
La mamá de Cristina Fernández llevaba en su mano un santo y una foto de la presidenta electa. “¿Rezó?”, le preguntaron. “Sí, recé y también prendí velas”, respondió a PERFIL.
—¿Tiene cábalas?
—No. Soy muy creyente.
La madre de Cristina Kirchner, por lo general, se viste con equipos deportivos y zapatillas. Pero este domingo esa vestimenta no era la adecuada para la madre de quien disputaba una elección presidencial. Esta vez eligió un conjunto de pollera, blazer con ribetes del mismo género que la falda y zapatos de vestir. Su buen humor se reflejó en el trato con los medios, de los que habitualmente prefiere mantenerse a distancia.
“Yo no entiendo por qué me cambiaron el lugar del voto”, dijo la suegra del Presidente. “Toda mi vida voté en un colegio que queda a cuatro cuadras de mi casa, en la escuela técnica de 7 y 526”.
Eran las nueve de la mañana, pero su mesa –la 5428– no estaba constituida. Por lo que debió regresar veinte minutos más tarde. “Carla, yo no tengo problema de hacer la fila”, le dijo a su asistente una vez que estuvo dentro de la escuela. Sin embargo, no tuvo que esperar en la fila. Obviamente, Ofelia tenía su voto definido y aunque no había llevado la boleta preparada. Permaneció tan sólo quince segundos en el cuarto oscuro,
—¿Cómo siente este día?
—Contenta, pero nerviosa.
—¿Alguna vez pensó que Cristina podría llegar a ser presidenta?
—Sí, siempre lo supe.
—Cuando su hija era chica, ¿soñaba con ocupar el sillón de Rivadavia?
—No.
—¿Soñaba con ser bailarina?
—Tampoco (Risas)
—¿Pudo dormir anoche?
—Duermo tranquila todos los días.
¿Cocinar yo?. Una vez que emitió el sufragio, se escuchó una voz que cuestionaba la agilidad con la que Ofelia había accedido al cuarto oscuro: “Tendría que haber hecho la cola, como todos”, dijo viendo en ella más a la madre de Cristina que a una señora de edad. Pero inmediatamente, ciudadanos con algo de sentido común y mucho de caballerosidad opacaron el reclamo mientras, conociendo la pasión futbolera de la dama en cuestión, la alentaban y le decían: “Vamos, Lobo”.
—¿No trajo debajo de remera la camiseta del Gimnasia de La Plata?
—Iba a traer un prendedor con el escudo pero si me impugnaban el voto, me moría.
—Igualmente, un voto menos no hace la diferencia...
—Pero no quiero que sea justamente el mío el que impugnen.
—Con Cristina presidenta, ¿lo único que resta es ver al Lobo campeón?
—... (Risas)
—Si tuviera que elegir: ¿Cristina presidenta o su equipo campeón?
—Eso ni se pregunta.
—¿El Lobo campeón, entonces?
—... (Risas)
—Come en Olivos como todos los domingos, ¿quién cocina?
—Cristina no. Y yo tampoco.
—¿Lo hacen cocinar al Presidente?
—Noooo...
—Ahora que él va a estar desocupado, quizá le va a poder pedir un asado...
—Nunca lo hizo, así que...
La ex líder sindical, con la misma tranquilidad con la que se movió durante el acto eleccionario, se fue con destino a la Quinta de Olivos donde, como estaba previsto, almorzó en familia. Faltaban ocho horas para que el cierre del escrutinio consagrara a su hija presidenta por el 42,56 por ciento de los votos (porcentaje establecido al cierre de esta edición). A esas horas, Ofelia todavía se mostraba serena. Pero dentro suyo, sabía que Cristina sería quien desde diciembre ocupara el sillón de Rivadavia.
Las otras mujeres del círculo K más privado
Esta vez no hubo tirones de pelo ni intemperantes huevazos para la hermana más conocida de Néstor Kirchner. Esta vez, todo se sucedió con la tranquilidad propia de un domingo de elecciones en una ciudad como Río Gallegos. Alicia Kirchner, vestida con un moderno conjunto color gris, llegó a la E.G.B. 39 minutos después de las 16.30 acompañada por su hija, Romina Mercado, y su hermana María Cristina, “Macri” Kirchner, como todos la llaman, es directora del área de Farmacia del Hospital Regional de Río Gallegos. Su marido, Julio César Spitarelli, también es funcionario del gobierno provincial. Juntos tienen además “La gran aventura”, una carnicería.
A diferencia de Alicia, ella sí estaba nerviosa y algo temblorosa. Igualmente, durante unos minutos, pudo disfrutar del anonimato porque recién se dieron cuenta de quién era cuando las cámaras apuntaron hacia ella.
A la hora de votar, Alicia ingresó primero y el trámite cívico duró escasos segundos, mucho menos que lo que tardó en poner el sobre en la urna. Le siguió Macri, quien ya más relajada, salió del cuarto oscuro con una gran sonrisa. En las demás mesas, había demoras porque el padrón era más numeroso que el que incluía la letra K. Por eso, al observar la ligereza con la que las hermanas del Presidente votaron, un par de votantes se quejaron sin razón alguna. A la salida y para sorpresa de Alicia, recibieron muestras de afecto, saludos y hasta hubo quienes la aplaudieron
Mientras tanto, en La Plata, Giselle Fernández, hermana de Cristina, acompañó a su madre Ofelia a la votación y se movió a discresión y con naturalidad. Lo mismo le sucedió a Carla, la asistente personal de Ofelia y quien forma parte de la familia presidencial. Desde temprano, el trío se movió en conjunto y tras la votación se fueron a Olivos, donde esperaron la llegada del Presidente y Cristina para el almuerzo familiar.