
Fabián Tablado se casa. La ceremonia, a la que asistirán 50 invitados, será mañana por la tarde en el salón de usos múltiples de la Unidad Penal Nº 36 de Magdalena, donde cumple una condena de 24 años por matar de 113 puñaladas a su novia, Carolina Aló, de 17 años, el 27 de mayo de 1996. En abril de este año fue favorecido con el régimen semiabierto, que contempla condiciones de detención menos rigurosas, por su “conducta 10 ejemplar”. En prisión se ocupa de tareas administrativas y cumple horario de oficina.
“Cuando me ponga la alianza, no me la voy a sacar nunca más”, se ilusiona Tablado. Su novia se llama Roxana y tiene 23 años. Cuando él pasaba todo el día en un pabellón de máxima seguridad en la cárcel de Sierra Chica, ella saltaba el elástico en el barrio. Tenía 12. El año pasado, la chica perdió un embarazo.
Tablado y Roxana se volvieron a ver en 2002 en el penal de Florencio Varela. “No era la nena de seis años que iba a mi casa a jugar con mi hermana. Estaba grande y hermosa. Se acercó porque su madre era amiga de la familia. Sentimos atracción a primera vista y comenzamos a mandarnos cartas, pero sólo como amigos”, recuerda él. La relación por correo duró cuatro años. No hubo semana sin cartas ni promesas. Sólo dejaron de escribirse cuando la madre de Roxana leyó una carta y descubrió que las intenciones de Tablado y su hija iban mucho más allá de un contacto amistoso.
“Con el tiempo, mi suegra nos entendió y apoyó el noviazgo. Es más, cuando Roxy quedó embarazada su mamá compró el ajuar para el bebé. Y ahora me compró la ropa para el casamiento. Queremos formar una familia normal. Espero que la sociedad me perdone y me dé una nueva oportunidad. He cambiado”, afirma Tablado, de 32 años. Se lo ve tranquilo, sonriente y atareado: además de hacer la torta y cocinar un peceto, se prepara para rendir, en cinco días, un final de Derecho Internacional para la carrera de Abogacía.
Se pusieron de novios el 24 de agosto de 2006. Esa es la fecha que figura en el anillo de compromiso. En una de las visitas, él le propuso casamiento y ella no dudó. “Soy chapado a la antigua. Me encanta ser romántico. Voy a cumplir un sueño. Roxy es el amor de mi vida. Fui creado para ella y ella para mí. Le agradezco a Dios haberla conocido. Es mi media naranja, mi alma gemela. Ella me apoyó, me contuvo y me dio fuerza para seguir viviendo. A diferencia de una pareja normal, no podemos salir a comer o ir al cine. Pero tuvimos diálogos profundos. Soñamos con tener hijos. Si es varón, se llamará Aito, y si es nena, Sofía”, confiesa.
Para el casamiento, que será llevado a cabo por una jueza de Paz de Magdalena, el novio vestirá elegante sport. El vestuario de la novia, que varios días a la semana asistió a un salón de belleza, será sorpresa. Los dos proyectan hacia fuera de las rejas: sueñan con casarse por Iglesia e irse de una de miel a Mendoza. En esta nueva etapa de su vida, Fabián Tablado busca enterrar su pasado de asesino. “En el matrimonio hay tres factores vitales: la atracción, el amor y la confianza. Aun así, es posible que haya celos, pero uno está en paz.”