deportivo.
Pequeñas exquisiteces y un pernil de ternera cuya demanda ocasionó larga cola colmaron expectativas gastronómicas de los invitados en el variopinto cóctel de fin de año organizado por ADE. Sin Julio Werthein, hubo otras presencias –inesperadas algunas– que lograron disimular el faltazo del incondicional empresario. Fue el caso de Matilde Menéndez, quien, con poderoso escote y firmes piernas, cautivó a la tribuna de veteranos que se olvidaron por un momento de viejos escándalos en el PAMI. No tan comentada fue la visita de Carlos Grosso, aunque sí los detalles de su actual vida: “Hoy no tiene un mango”, murmuró una voz con tono cómplice pero revelador. A pocos metros, Mariano Caucino y Gastón O’Donnell entregaban reconocimientos a Aníbal “Toti” Leguizamón y Jorge Enríquez como ex diputados, y Charly Araujo se emocionaba por el alejamiento de su amigo legislador; Juan Carlos Blumberg sonreía después de mucho tiempo.
Sin auto oficial, acompañado por Malala Groba en sobrio vestido azul y haciendo caso omiso al green touch sugerido, Mauricio Macri escogió la gala de la Fundación Fernández para su debut oficial como jefe de Gobierno. Y supo arribar con el timing perfecto para ingresar en el Grand Salon del Four Seasons sólo después que todos los invitados se hubieran acomodado y minutos antes que la Camerata Bariloche iniciara su concierto benéfico. Entre los primeros en acercarse, se posicionó Jorge Lemus, flamante ministro sanitario y ex director del hospital. Pero el desfile de saludos continuó en el cóctel posterior en La Mansión, donde se vio a un animado Juan Carlos Bagó bailando con un pañuelo prestado al ritmo de un coro de niños.
Viernes 7 pm. Estación de servicio de Lima y 9 de Julio. Frente a uno de los surtidores se detiene un Peugeot 307 gris metalizado. Nada extraño. Pero al bajarse la ventanilla aparece el rostro de Alberto Fernández. “Lleno”, dice el jefe de Gabinete y sigue conversando con su acompañante, Vilma Ibarra. Completado el abastecimiento, el auto parte rumbo a la zona sur ante la sorpresa de quienes creían que esa pareja estaba disuelta.
“¿Sabe lo que decía el General de los peronistas del Jockey? Que eran la rama elegante del movimiento”, comentó Roberto Bosca en la presentación de su libro Política y religión en el tradicional club. Pero su apelación histórica no bastó para que algún peronista de viejo cuño se presentara en el convite. Sí, en cambio, se los vio a Juan Archibaldo Lanús y al radical Miguel Angel Espeche Gil, a Norma Morandini y al general (Re) Raúl Romero, comandante del regimiento de Santa Cruz en el apogeo K. Uno que supo aprovechar la ocasión fue José María Poirier: distribuyó ejemplares de su revista religiosa con la portada “¿A dónde va el cristianismo?”. Con ejemplar en mano, Sergio Bergman que acercó al autor junto con un ruego “Si encontrás una que diga dónde va el judaísmo, avisame, yo sigo buscando.”