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Doris Lessing

Un Premio Nobel inesperado y merecido

A pesar de que en los ‘60 la Academia Sueca le envió un subordinado para anunciarle que jamás obtendría el Premio Nobel, a la novelista le tocó ser la primera británica en merecerlo y también la de mayor edad: cumplirá 88 años el lunes 22. Su obra sigue siendo tan irritante como entonces. A la luz de las evidencias, fue entonces la Academia la que cambió, no ella.

Por Guillermo Piro

La dama de las letras. Lessing se enteró de la buena noticia al llegar a su casa, después de haber acompañado a su hijo al hospital.

Fernando Savater supo ser un blasfemador eximio. En Perdonadme, ortodoxos, atacaba muchas cosas, pero de todos sus pataleos hay uno que persiste. O mejor dicho: hay uno que es inevitable recordar una vez al año, cada vez que la Academia Sueca se expide y declara quién es el nuevo galardonado. A propósito del otorgamiento del Nobel al escritor británico Patrick White, en 1973, Savater encontraba que el modo en que la gente había reaccionado era, entre otras cosas, aleccionador: en las reuniones, muchos aseguraban poseer un libro suyo en la biblioteca, e incluso haberlo leído. Nadie, decía Savater, nadie decía lo único que es posible decir en esos casos: “No he leído ni una puñetera línea de Patrick White, no me siento especialmente disminuido por eso y no pienso leerlo ni aunque le den un Premio Nobel dos veces por semana”.

Es un comportamiento que ha regido buena parte de mis pensamientos en torno de los últimos Premios Nobel. Recuerdo haberme alegrado cuando se lo otorgaron a Claude Simon, porque es uno de los (pocos) escritores franceses que más admiro, y también cuando, en el 97, recayó en Darío Fo. Salvo esos casos, la entrega del Nobel me tiene sin cuidado: Coetzee, Pamuk... eso estuvo bien. Recuerdo haberme enfurecido cuando se lo dieron a Harold Pinter, en premio por las estúpidas cartas que escribía atacando a George Bush y que publicaban religiosamente en The Guardian. El Nobel tiende a recaer en las “buenas personas”, como si las buenas personas fueran capaces de generar una obra capaz de producir un eco vital. Kertész, Grass, Saramago, Gordimer, tal vez alguna vez hayan sido grandes escritores, pero hoy día no son más que buenas personas, gente con buenas intenciones, que han ocupado gran parte de su tiempo libre a hacerle saber al mundo que ellos pertenecen al bando de los buenos. Releyendo Rayuela, de Julio Cortázar, encuentro esta frase: “Es mucho más fácil hablar de las cosas tristes que de las alegres. Una ley. Perfecto enunciado, verdad profunda. Llevado al plano de la astucia literaria se resuelve en aquello que de los buenos sentimientos nace la mala literatura”. Lo cierto es que un escritor se vuelve perfecto candidato al Nobel cuando ha perdido su astucia transformadora, crítica y provocadora, limitándose a transmitir buenos sentimientos: en fin, mala literatura.

La infalible reacción de Savater, sin embargo, tuvo dos excepciones en que no habría funcionado sin que el proferidor no tuviera, a la larga, que confesar su arrepentimiento: la primera vez con Wislawa Symborska; la segunda, ahora, con Doris Lessing.

No se trata de una escritora que haya perseguido el Premio Nobel con el estúpido ahínco de los bienpensantes, sino de alguien que se ha dedicado a emprender la tarea de escribir con el simple propósito de decir lo que lleva en el corazón. El sitio Ladbrokers publicó esta semana la lista de las preferencias de los apostadores. En primer lugar, aparecía Philip Roth, y en el último, Bob Dylan. Lessing ni siquiera figuraba, tantos años hace que es candidata obligada que los apostadores se habían olvidado de ella. Pero no los jueces de la Academia Sueca. Una vez más, como si eso tuviera alguna importancia, la Academia describió a Lessing como una “narradora épica de la experiencia femenina que con escepticismo, ardor y un poder visionario ha examinado con minuciosidad a una civilización dividida”.

Doris Lessing nació en 1919 en Persia (actual Irán), de padres británicos, y se crió en Rhodesia, (actual Zimbabwe). Desde 1937 vive en Inglaterra. Es autora de novelas como Canta la hierba (1950), El cuaderno dorado (1962), Historias de Londres (1992). Entre los muchos premios de los que se hizo merecedora, se destacan el Médicis y el Príncipe de Asturias de las Letras. Tal vez la obra más apreciada de Lessing es El cuaderno dorado, en la que relata la experiencia de una escritora de éxito que mantiene un diario personal. Según la Academia Sueca, el movimiento feminista consideró ese libro como un trabajo pionero, y por lo tanto “pertenece al puñado de obras que conformaron la mirada que se tenía en el siglo XX de las relaciones entre hombres y mujeres”, pese a que Lessing siempre quiso distanciarse del movimiento feminista.

Entre sus novelas también destacan Going Home (1957), en la que denuncia la segregación racial en Sudáfrica o La buena terrorista (1985), protagonizada por un grupo de jóvenes revolucionarios de extrema izquierda.

El trabajo de Lessing comprende desde obras de contenido netamente político hasta thrillers psicológicos o novelas de ciencia ficción. Su último libro es La hendidura (2007), una novela de ciencia ficción en la que Lessing imagina lo que sucede cuando aparecen los hombres en un mundo mítico habitado tan sólo por mujeres, que el sello español Lumen editará en 2008.

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POR UNA NOVELA ANTIGUERRA

En diálogo con PERFIL, el argentino Martín Copertari, amigo de Doris Lessing radicado en Madrid, se mostró feliz por la noticia. “Doris venía de acompañar a su hijo al hospital cuando encontró un batallón de periodistas esperándola frente a su casa. No sabía nada”, comentó. Copertari dijo, además, que últimamente “cuando se le hablaba del premio, se inquietaba. Decía que sus amigos que lo habían recibido –Pinter o Pamuk– no habían podido retomar su trabajo, puesto que debían pasar mucho tiempo dando charlas y reportajes”. Copertari adelantó que Lessing acaba de entregar su última obra a su agente: “Quiso escribir una novela antiguerra que llevará el nombre de sus padres. En ella, reinventa la vida de ambos y elimina un acontecimiento determinante en sus vidas: la Primera Guerra Mundial”.

Edición Impresa

Domingo 14 de octubre de 2007
Año II Nº 0200
Buenos Aires, Argentina