
Miguel Bein ha sido secretario de Política Económica, viceministro de Economía, secretario de la Pequeña y Mediana Empresa. Fuimos entonces al corazón de la City porteña y, en el segundo piso de un banco, le planteamos nuestros interrogantes.
—¿El Banco Central va a manejar, con sus 44.000 millones de reserva, este dólar que se ha movido?
—Mire, el Banco Central claramente lo puede hacer y lo hace. Fíjese que las intervenciones que vimos sobre el final de la semana llevaron rápidamente a la divisa norteamericana a la zona de los 3,15/3,16 pesos utilizando para esto muy pocas reservas. Lo que sí es cierto es que se amplió la brecha con un dólar mayorista libre (libre entre comillas) que hay en la Argentina y para el cual no existen límites en esto de entrar y sacar capitales. Ese dólar todavía se ubica muy alto en la zona de 3,20. Es decir 4 o 5 centavos por arriba del dólar de referencia que maneja el Banco Central.
—¿Qué nivel le adjudica a esta suba en su influencia sobre los precios? Por ejemplo, canasta familiar y alquileres.
—No lo veo en lo inmediato. Como la economía argentina y el producto argentino tienen una proporción de alrededor del 30% de productos que son comercializables internacionalmente, por ese lado claramente hay presiones. Una subida del 3% del tipo de cambio genera aumentos en los insumos importados, en algunos bienes de capital y, por el lado de los productos de exportación, en la medida en que los empresarios pueden decidir vender en el exterior o vender en la Argentina, esto también genera una presión sobre los precios. Se calcula que, en nuestro país, el 3% de aumento en el dólar genera aproximadamente una presión de 1 punto, un 1% en los precios. Lo cual no tiene por qué darse en forma rápida y tampoco es lo mismo el traslado en una economía sobredemandada, trabajando muy velozmente que, en cambio, hacia una economía que está un poco más tranquila. Pero generalmente la relación es ésa. Lo que se transmite a los precios es un tercio de cualquier devaluación o modificación del tipo de cambio. Esto se da tanto hacia arriba como hacia abajo.
—En realidad, considerando nuestros antecedentes históricos, habría que decir que la plaza, con este sacudón, se quedó bastante tranquila. ¿El Banco Central está comprando dólares?
—El Central compró una enorme cantidad de dólares durante el primer semestre. No así en los últimos días porque hubo, de alguna manera, una situación de inquietud, por lo cual fueron los privados los que salieron a comprar. Los Bancos o algunas empresas que estaban en pesos, cubriéndose. El dólar tiene esa característica: ¡es el único producto que, cuando sube de precio, hace que la gente lo compre más! Es al revés de cualquier otro mercado! Y lo que se vio es el Banco Central disciplinando un poco la plaza de dólares a través del Banco Nación y del Banco Provincia. En ese sentido, desde el punto de vista del tipo de cambio, yo diría que la situación está bastante tranquila. En un año, hubo un reacomodamiento del 3% al 4% en el tipo de cambio, cosa que no le viene mal a la política económica. Lo que no es agradable, en el mercado de capitales, es que todo ese movimiento se produzca en diez días.
—Influyeron los valores inmobiliarios de Nueva York...
