
El problema incómodo es que aún se desconocen sus potenciales efectos en la salud y el medio ambiente. Es que al tratarse de productos de escala nanométrica (un millón de veces más pequeñas que la cabeza de un alfiler), no se sabe, por ejemplo, qué impacto podría tener en los pulmones la inhalación de este tipo de materiales, cómo repercutiría en el ADN o las consecuencias a largo plazo en el ambiente. Un debate que ya comenzó en gran parte del mundo.
Boom. Hoy se consiguen en el mercado productos “nano” de todo tipo y color (un nanómetro mide una millonésima parte de un milímetro). En la Argentina, se venden cosméticos, lavarropas y heladeras recubiertos con nanopartículas. Y en países como los Estados Unidos, la oferta comercial suma 500 productos (ver recuadro). Por eso, a nivel internacional hay varias iniciativas para averiguar cuál es el riesgo de esta nueva tecnología.
Una de las más importantes es el “Proyecto de Nanotecnologías emergentes”, liderado por el Centro Internacional Woodrow Wilson. Su misión es reunir información y conciencia sobre este tema. Pero todo está en pañales. David Rejeski, su director, advirtió en un reciente informe que es primordial crear un sistema de “Nano seguridad” para los laboratorios, empresas o sistemas de transporte de material. Además, Rejeski destacó la importancia de comunicarle a la gente común qué se sabe sobre los posibles riesgos: “Aún hay tiempo de informar a la gente sobre la nanotecnología, y asegurar que la misma sea desarrollada de una manera en la que los ciudadanos, así como la industria, los inversores, las ONG y los reguladores oficiales, puedan confiar. Sin embargo, con la producción de nanosustancias que saltan al mercado, la ventana se está cerrando rápidamente”.
Ernesto Calvo, investigador del Departamento de Química Inorgánica de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA y del Inquimae, del Conicet, señaló a PERFIL: “No se sabe qué efectos pueden tener algunos nanomateriales en contacto con el ADN. Si las nanopartículas pueden entrar a las células, hay que estudiar las consecuencias”. Y agregó: “Hay que preocuparse por estudiar los efectos, pero no porque haya una tecnología nueva hay que parar todo. Se debe trabajar responsablemente”.
Mundo nano. “La nanotecnología surge del manejo de la materia en una escala de 1 a 100 nanómetros. A esa escala, la materia se comporta de un modo diferente”, explicó Calvo, y ejemplificó: “Si Maradona pateara la pelota en el mundo nano, el partido de fútbol sería totalmente distinto porque las propiedades de los objetos dependen de la escala. Uno puede hacer uso de eso para diseñar cosas”. En su laboratorio, sin ir más lejos, su equipo estudia las nanoestructuras de las superficies que sirven como biosensores, o tienen propiedades hidrofóbicas (por ejemplo, un espejo que no se empaña), magnéticas y anticorrosivas.
“Somos químicos y estamos acostumbrados a trabajar con sustancias potencialmente riesgosas, como solventes que pueden lastimar la piel. Por eso, aplicamos medidas de seguridad en el laboratorio”, destacó el investigador, que participará del Encuentro Nano Mercosur 2007 (ver recuadro). E insistió en que debería haber una iniciativa de cada Estado para regular medidas de seguridad fuera de los laboratorios.