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| Jorge Fontevecchia | |
De la Rúa tuvo dos ministros mujeres: Graciela Fernández Meijide en Acción Social y Patricia Bullrich en Trabajo; otros tres presidentes, sólo una: Graciela Giannetassio en Educación con Duhalde, Susana Decibe en la misma cartera con Menem, y Susana Ruiz Cerutti en Relaciones Exteriores con Alfonsín. Néstor Kirchner es el Presidente que más mujeres ha tenido en su gabinete; tres simultáneamente: su hermana Alicia en Acción Social, Nilda Garré en Defensa, y Felisa Miceli en Economía. Quizá este hecho explique mejor que la novela de espías que concluyó con la destitución del jefe de Inteligencia del Ejército, general Osvaldo Montero, por qué Aníbal Fernández no reemplazó como ministro de Defensa a Nilda Garré; incluso, la designación de Graciela Ocaña como ministra de Salud. No podría una Presidenta tener menos ministros mujeres que un Presidente. Siguen Alicia Kirchner y Garré, y Ocaña cubre el cupo femenino dejado vacante por Felisa Miceli tras el escándalo de la bolsa con dinero en su baño (ver reportaje de Nelson Castro en página 6).
Pero el escándalo de esta semana es la interna del Gobierno entre Nilda Garré y su candidato a reemplazarla hasta antes de que se confirmara el nuevo gabinete, Aníbal Fernández. Un caso que resultaría cómico si fuera una obra de ficción titulada “El espía espiado”. Fueron grabadas las conversaciones del jefe de Inteligencia del Ejército –hechas por un celular que le habría dado la SIDE para comunicarse sin ser escuchado– con la mano derecha de Aníbal Fernández: Verónica Fernández Sagari, otra mujer, directora de Inteligencia Criminal del Ministerio del Interior, donde constaría que el militar “conspiraba” contra Garré para impedir que fuera confirmada en su cargo y “operaba políticamente” para que en su reemplazo fuera designado Aníbal Fernández. La mismísima SIDE le habría entregado a Garré un CD con las críticas de su dependiente, y ella dispuso su relevo (ver página 7).
Se completa la trama con las versiones ya adelantadas por PERFIL en ediciones anteriores sobre el futuro relevo del jefe del Ejército, teniente general Roberto Bendini, de quien también la ministra Garré desconfiaría desde hace tiempo y con quien sólo se comunicaría a través de memorándums porque la relación entre ambos sería nula. Es tranquilizador que la Argentina no enfrente ninguna hipótesis de conflicto militar.

También Nilda Garré se caracteriza por conjugar belleza e inteligencia y salirse del molde machista en el que, seguro, cayeron prisioneros los militares que subestimaron su capacidad de operaciones, el juez Tiscornia cuando quiso procesarla, y Aníbal Fernández si fuera exacto que aspiró a sustituirla. Garré se recibió de abogada a los 22 años, cinco después fue la diputada más joven del país cuando en 1973 asumió Héctor Cámpora, y fue una de pocas mujeres que acompañó a Perón en su viaje de regreso a la Argentina. Como Cristina, tiene un matrimonio político: con Juan Manuel Abal Medina (hermano de Fernando Abal Medina, el fundador de la guerrilla peronista que asesinó al general Aramburu). Con su marido –de quien luego se separaría– se exilió en México durante la última dictadura, y tras la vuelta de la democracia fue electa diputada por el Frepaso en 1995, reelecta en 1999 y nuevamente reelecta en 2001; en los dos últimos casos, por la Alianza, gobierno del cual fue la número dos del Ministerio de Interior, pero renunció cuando De la Rúa nombró a López Murphy en Economía. Kirchner la hizo embajadora en Venezuela en junio de 2005 y ministra de Defensa en diciembre del mismo año.