En el municipio de Jávea, en la Comunidad Valenciana, la sonrisa de David Ferrer brilló más que todas en 1999 cuando el Barcelona del holandés Louis van Gaal venció al Alavés y se coronó campeón de la Liga española. Los ojos del joven, que en ese entonces tenía 17 años, brillaron de la misma forma que lo hicieron ayer, cuando alcanzó la final del Masters de Shanghai y tomó conciencia de que aquella duda sobre si seguir o no con el tenis, si agarrar la raqueta o continuar como obrero de la construcción, tuvo la resolución exacta.
El hombre que enfrentará a Roger Federer es un hincha fanático del equipo culé, y dejó atrás cuestionamientos interiores para triunfar como tenista, aunque ello implicara estar lejos del club de sus amores.
Mientras Patrick Kluivert, Luis Figo y Rivaldo eran las figuras del Barça, Ferrer, que juega “en la misma posición que Laudrup”, según declaró alguna vez, había perdido el interés por el tenis. Javier Piles –el mismo entrenador que hoy conserva– había llegado a tomar medidas límites porque David llegaba todas las mañanas a practicar en su moto, pero lo hacía sin ganas.
“Cuando no quería trabajar, lo encerraba en un cuarto oscuro de dos por dos y trababa la puerta. Era en la habitación donde guardábamos las pelotitas. Le decía que su horario era de 9 a 12 y que si no quería entrenar, debería permanecer castigado. Le daba pan y una botella de agua por una ventana”, detalló un Piles que, en la actualidad, abandonó la “mano dura”.
Sus métodos no tuvieron efecto. Ferrer decidió dejar el tenis, pero como necesitaba plata para divertirse con sus amigos, se consiguió un trabajo como albañil. Tras una semana de cargar ladrillos en una carretilla y cobrar 30 euros, llamó a su entrenador para avisarle que volvía a las prácticas.
Con la raqueta es mejor. El tenis formaba parte del universo personal de David. Su padre había sido jugador y su hermano mayor, Javier, había intentado dedicarse a la profesión, pero no pudo adaptarse al circuito. Hoy es entrenador.
En el año 2000, Ferru –apodo que se ganó por su tenacidad “de fierro”– se transformó en profesional y creció bajo la sombra de Rafael Nadal. Hoy es el quinto español en jugar una final del Masters y quiere convertirse en el primer hombre en quedarse con el trofeo en su primera participación, desde que su compatriota Alex Corretja lo consiguiera en 1998. Ni Pete Sampras ni Federer ganaron en su debut.
En lo que va de su carrera, ganó cinco títulos: Bucarest 2002, Stuttgart 2006 y Auckland, Bastad y Tokio este año. Para quedarse con sus dos primeros torneos, superó en la final a un argentino: José Acasuso.
Al Masters llegó en silencio y ganó todos los partidos que jugó. Con 25 años, está escribiendo las últimas líneas de su mejor temporada. El propio Federer lo elogió de cara a la final: “David está siendo el mejor del torneo”, expresó.
“Federer es como Zidane, porque hace fácil lo imposible”, comparó Ferrer, que tiene como ídolo a Pep Guardiola y que también es simpatizante del Valencia, equipo de la ciudad donde vive.
David no sabe si va a ganar, pero seguramente nunca estuvo tan preparado para hacerlo. En todo caso, podrá volver a España a alentar al Barcelona, que está a cuatro puntos del líder, Real Madrid.