—Bueno, sí. Influye mucho. Hay una situación en el mundo que, por otra parte, ha jaqueado a los bonos argentinos. El tipo de cambio está bajo control pero estamos viviendo una situación muy complicada en el precio de los bonos argentinos. El precio se desplomó literalmente en este último mes. También hay que aclarar que no fueron sólo los precios de los bonos argentinos los que cayeron. A otros países les ocurrió lo mismo con sus bonos. Venezuela, por ejemplo, cayó como Argentina. Otros, como Brasil y México, bajaron pero menos. No hay ningún mercado de bonos en el mundo que se haya salvado de una corrección a la baja. En el mundo hay una evaluación distinta del riesgo crediticio a partir de la caída en los precios de los valores de la vivienda en Estados Unidos durante el último año y, también, en la disminución de un 20% que se ha dado en el inicio de construcciones. Esto ha generado temor por el recupero de créditos hipotecarios que se han dado en los Estados Unidos porque, obviamente, si el precio del activo que respalda el crédito cae, ese crédito se vuelve más inseguro. Yo diría que esto ha generado, de alguna manera, una especie de contagio y de revaluación del riesgo crediticio. Lo que llaman los economistas across the board; es decir algo generalizado en todo el mundo. Hoy hay refugio en los bonos del Tesoro americano y, en general, en el mundo los fondos de inversión (con mayor o menor agresividad) están preevaluando las inversiones de riesgo. Están cayendo todos los bonos del mundo y los argentinos, claramente, sufren una situación peor. También hay una corrección en las Bolsas internacionales. En esta semana que pasó hemos visto una corrección que no es menor.
—¿Por qué piensa Ud. que se produce en los Estados Unidos ese fenómeno con la propiedad?
—Bueno, venimos de una burbuja impresionante. Desde 2000 o 2001 las propiedades en Norteamérica crecieron a un promedio del 70%. Y en algunas ciudades mucho más. Manhattan, Londres. ¡Hay algunas ciudades en el mundo en las que los “turbomillonarios” (así se los llama) quieren tener su casita chiche! Por lo tanto, allí, los precios no han conocido límites. En general, hemos visto un fenómeno que también apareció en Europa. En España, por ejemplo, tuvo lugar el mismo proceso. Hasta hace 6 meses tuvimos cinco años ininterrumpidos de aumentos fortísimos en los precios de las propiedades. Con la suba de la tasa de interés en Estados Unidos (en algún momento llegó a estar en el corto plazo al 1%), se produjo una serie de hechos. En 2004 comenzó a subir durante 2 años seguidos hasta llegar a la zona actual. De alguna manera, esta mayor tasa de interés sistemática fue enfriando el mercado y pinchó (ya desde un año atrás) la burbuja inmobiliaria. Hoy, en el debate de la economía americana la pregunta es: ¿resulta posible un aterrizaje suave de esa burbuja tal como la manejó el gobierno inglés? En Inglaterra los precios se fueron acomodando de a poco, dejaron de crecer, pero no se produjeron caídas importantes. También cabe pensar que, con un ajuste demasiado fuerte, puede cambiar la psicología del consumidor norteamericano. Sobre la base de estos mayores precios de las propiedades, millones de familias tomaron préstamos (siempre estoy hablando de los Estados Unidos) sobre mayores valores para seguir estimulando sus niveles de consumo y esos préstamos hoy ya no se pueden tomar, hay que empezar a devolverlos y esto empieza a cobrarse la cuenta en los niveles de actividad de los ciudadanos norteamericanos. Si suben las tasas empiezan a subir las cuotas y hay menos disponibilidad para otros productos. Con un petróleo a 77 dólares el barril esto ha significado, en los últimos cinco años, un impacto de 300 dólares por mes en la familia yanqui. Es plata que se carga en el surtidor y no se puede derivar al consumo. Esto funciona como un impuesto.
—¿Un conjunto de circunstancias que hacen que la economía americana se esté frenando?
—Mire, la discusión está en que si el freno se produce de manera suave y ordenada, como se dio hasta ahora, las cosas se mantienen. Pero hay temores respecto de que pueda producirse algún evento desagradable en el mercado de crédito y esto ha golpeado a las acciones de los principales bancos del mundo. Estas acciones han caído un 10% o un 12% en los últimos diez días. La Argentina se encuentra en la punta de la caña pero formando parte de este mismo proceso en el que todo crédito se está evaluando desde el punto de vista de un riesgo mayor.
—No le oculto que son temas desconcertantes para un lego. Por ejemplo, cuando usted hablaba recién de la caída de los bonos venezolanos, yo no podía dejar de recordar el millón de barriles de petróleo que les vende diariamente Venezuela a los Estados Unidos...
