
La familia. El subsecretario de Coordinación de Obra Pública Federal es muy K. Tan K que la pinturería que tiene en la esquina de Mascarello y Roca en Río Gallegos se llama PinKar. En realidad, es K por naturaleza: Carlos Santiago Kirchner es primo del Presidente. Es hijo de Carlos Arturo, el segundo de los cuatro hijos de Carlos Santiago Kirchner y Margarita Kaenel, los abuelos de ambos.
Carlos Santiago es arquitecto y, como la mayoría del clan pingüino, hizo escuela en la administración pública santacruceña. