
El tema de la obra del director Padilha es la guerra cotidiana que la policía de Río de Janeiro libra contra los narcotraficantes camuflados en las favelas de esa ciudad. Más específicamente el Batallón de Operaciones Policiales Especiales (BOPE), la tropa de elite del título. El tráfico de drogas, el nervio más expuesto de un país en desorden y rehén del miedo, es un tema común en la cinematografía nacional reciente. La diferencia es que este film lo aborda poniendo los puntos sobre las íes. Los delincuenstes son delincuentes y no “víctimas de la cuestión social”. Hay policías corruptos, pero también hay muchos que son honestos. Si existen los traficantes de marihuana y de cocaína es porque hay millones de consumidores que los bancan. Muchos de esos consumidores, además, son aquellos mismos que hacen “marchas por la paz” y que pactan con los delincuentes para abrir ONG en las favelas. Por último, la brutalidad de algunos policías puede ser explicada por el grado de penuria y abandono que el Estado les reserva.
Dichas de manera tan simples, estas verdades parecen de una obviedad ululante. Y lo son. Pero Brasil, lamentablemente, es un país de ideas fuera de lugar por causa de la afección ideológica izquierdista que invierte papeles, transformando a delincuentes en jóvenes buenos y a jóvenes buenos en delincuentes. Aquí, la “cuestión social” es una justificación para robos, asesinatos y toda suerte de delitos y contravenciones, aun cuando estén realizados por bandas especializadas, compuestas por integrantes que nada tienen de pobrecitos.
El policía protafonizado por el actor Moura se ha hecho muy popular, pero eso no significa que la gente vea en un Rambo la solución a un problema tan complejo como la delincuencia. En la opinión del 53%, el capitán es un héroe, pero el 43% rechaza esa idea. Según el director del film, Padilha, “un policía tiene tres opciones en la vida real: o se corrompe, o no hace nada o va a la guerra”. Brasil sólo tiene dos opciones: o derrota a los criminales o es derrotado por ellos. Por la acogida que el film está recibiendo, los brasileños no tienen la menor duda del camino a seguir.
*Dede San Pablo, revista Veja.
Este año, la inseguridad paso a ser el problema nº 1
◆ Se estima que más de 11 millones de personas vieron ya la película en Brasil, la mayoría en copias “truchas”: es un gran negocio para los vendedores ambulantes de las grandes ciudades.
◆ Según la encuestadora Ibope, el público en los cines llegará a 22 millones de personas.
◆ Un sondeo del instituto Vox Populi reveló que al 94% de los asistentes le gustó la película, que el 79% consideró que muestra a la policía tal como es, y que el 53% piensa que el capitán Nascimento, el protagonista del film, es un héroe.
◆ Esa encuesta también reveló que el 85% está de acuerdo con el capitán Nascimento cuando dice que quienes se drogan son los culpables de la existencia de los narcos.
◆ Siempre según esa encuesta de Vox Populi, el 51% de las personas que vieron el film no está de acuerdo con la tortura como método para obtener la confesión de un narco, pero el 47% está de acuerdo. Para el 72%, los traficantes son tratados como se merecen por la policía.
◆ Otro sondeo, de Ipsos, sostiene que en 1997 la delincuencia era la principal preocupación para el 31% de los brasileños, y que ese número saltó al 59% este año, cuando se convirtió en la preocupación número 1 del país.
◆ Según el Ministerio de Salud de la Nación, en 1980 Brasil registraba 12 homicidios por cada 100 mil habitantes. Veinticinco años después, en 2005, la situación empeoró notablemente ya que el número subió a 26 muertos cada 100 mil habitantes.
◆ La situación de mayor conflicto es en Río de Janeiro, donde los narcotraficantes se han hecho fuerte en las favelas ubicadas en los morros.
◆ Por orden del presidente Lula, los militares están ayudando a la policía en el combate contra los narcotraficantes en Río de Janeiro.
◆ Dentro de la policía carioca, el cuerpo de elite es el Bope, que es retratado en el filme del director Pinheiro.