
Anclado en su casa-estudio de Florida, y a punto de cumplir cincuenta años, este prolífico compositor se propuso internacionalizar su figura hasta, quizás, “desembarcar en Hollywood”. Un proyecto ambicioso respaldado por su extensa trayectoria en la escena local.
Electrónico y popular. Fue el rebelde espíritu del rock setentista el que le abrió las puertas a la escena musical. Detrás de los teclados, formó parte de Horizonte, una banda que se codeó con ahora legendarios, como León Gieco y Serú Giran. Pero sus aspiraciones eran mucho menos “acústicas” que la mayoría de los grupos de la época. “Yo siempre fui un enfermo de la tecnología, y mi búsqueda iba por ese lado”, cuenta.
Con maestros como Gerardo Gandini, estudió música contemporánea aunque por entonces su quehacer laboral era muy distinto. “En 1980, inicié una gira de cinco meses junto a Antonio Prieto por todo Chile, y después me embarqué seis meses y medio con Los Cinco Latinos por Europa y el Caribe”, señala. Esa etapa representó para él un gran aprendizaje. “He hecho de todo: desde experimentos con música electrónica hasta grabar los tres primeros discos de Rodrigo y salir a tocar con Loco Mía por América latina”, relata. Para él, la clave para salir airoso de ese eclecticismo es “plantearse el trabajo con respeto, nutrirse de la situación y no mimetizarse con la estética del artista en cuestión”.
Desde ese lugar, se muestra crítico con las posturas que por puro prejuicio, no permiten la evolución artística. “Un músico debe ir mucho más allá de un momento histórico, de una geografía. Debe entender la fenomenología sonora como un todo, y a partir de ahí puede decidir qué quiere hacer y hasta dónde quiere llegar. En el ’82, me pude comprar mi primer sintetizador y tres años después, pude acceder a una computadora. En ese sentido fui una especie de pionero.”
Una de las primeras cortinas que recuerda haber realizado fue para un programa de Canal 13, El mono que piensa. Por entonces, se utilizaban grabaciones ajenas para identificar los programas. Por eso, la inclusión de un tema compuesto especialmente para la apertura marcó un punto de inflexión en la televisión argentina.
Poco tiempo después, lo llamó Carlos Avila para pedirle que armara algo para un resumen deportivo que estaba por sacar al aire: Fútbol de primera, ciclo que musicalizó durante 16 años.