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Las dos caras de Jano

¿Por qué votarán a Cristina de Kirchner quienes lo hagan por ella? ¿Lo harán porque personifica la continuidad de su marido o porque representa un cambio sobre él? ¿O por la dos cosas juntas? En esencia, cambio y continuidad –o permanencia– son antónimos y representan conceptos mutuamente excluyentes.

Por Jorge Fontevecchia

kirchner y de kirchner. Néstor, Cristina, dilema entre cambio y continuidad y el Congreso de Filosofía.

¿Por qué votarán a Cristina de Kirchner quienes lo hagan por ella? ¿Lo harán porque personifica la continuidad de su marido o porque representa un cambio sobre él? ¿O por la dos cosas juntas?

En esencia, cambio y continuidad –o permanencia– son antónimos y representan conceptos mutuamente excluyentes. Pero en la lógica kirchnerista, que a pesar de sus múltiples rasgos esquizofrénicos, o casualmente gracias a ellos, se ha demostrado muy popular en el pasado, los polos se pueden fusionar. Néstor Kirchner dijo el 9 de julio en Tucumán: “Cristina es el cambio dentro del cambio”.

Probablemente, muchos votantes no sean tan rigurosos con la congruencia del discurso ni les atraiga develar su significante, y entiendan que Kirchner simple y claramente está diciendo que “con Cristina se cambiará poquito”.

Sentido común puro tiene este planteo y hasta cierta lógica: un matemático diría: Si menos por más da menos, Néstor por Cristina, siempre dará Néstor. O sea lo mismo. Quienes así lo entiendan y voten por Cristina lo harán porque ella representa la continuidad de su marido.

Otra ecuación posible, por lo menos desde la matemática, es la que determina que menos por menos da más. Y Cristina encarne un verdadero cambio y no un mero gatopardismo cosmético. Quienes así lo entiendan y voten por Cristina lo harán porque ella representa el único cambio posible sobre su marido pues las otras alternativas, Lavagna, Carrió o López Murphy, no contarían, a sus ojos, con el suficiente marco de gobernabilidad y, por lo menos, con la esposa del Presidente les quedaría la esperanza de que situaciones como Skanska o la bolsa de Miceli no se repitieran.

De la misma forma se ubican y piensan quienes no votarán por Cristina de Kirchner: los que creen que ella encarna la continuidad de su marido no lo harán por eso mismo, y los que piensan que representa un cambio temen que sea para peor.

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Ambivalencia posmo. La ambivalencia es un carácter muy difundido en esta época donde el relativismo domina la escena en múltiples campos. En marketing se enseña que si un producto logra conjugar representaciones ambivalentes será más exitoso porque interesará a diferentes públicos simultáneamente. El éxito suele ser esquivo porque esa mezcla es una alquimia peligrosa donde en la mayoría de los casos genera un híbrido que no termina siendo nada. Pero cuando se logra combinar contrarios en proporciones que generen sinergia, pasan a ser imbatibles.

En campos más simples que la política, los chefs y los perfumistas, por ejemplo, dedican su vida a encontrar el punto justo a combinaciones que en el pasado no fueron compatibles (y los grandes deben su éxito a ello). En otras proporciones, y con otros riesgos, Néstor Kirchner también trata de cohesionar fragmentos. A veces lo logra: el radicalismo K; a veces más o menos: la redistribución de la renta con amplio superávit fiscal; y a veces fracasa estrepitosamente: alto crecimiento sin inflación.

A una mente heterodoxa como la de Kichner, empírica, transgresora, tan creativa como reactiva y acostumbrada a experimentar, le debe resultar posible que su esposa, Cristina, pueda representar simultáneamente el cambio y la continuidad. En sus palabras: “El cambio dentro del cambio” (una sugerencia al oficialismo: ¿no sería más “ganchero” hablar de evolución? Además, “el cambio del cambio” fue usado por la derecha en España).

Personas como Kirchner triunfan y fracasan desmedidamente, nunca aburren. Los países desarrollados son más aburridos, pero el aburrimiento no parece funcionar en países subdesarrollados, como en nuestro caso y a escala patética lo demostró De la Rúa.

En países normales, si se pretendiera la continuidad de la esencia “del modelo” –dólar alto, superávit fiscal, desendeudamiento, crecimiento, etc.– junto a un cambio en las formas, el candidato con más intención de voto no sería Cristina sino Lavagna. Tampoco sería Cristina la candidata con mayor intención de voto si lo que se pretendiera fuera el cambio; en ese caso, Carrió o López Murphy deberían ser los mejor posicionados. Pero el único candidato que al mismo tiempo puede prometer cambio sorpresivo y continuidad tranquilizadora es Cristina Kichner; ella es la única que –simultáneamente– puede ofrecer el menú de Carrió y Lavagna en un combo inquietante y omnicomprensivo como es el kirchnerismo.

No es culpa o virtud de Kirchner solamente: el peronismo también es una combinación esquizofrénica: Macri ganó gracias a que abandonó su discurso ideológico y sumó a una progresista como Michetti; Carrió busca coequipers como Prat Gay; y en la provincia de Buenos Aires, Lavagna a Teresa Solá y López Murphy a Jorge Asís. Aunque a veces estas combinaciones puedan terminar restando más que lo que suman, como el caso de Telerman y Carrió.

La pregunta de fondo sería: ¿los argentinos quieren cambio o continuidad? Si la respuesta mayoritaria no fuera clara y la sociedad se debatiera con igual intensidad entre el deseo de que las cosas –lo económico– se mantuvieran de la forma que están, y el miedo a que si algo no cambia todo dejará de estar como está, en ese caso, la estrategia de Kirchner sería correcta.

Bifronte. En la mitología griega, Jano era el dios de los comienzos y los finales. Se lo representaba con dos caras fusionadas en la nuca: una mirando al pasado y otra al futuro. Por ser Janus el dios de las transiciones, el primer mes del año, januarius en latín, january en inglés, janvier en francés y janeiro en portugués, lleva su nombre. Enero de 2008 será el primer mes completo del próximo presidente. Si ganara Cristina, quizás resulte un augurio de una presidencia bifronte entre el cambio de ella misma y la continuidad de su esposo.

Sugerencia final: cuando Cristina diserte en otro Congreso de Filosofía, podría profundizar sobre las ideas de los jónicos acerca de que siempre hay unidad subyacente en el cambio.

Edición Impresa

Domingo, 15 de Julio
Año II Nº 0187
Buenos Aires, Argentina