A pesar de que, con un día de práctica, casi cualquiera puede aprender a mantenerse en pie y deslizarse sobre el hielo, para dominar los patines a nivel profesional hay que transitar un largo camino, muchas veces plagado de caídas y frustraciones. “Es un proceso doloroso, en todos los sentidos”, dice entre risas Víctor Ehre, quien representó a Troy en la versión sobre patines de High School Musical, espectáculo que se presentó en La Rural de Buenos Aires durante octubre, después de pasar por Santiago de Chile y Córdoba con igual éxito que la película que lo inspiró. Como muchos otros en los Estados Unidos, él comenzó a patinar a los 4 años, jugando hockey sobre hielo, y participó de varios torneos internacionales antes de incursionar en el mundo del espectáculo. A pesar de los golpes, Víctor asegura que cualquiera puede dominar los patines; el secreto, revela, es lograr el equilibrio. Para aprender, recomienda la escuela de Buffalo, en Nueva York, aunque asegura que también hay muy buenas academias en Japón, Suecia y Canadá. Si las ambiciones sólo alcanzan para pasar un buen rato sobre el hielo, Víctor recuerda su paso por los lagos congelados de Viena: “alrededor de muchos parques hay arroyos, el paisaje de los bosques nevados es realmente impactante”. Aunque si debe elegir un solo lugar es sin duda frente al City Hall, el lugar más popular de la ciudad.
Para Gladys Orozco (Gabriella en HSM The Tour Ice), en cambio, tanto las mejores pistas como las más recomendables academias están en Rusia, cuna de varios campeones olímpicos, y en Suecia. “En general, todos los países nórdicos son ideales, porque en invierno se puede patinar en casi cualquier lado”, se entusiasma. En Moscú, la parada obligada es el Gorky Park, escenario en febrero del Festival Anual de Esculturas de Hielo, mientras que en Estocolmo las opciones son casi infinitas: lagos y cursos de agua se congelan a partir de noviembre y la ciudad se transforma en un paraíso para los patinadores. Tanto Gladys como Víctor fueron competidores profesionales antes de pasarse al entretenimiento y, como tales, participaron de mundiales, olimpíadas e incontables torneos. Los mejores shows, coinciden, son los que se presentan en las Olimpíadas. Las próximas serán en Vancouver, Canadá, pero habrá que esperar hasta 2010 para disfrutarlas. Antes, sin embargo, estará el Gran Prix, el más prestigioso de los torneos amateur, que se realiza todos los años entre octubre y diciembre y consta de seis campeonatos con sedes en los Estados Unidos, Canadá, Alemania, Francia, Rusia y Japón, todos ellos países que han generado varios campeones mundiales. Y hablando de patinaje, es imposible obviar el Rockefeller Center en el centro de Manhattan, escenario de tantos romances cinematográficos. Sin necesidad de pagar una entrada, cada parque de Nueva York es una potencial pista, disfrutada por miles de turistas y neoyorquinos que se pasean por las calles con sus patines a cuestas.
Ser patinadores tiene su precio
Aunque los patines nacionales cuesten $ 500 –bastante menos que los importados–, el patinaje sobre hielo está de moda en Buenos Aires. “A partir de Patinando por un Sueño, estamos recibiendo varios pedidos de pistas desde el interior”, confirma Ricardo Doxandabart, presidente de la Asociación de Escuelas de Patinaje Artístico. El romance entre Buenos Aires y los patines tiene una larga historia. La primera pista se inauguró en 1910, nada menos que en el Palais de Glace. Hoy, las pistas en la ciudad son My Way, en Cabildo 20, Colegiales; The Ice Planet, con una sucursal en el Partido de Avellaneda (avenida Hipólito Yrigoyen al 1400) y otra en Rivadavia al 7000, a sólo unas pocas cuadras de Alpina Skate; Winter, en Yerbal al 1600, Caballito, y una más en el Shopping Devoto (Quevedo y José Pedro Varela). Doxandabart impulsa el proyecto de inaugurar una nueva pista en 2008 en Parque Sarmiento, aunque confiesa que será imprescindible la colaboración de la Secretaría de Deportes.