—Esto es, en realidad, una reacción general a nivel mundial. Hay países que la sufren más que otros porque tienen menos consolidada su situación financiera. Estamos en un proceso generalizado de aversión al riesgo. Después de tres años y medio, en los que se dio el proceso inverso, los bonos de muchos países con desarrollo intermedio cotizaban con tasas de interés muy parecidas a las de los bonos americanos. Lo cual fue también una anomalía...
—¿Los nuestros, por ejemplo?
—No. Los nuestros nunca llegaron a ese nivel porque a la Argentina este proceso la agarró en un momento de recuperación. Como veníamos del default, primero cotizamos muy lejos y, después, más cerca. Y en un momento dado, yo creo que cotizó demasiado cerca para lo que era la situación financiera argentina. Pero, le repito, esto no pasaba solamente con nosotros. Los bonos mexicanos cotizaban con ½ punto de diferencia en el rendimiento con respecto a los bonos del Tesoro americano y, con todo el respeto que me merece México, no creo que haya nada más que ½ punto de diferencia de riesgo entre un bono del Tesoro yanqui y uno mexicano. Tampoco con un bono brasileño con 75 puntos básicos. Esto se está corrigiendo. Todos esos spreads (o sea la diferencia entre el rendimiento de los bonos de los países de desarrollo intermedio con respecto a los del Tesoro americano) en algunos casos se duplicaron durante el último mes y medio y, en otros, aumentaron un 50%.
—¿Y qué se puede decir del riesgo país de la Argentina que ha pasado los 400 puntos? ¿Va a seguir subiendo?
—No. Yo no creo que siga subiendo salvo que suba el riesgo país de todo el resto de las naciones. Si este proceso no ha terminado y el reacomodamiento de los inversores mundiales se da en una percepción de riesgo mayor y dura un mes más, por ahí vemos que este proceso puede seguir subiendo. Igual que en el resto del mundo. Nadie sabe si terminó o no. De pronto un movimiento de la Reserva Federal puede frenar este proceso o también una acción coordinada de los Bancos Centrales...En todo caso, lo que es seguro es que Argentina cotiza con un nivel de riesgo que es demasiado alto también en relación a su fundamento. Tampoco tiene sentido que el riesgo país de Argentina sea de 400 puntos y el de Brasil sólo de 200. No tiene sentido, repito, porque desde el punto de vista de los fundamentos macroeconómicos a Argentina le va, como mínimo, tan bien como a Brasil.
—¿Por qué, entonces, castigar a la Argentina?
—Bueno, porque Argentina viene de un default, cosa que Brasil no tuvo. Brasil hizo políticas distintas. Resistió. Le costó también bajísimas tasas de crecimiento económico durante siete u ocho años pero logró mantener su moneda, logró mantener el centro del mercado de crédito, cosa que no pudimos hacer nosotros. Argentina perdió la moneda y el crédito y cuando se pierde el crédito, bueno... uno se comienza a recuperar pero volver de una situación de default, de ese grado de inversión... ¡A Rusia le llevó 9 años! Argentina está mejorando pero todavía no ha terminado de normalizar su situación financiera. Por ejemplo: no ha terminado de normalizar su deuda con el Club de París. Son deudas bilaterales con países del G-7. Esto se empezó a negociar pero todavía no se cerró. Cuando se cierre esa renegociación (y me imagino que esto es claramente parte de la agenda de los próximos 12 meses) habrá, sin duda, un salto de la calidad financiera de los bonos argentinos. Cuando también, de alguna manera, se atienda la situación de aquellos que quedaron afuera del canje (no me refiero a todos sino a los minoristas europeos que tenían ahorros de hasta 200.000 euros) y que mal asesorados por los bancos italianos no entraron en el canje, bueno... a lo mejor, si Argentina también normaliza con el Club de París podría iniciar un camino de normalización con estos inversores hasta la suma de 200.000 euros. Esto sería una forma de limpiar la situación con toda esa gente que quedó atrapada y que, repito, mal asesorada no tiene la culpa de haber invertido en nuestros bonos. En este camino de normalización hay otra agenda financiera. Cuando Argentina termine de alguna manera de normalizar esto en un año, o en un año y medio, tengo la sensación de que con los fundamentos macroeconómicos y la capacidad para crecer con que cuenta nuestro país, el riesgo país puede empezar a bajar.
