
—¿Estás más o menos fóbico que antes en relación con la prensa? ¿A veces te sentís acosado?
—No estoy fóbico ni antes lo estaba, pero tengo un umbral de tolerancia normal para lo que yo considero irrespeto, mal gusto, frivolidad, alcahuetes, maleducados, carroñeros y resentidos. Aunque la excusa sea que viven de eso, tampoco me parece una explicación ética ni gloriosa. Estos son mis principios; si no les gustan, tengo otros. Escúcheme, señor periodista, que yo sea paranoico no quiere decir que NO me estén siguiendo... Bromas aparte, no me siento acosado, pero sé que me sacan fotos los paparazzi cuando las veo publicadas. ¡Tampoco me creo un actor de telenovelas ni un galancito!
—Cuando empezaste, allá por los 80, ¿pensabas en que ibas a convertirte en un músico popular de la magnitud que alcanzaste?
—Generalmente, no, aunque alguna vez creí que el camino podía ser más corto o no llevarme a ninguna parte. A los veinte años uno se cree lo que quiere, lo que puede y lo que… cree. Asimismo, estoy hecho al rigor de los tiempos difíciles y sé lo que vale un peine. Creo que un músico debería adaptarse al barro y también a las sábanas almidonadas de un hotel 5 estrellas, a las multitudes y a la intimidad de su propio latido latiendo.
—¿Este nuevo disco tiene un color más latino que otros de tu carrera?
—Personalmente, no diría yo que La lengua popular tenga más contenidos latinos que otros discos míos, aunque tampoco me importaría la práctica de la latinidad voluntaria. Tiene algunos pasajes subtropicales, sí, pero es respetuoso con la estética del
rock and roll.
—¿Cómo se te ocurrió el título?
—Lo tenía en la punta de la lengua (la lengua es muscular y es húmeda, es rolling stone y es verso argentino, es guitarra y estribillo, siente el gusto de las comidas y los extremos se lamen, la lengua da besos de lengua, es un músculo sano pero necesita acción). Sin embargo, y al mismo tiempo, es un fragmento de la letra de una canción... No responde a una explicación conceptual pesada, aunque es entretenido encontrarle explicaciones simbólicas.
—¿Cuál fue esta vez la inspiración principal para las letras?
—La realidad y la sensibilidad, el país y el universo interior, la ironía y el corazón, el río y las armonías vulgares, la cumbia cultural o, simplemente, sentarme a escribir por el deseo y la necesidad de hacerlo.
—¿Son todos temas relativamente nuevos o rescataste alguna canción vieja que nunca habías editado?
—Ninguna es vieja, pero hay dos que están escritas hace seis o siete años (son niñas). Algunas otras las hicimos en el estudio, en marzo de este año, y las otras las hice un año antes, en 2006.
—¿Cómo fue el proceso de grabación del álbum?
—Fue intenso pero amable, diurno y fraternal, creativo y laborioso. Yo viajaba a diario en remís, desde mi refugio provinciano al barrio de Saavedra, escuchando radio, y volvía antes de cenar. Casi una grabación de rock atípica. Nos encontramos a finales del año pasado para escuchar un rosario de canciones recientes que tenía y Cachorro mostró su conformidad. Después seguimos escuchando más cosas que tengo inéditas. Elegimos seis para empezar a grabar, y arrancamos en febrero. Ya en el estudio, escribimos nuevas canciones durante la grabación. Después mezclamos con Cesar Sogbe, un ingeniero residente en Miami.
—¿Por qué decidiste llamar a Cachorro López para la producción?
—Porque es un especialista y un gran productor, contrastado en el continente y en España. No solamente es el Grammy, también es un amigo de verdad y un gran elemento en el estudio de grabaciones.
—¿Con qué banda lo presentarás en vivo y cuándo?
Voy a cantar algunas de estas canciones con Jose Bruno (bateria), Candy Caramelo Avello (bajo), Tito Dávila (piano y órgano), Julian Kanevsky y Diego Gallardo (guitarras). Con esta banda giramos en julio pasado en algunas naciones y autonomías de España. Vamos a cantar en diciembre en Argentina y en Chile. Y vamos a seguir juntos el año que viene tocando también lo mejor de mi repertorio.
—¿Va a haber más grabaciones encontradas?
—Sí, muchas... Proyecto y espero eso.
—¿Cuál es tu músico favorito de la actualidad?
—Prince , cantando A Case of You en el tributo a Joni
Mitchell.
—¿Extrañás algo de tu vida en España?
—Allá también ocurren muchas cosas, pero la diferencia es que hay que soportar menos histeria ambiente. En la piel del toro me siento apenas más anónimo, aunque integrado en la comunidad cultural, musical, artística, profesional y popular. Me gusta llegar y volver a ciertos lugares, especialmente a la FNAC, para consumo cultural de películas, libros y música, al Embassy, donde como ensalada de rúcula y compro sal marítima, y a algunos restaurantes de fusión + cocina japonesa. También confieso la costumbre pecaminosa de comprar ropa en el barrio de Salamanca, en Madrid, y en el Paseo de Gracia, en Barcelona. ¡Arrésteme, sargento, y póngame cadenas!
—Si tuvieras que hablar de la Argentina de Kirchner con respecto a la de Menem, ¿cuáles te parece que son las diferencias más notables?
—Estimado amigo periodista, permítame no mostrar todas mis cartas. Prefiero no desviar la atención del asunto musical que nos reúne, contarle al país lector que tengo un disco que estreno.
—¿Cuál es la música que representa este momento cultural de la Argentina?
—Cambalache nos representa siempre. Pero también la música de Los Auténticos Decadentes, de Luis Salinas, de Los Ratones Paranoicos y de Damas Gratis. También quisiera incluir en esta lista de paralelos posibles a la obra y el discurso poético de Atahualpa Yupanqui.
—¿Podés revelar cuál es el deseo que pedís cada vez que pasa un tren?
—No, no puedo. Pero podría pedirle sólo ver mi nombre en las páginas de Cultura de los periódicos, ser invisible para la chimentería y la patria frivolera, que me libre de ironías y sarcasmos y tener un millón de amigos (y que todos compren mi disco).