
“Básicamente, es raro que la gente sepa de manera precoz que vive con VIH. Se suele enterar tarde”, indicó Mario Pecheny, director de este estudio realizado en el marco del proyecto Actividades de Apoyo para la Prevención y Control del VIH/Sida en Argentina, financiado por el Fondo Mundial de Lucha contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria. ¿Algunas razones de esta demora? “Por un lado, permanece el mito de que ‘a mí no me va a pasar’. Otros, en cambio, saben que pueden tener VIH y prefieren no averiguarlo. Sólo acuden con síntomas”, agregó Pecheny, investigador del Conicet en el Instituto Gino Germani de la UBA.
Tampoco faltan los que rehúyen al sistema de salud “porque les resulta expulsivo; por ejemplo, las travestis o los usuarios de drogas que temen terminar presos”, indicó.
País. El mapa nacional muestra diferencias. En la Región Pampeana, Cuyo y Patagonia hay una detección algo más temprana, en comparación con el territorio porteño y del conurbano bonaerense. “Esto está relacionado por donde empezó la epidemia. Al principio, los primeros casos estaban localizados en la Ciudad de Buenos Aires y sus alrededores y la detección era absolutamente tardía porque, además, había poco que hacer”, indicó el especialista. “Ahora –comparó– es crucial saberlo lo más precozmente posible y así mantener un buen estado de salud, amén de cuidarse y cuidar a los demás.”
Al momento de la encuesta, a fines de 2006, todos los consultados estaban en tratamiento o bajo control. Casi el 80% suponía que la vía de transmisión había sido sexual, un 15% por uso inyectable de drogas y un 5% por transfusión.
Más allá de las sospechas, una tercera parte supo que era seropositivo sin que mediara ningún servicio de consejería. “Es muy preocupante que 3 de cada 10 recibieron un resultado de VIH positivo sin una conversación orientadora a cargo de personas entrenadas”, remarcó Pecheny.
Contención. El diagnóstico de la infección del VIH genera una alta vulnerabilidad emocional. “Por ello nos interesó indagar, como indicador extremo, acerca de alguna tentativa de suicidio”, se describe en el estudio coordinado por Hernán Manzelli (CENEP). ¿Los resultados? El 23% de los encuestados tuvo al menos un intento de quitarse la vida, y dos de cada tres lo hicieron a posteriori del diagnóstico. “De ahí la importancia de apuntalar las redes sociales y afectivas, y de que los mensajes preventivos sostengan que, a pesar de todo, se puede vivir un presente y un futuro, como lo hacen miles de personas en nuestro país”, resaltó Pecheny.
Un 2% de la muestra se enteró a la fuerza, sin que se prestara voluntariamente a realizarse el test. “Este porcentaje, si bien bajo, da cuenta de situaciones de inobservancia de la legislación nacional, que estipula la autorización expresa para realizar el análisis”, destaca la investigación. “Debería avanzarse –concluye– en la universalización del test voluntario con consejería antes y después. Pero lo que previene el VIH no es hacerse muchos tests sino emplear el preservativo y en el caso de los usuarios de drogas inyectables, tratar de interrumpir ese uso o reducir los daños que trae el compartir la jeringa.”