—Algunos trascendidos del almuerzo que mantuvo la senadora Kirchner con los inversores españoles señalan que ellos pidieron insistentemente un aumento de tarifas...
—Bueno, usted sabe que ésta es una sociedad muy compleja en la que, sistemáticamente, se cruzan intereses. Hay empresas que piden recomposición de tarifas para lograr más rentabilidad, y otras que ya lo han conseguido. Pero creo que no es un tema que deba discutirse sólo en términos de rentabilidad de las empresas sino desde el punto de vista que las tarifas deben ser suficientes como para satisfacer el costo de los servicios y brindar una capacidad de inversión. También de ampliación del servicio. Entonces está claro que hay tarifas que deberán tener una actualización. No necesariamente actualizaciones generales pero, por ejemplo, la tarifa eléctrica en sectores de la clase media o media alta o la tarifa de gas están totalmente desaliñadas con los costos o valores que estimulen la inversión. Ahí veremos seguramente un reacomodamiento. En cambio, la tarifa social de gas deberá seguramente ser mantenida y la tarifa del gas líquido de petróleo, el de las garrafas, deberá bajarse. Fíjese que hoy una familia pobre que usa dos garrafas por mes gasta más en gas que una familia de clase media que tiene la cocina encendida durante todo el día. Allí, por ejemplo, hay mucho para trabajar porque no es sólo subir tarifas sino lograr que la estructura de las tarifas sea razonable y de acuerdo con la capacidad contributiva que posea cada sector de la sociedad.
—Si bien hay un mejoramiento, un movimiento, en la situación con más trabajo y mayor gasto ¿cómo achicaría la brecha entre ricos y pobres que sigue siendo considerable?
—Bueno, tampoco éste es un fenómeno estrictamente argentino. Chile lleva 17 años de crecimiento ininterrumpido, el nivel de pobreza se parece al de Europa
( en la sociedad chilena el nivel de pobreza está cerca del 17%) con baja marginalidad y ayuda social pero la brecha entre ricos y pobres tampoco mejoró. Está costando mucho en el mundo generar mejoras en la distribución del ingreso más allá de los niveles de actividad. En este punto hay dos trabajos por hacer: uno, muy fuerte, que tiene que ver con la educación. Disminuir la brecha en el nivel educativo significa darle capacidad a la gente carenciada para avanzar en la sociedad a partir de un nivel de cultura y entrenamiento mayores. Esto es ampliamente reconocido en el mundo. El otro punto está referido a la política impositiva. La política fiscal es la que genera subsidios para mejorar la situación de los pobres. La progresividad en los impuestos y la mejora en los servicios públicos son muy importantes. De pronto uno quizá no lo ve en plata pero una mejora significativa de los servicios públicos de salud, por ejemplo, le cambia la vida a la gente. De cualquier manera, en el mundo, aun en las sociedades que crecen mucho y son exitosas como el caso chileno, cambiar los patrones de la distribución del ingreso hasta ahora no ha sido posible. Y estoy hablando de gobiernos con muy distintos colores políticos.
—¿Qué consecuencias prevé para escándalos como el de Skanska, la bolsa de dinero de la ex ministra Miceli o las imputaciones del juez Tiscornia?
—La verdad es que todas estas cuestiones tienen más peso en el humor de los ciudadanos que en la economía. Influyen más en la política que en las finanzas. Son temas que hacen ruido. Ningún país se salva de estos ruidos. La economía brasileña tiene un déficit fiscal importante. El presidente Lula enfrentó innumerables escándalos de este tipo y no afectaron la economía y las finanzas. Por eso me parece que son cuestiones que afectan más a la micro que a la macro y golpean más a la política que a la marcha del nivel de actividad económica.