
Durante años sus libros fueron difíciles de hallar, pero ahora una nueva colección de bolsillo vuelve a acercarlos a las librerías argentinas. En impecable pierna de ases ya aparecieron “El pozo”, “Los adioses” y “La vida breve”, su obra mayor. Y en agosto se publicarán “Tierra de nadie” y “Para esta noche”. Al mismo tiempo, la edición en curso de sus obras completas en España perfecciona su conocimiento, tantas veces deformado por mitos y leyendas. La historia de un escritor único.
En estos días apareció en España el segundo tomo de las Obras completas de Onetti editadas por el sello Galaxia Gutenberg, a cargo de Hortensia Campanella.
Una de las características más atractivas de la obra de Onetti es justamente que los diferentes relatos que la componen no corresponden a ningún formato fijo, y que cada uno de ellos cristaliza gracias a una necesidad interna que gobierna la extensión, la estructura, la voz narrativa.
Hace un par de semanas, el vecino Tabarovsky juró que él nunca deja un libro por la mitad porque siempre tiene la esperanza de que una perla pueda estar aguardando hasta en el mayor de los bodrios.
En el primer párrafo de La tumba sin sosiego, de 1944, el ensayista inglés Cyril Connolly escribe: “Cuantos más libros leemos, mejor advertimos que la función genuina de un escritor es producir una obra maestra y que ninguna otra finalidad tiene la menor importancia”.
Nació en Buenos Aires en 1927 y su carrera literaria, reconocida por escritores como Leopoldo Marechal y Oliverio Girondo, comenzó en 1955. Autor de decenas de libros de poemas, vivió en el exilio en México entre 1977 y 1990. Su nuevo libro se llama “El jugador, el juego”. Aquí habla sobre la reflexión acerca de los modelos literarios, la marginalidad, el reconocimiento, el Borges ladino y la historia detrás de un libro insoslayable: “Verme”.
