
“Eso de que el embarazo es siempre un período de felicidad es un mito. En verdad, es una etapa de riesgo para la depresión”, explicó Pablo Rozic, jefe de Psiquiatría del CEMIC y coordinador del primer gran estudio en el país sobre depresión posparto, a cuyos resultados tuvo acceso exclusivo PERFIL.
Investigación. Para realizar el estudio, Rozic y un equipo multidisciplinario de obstetras, psiquiatras y psicólogos realizaron primero un cuestionario demográfico a 400 mujeres que tuvieron sus bebés en el CEMIC, en la Ciudad de Buenos Aires (para averiguar, entre otras cosas, edades, situación social y familiar, si habían tenido síntomas de depresión previos).
Luego, las invitaron a completar la Escala de Edimburgo, que se utiliza para “medir” la depresión puerperal (ver gráfico). La toma de los datos, que se acaban de terminar de procesar, se realizó el año pasado durante siete meses.
“Muchos estudios utilizan una sola toma de la escala y, si da positiva, es suficiente para determinar la presencia de la enfermedad. Pero nosotros hicimos tres tomas distintas: una, no bien la mujer tuvo el bebé; otra, durante la primera consulta obstétrica, a la semana; y una tercera, a la sexta semana”, explicó Rozic. Y agregó que, además, a los seis meses y al año las telefoneraron para hacerles un seguimiento.
Resultados. Coincidiendo con las estadísticas internacionales, que estiman que entre el 15% y el 20% de las flamantes mamás experimentan depresión postparto, el equipo de Rozic (integrado también por Javier Schvartzman, Cynthia Paolini, Andrea Gadow, Diego Calvo, Fernando Paesani y Hugo Krupitzki) determinó que el 18% del total de las mujeres evaluadas cumplía con los criterios para el diagnóstico de la enfermedad en la primera evaluación.
“Vimos que había una asociación con la edad: las que dieron positivo tendían a ser menores de 25 años o mayores de 34, y que entre los factores asociados a la presencia de la patología, el haber tenido un episodio depresivo previo implicaba un alto riesgo de padecer un trastorno depresivo posparto. Esto es muy importante porque ahora sabemos que las mujeres con antecedentes de depresión requieren un seguimiento especializado”, señaló Rozic.
Pero las cosas no quedaron ahí. Del 18% de mujeres que habían dado positivo en la primera evaluación, los investigadores tomaron una muestra de 41 mujeres y las compararon con otras 41 que habían dado negativo. “Del grupo de las negativas, el 17% resultó ser positivo a los seis meses. Esto nos permitió sospechar que hay mujeres cuyos síntomas aparecen tarde, hasta un año después, lo que nos encendió una luz de alarma y ahora entrenamos a los obstetras para que tengan presente esta eventualidad”, explicó el psiquiatra.
Enseñanzas. Como siempre, el saber brinda beneficios. Uno de ellos es la posibilidad de actuar para revertir los síntomas que, según Rozic, no se autorresuelven. Pero que, una vez en tratamiento (psicoterapéutico, farmacológico o combinados), un 80% de las mujeres se recupera.
Si bien se desconocen las causas de la enfermedad, hay factores genéticos, ambientales y situacionales que intervienen en su desencadenamiento.
Gracias al estudio, hoy en el CEMIC les hacen un cuestionario a todas las mamás antes de darlas de alta. Pero en el país no existe ninguna iniciativa de salud pública sobre este tema. “Sería bueno que la hubiera, porque permitiría intervenir precozmente: basta con saber el terrible impacto que tiene en el recién nacido, en la familia y en la mujer misma una mamá incapaz de hacerse cargo de su bebé, llena de culpa y martirizada porque no puede ni autocuidarse”, graficó el experto.