
El crecimiento de los fondos reservados supera al promedio de la suba del global del Presupuesto, que se acerca al 16 por ciento. Y es más importante que los aumentos en otras áreas más sensibles, como educación (17,5 por ciento) o salud (26,6 por ciento). En 2008, el Gobierno prevé gastar en inteligencia casi el mismo monto que administrará el Poder Legislativo Nacional. Néstor Kirchner quiere dejarle a su mujer un récord de 627 millones de pesos para la caja negra de los espías, el mayor monto que se haya destinado a ese fin desde que se sancionó la Ley de Inteligencia en 2002.
¿Quién manejará esa chequera? Esta semana volvió a cobrar fuerza entre los hombres del Gobierno –algunos, muy cercanos al Presidente– la posibilidad de que sea Juan Manuel Abal Medina, el ex delegado de Juan Domingo Perón, quien ocupe la Secretaría que hoy está a cargo de Héctor “Chango” Icazuriaga.
Abal Medina es un experto en secretos. Tanto es así que llegó a comandar una fuerza de inteligencia de otro país. Durante los 80, en México, fue jefe de los servicios del PRI durante el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, bajo las órdenes del poderoso ministro del interior azteca, Fernando Gutiérrez Barrios (ver aparte).
Sombra presupuestaria. Los fondos que el Ejecutivo destina a las actividades de Inteligencia están sumidos en la oscuridad absoluta. Con la excusa del “secreto de Estado” ligado a la “seguridad nacional”, esos fondos escapan a los controles habituales que corresponderían al dinero público. Y, gracias a ello, fueron protagonistas de los mayores escándalos de los últimos años. Dos casos, a modo de ejemplos: el ex jefe de la SIDE Hugo Anzorreguy admitió que aportó los billetes que el ex juez federal Juan José Galeano dio a Carlos Telleldín para que incriminara a policías bonaerenses en el atentado a la AMIA. Unos años más tarde, el ex secretario parlamentario del Senado, Mario Pontaquarto, declaró que el dinero que se utilizó para pagar sobornos en la Cámara alta, para la sanción de la reforma laboral, salió de la Secretaría de Inteligencia.
Descontrol inteligente. En 2002, el matrimonio Kirchner denunció una campaña de persecución y desprestigio en su contra, lanzada desde la Side que manejaba el otrora menemista y actual intendente K, Carlos Soria. La entonces senadora por Santa Cruz Cristina Fernández presentó un proyecto de resolución (el Nº 1659/02) “instando al funcionamiento inmediato de la Comisión Bicameral de Fiscalización de los Organismos y Actividades de Inteligencia”. Esa comisión está a cargo de la auditoría de las acciones que se realizan con los fondos secretos. Pero la comisión no controla. Tiene acceso a una muestra contable inferior al 4 por ciento del presupuesto de la Side. Y el resultado de ese examen no es público: queda en manos de quienes ejercen la auditoría. Esa inactividad tiene su correlato presupuestario. Mientras que las partidas para la SIDE crecerán el año que viene un 35 por ciento, los fondos destinados a la Comisión de Fiscalización aumentarán apenas el 6,5 por ciento.
El destino del dinero que maneja ese organismo de control parlamentario también es un misterio. La Justicia Federal tiene bajo la lupa a la Comisión Bicameral en una causa donde se investiga la utilización de facturas falsas para encubrir presuntos delitos.