
Aumento. Entre 1989 y 2006, creció casi un 600% la dosis per cápita de radiación ionizante derivada de pruebas de diagnóstico por imagen en los Estados Unidos, según un reciente estudio realizado por el Consejo Nacional de Protección Radiológica de ese país. “Esto es una advertencia, un llamado de atención”, dijo al diario The New York Times Fred Mettler, principal investigador del trabajo. “Actualmente, la exposición médica eclipsa a la de todas las demás fuentes (de radiación)”, agregó.
Y no es algo que sólo ocurre en el país de Bush. Por ejemplo, el ministro de Medio Ambiente alemán, Sigmar Gabriel, advirtió en declaraciones periodísticas: “Personas que no padecen problemas serios de salud están tomando dosis innecesarias de radiación debido a un incremento alarmante del uso de la tomografía computarizada”. En la Argentina, según le dijo a PERFIL Adolfo Saubidet, presidente de la SAR, “no hay dudas de que la cantidad de estos estudios aumentó exponencialmente”.
Rodolfo Touzet, asesor en protección radiológica de la Comisión Nacional de Energía Atómica, señaló que “debido al radiodiagnóstico médico, hoy la dosis que recibe la población mundial es un 50% mayor a la que es sometida de manera natural. Y el problema es que la radiación incrementa el riesgo de cáncer”. El doctor en radioquímica comparó: “Una tomografía de abdomen de 20 milisievert aumenta el uno por mil la probabilidad de tener cáncer. Es decir, que si uno se hace diez tomografías, el peligro aumenta el 1%”.
Aclaración importante: milisievert (mSv) es la unidad en la que se mide la dosis de radiación. La máxima permitida en la actualidad para trabajadores expuestos a ella es de 20 mSv anuales (sin sobrepasar los 100 mSv en cinco años).
Evolución. Si bien desde el descubrimiento de los rayos X en el siglo XIX se conocen sus riesgos, según Saubidet hasta ahora no se los pudo sustituir porque permiten detectar en forma precoz lesiones que de otro modo pasarían inadvertidas. “Además, la tecnología avanzó enormemente. La dosis de la mamografía, por ejemplo, se redujo 20, 30 y 40 veces en relación a la de la década del 70”, precisó Roberto Rojas, miembro de la Comisión de Radioprotección de la SAR.
Ahora bien, si una tomografía, que equivale en radiación a 500 radiografías de tórax, permite detectar un incipiente tumor, no hay dudas de sus ventajas. “Siempre el beneficio es superior al perjuicio. No hay discusión en este sentido. Lo que se trata de evitar son los estudios injustificados”, remarcaron desde la SAR, donde en el último año estudiaron las guías de recomendación de otros países para establecer criterios de prescripción para la Argentina.
“Si un estudio no determina un cambio de conducta, no tiene sentido hacerlo”, ejemplificó Touzet, quien aclaró que además sería muy importante llevar registros para no repetir exámenes”. Y destacó que muchas veces es el propio paciente el que presiona al médico para que le ordene una tomografía, sin tener claro los riesgos a los que se expone.
NO SIEMPRE SOBRAN
A veces son excesivos, pero también hay estudios radiológicos que escasean. “La mamografía permite detectar el cáncer de mama. Y la mujer argentina es agredida por esta enfermedad porque, paradójicamente, el grupo de riesgo no llega a realizarse el control”, indicó Roberto Rojas. Por su parte, Rodolfo Touzet señaló que como el efecto de la radiación es acumulativo a lo largo de la vida, “sería importante contar con una historia clínica electrónica accesible desde cualquier hospital porque esto disminuirá la probabilidad de repetir estudios”. Y comentó que un programa piloto en España implementó una tarjeta infantil de exposición a radiaciones ionizantes, con el fin de hacer un seguimiento de los exámenes en los niños. Por todo esto, la SAR dará a conocer una guía de criterios de prescripción de estos estudios. Busca mejorar la práctica en sí, porque de acuerdo con los parámetros operativos, un mismo estudio se puede hacer con más o menos dosis. La idea es establecer protocolos para que el paciente reciba, siempre, la
mínima.