
Tenía sólo 14 años cuando se instaló en la ciudad de Córdoba. Tomó diversos trabajos para subsistir: obrero metalúrgico, instalador de gas, constructor de obras sanitarias, entre otros. Al mismo tiempo se interesó por el violín y brotaron sus primeros versos, que nunca serían publicados. Hasta que Emilio Sosa López, un amigo cordobés, le sugirió que escribiera alguna anécdota con fragmentos de su infancia. Y eso hizo. Fue hasta donde lo llevó la mano. Y así nació el desgarrador cuento Los mil días. En 1957, su colección de relatos Artistas de variedades ganó el concurso organizado por la Editorial Assandri. El libro fue publicado tres años más tarde. De ahí en adelante, la prosa fue la actriz principal de su biografía.
El amor y el espanto. La Rioja iba a ser un péndulo. Su lugar en el mundo y el destierro. Al tiempo comenzó a trabajar en prensa de la Casa de Gobierno. Luego fue nombrado corresponsal del diario Clarín. Promediando el año 1959, formó parte del grupo fundacional del diario El Independiente. En el trayecto viajó a Córdoba, raptó a Irma Capellino de las garras de su padre y a su regreso se casó.
El despunte de los 60 lo encontraría con el aire cambiado. Nacieron sus hijos Ricardo y Beatriz. Comenzó a dictar clases de violín en el Conservatorio Provincial de Música y se incorporó al Cuarteto de Cuerdas Estable de la Provincia de La Rioja. En 1963 publicó su libro de cuentos El rescate. Al año siguiente salió La lombriz. Luego vendría el desafío de una novela y, aunque ignoraba los matices de las estructuras narrativas, escribió Los pájaros exóticos, que desaparecería en los archivos de Madrid. En 1966 parió Una luz muy lejana. Después publicó dos libros de relatos: El fuego interrumpido y El monstruo y otros cuentos. Ambos en 1967. En el transcurso de ese año escribió El oscuro. La novela obtuvo el Premio de Novela Primera Plana-Sudamericana y fue editada un año más tarde. Pero la sorpresiva muerte de su hija Beatriz lo hundiría en la más absoluta tristeza. Entonces, planeó un viaje a Europa con el ecsritor Mario Paoletti. A su vuelta armaron la revista satírica El Champi.
Al poco tiempo, un remanso amainó el dolor: nació su hija María Inés. En 1970 editó Mi música es para esta gente. Cuatro años más tarde, El estuche del cocodrilo y la novela El trino del diablo. En ese momento, Moyano trabajaba en Crisis y había colaborado en Primera Plana. Sin embargo, los acontecimientos lo tomarían por asalto. Creía en la acción de la escritura. Y en 1976 eso era una herejía. Concluyó El vuelo del tigre dos días antes del golpe de Estado. Pero decidió esperar. La certeza de un país en picada comenzó a rodar en su cabeza. Y acertó el pronóstico. Una mañana un grupo de militares irrumpió en su casa y lo detuvo (aunque luego fue liberado). Y todo se precipitó. Moyano enfiló, junto a su familia, hacia el puerto de Buenos Aires. Allí tomaron un barco que los transportó hacia España.
En Madrid, los primeros tiempos fueron crueles. El desarraigo y la imborrable sensación de sentirse un novel a cada paso agudizaron su desánimo. Muy a pesar de su desarraigo, Moyano se convertía en uno de los precursores del diario Liberación, con sede en la capital española. Pero el proyecto fracasó. Entre 1983 y 1989 publicaría El libro de navíos y borrascas, El trino del diablo y otras modulaciones (segunda versión acompañada de tres cuentos) y Tres golpes de timbal. A principios de los 90, comenzó una tarea faraónica: reescribir parte de su obra. Asistía a encuentros de escritores y dictaba talleres de literatura argentina en la Universidad de Oviedo. El trabajo en la ciudad asturiana le había devuelto un trozo de vida. Allí escribió casi en su totalidad Dónde estás con tus ojos celestes, su última novela. Después, la muerte lo tomó por la espalda. Había dejado una serie de textos musicales que en 1999 se conocerían como Un silencio de corchea. Y otros sueños truncos. “Le hubiera gustado volver a la Argentina sin temor a otro golpe militar, terminar sus memorias, donde pensaba escribir cosas de su infancia, hacer un libro para niños y también un oratorio para narrador, bailarines y músicos, contando la historia de América latina. Hubiera sido interesante, ¿no?”, evoca desde Estambul, hoy, su hijo Ricardo.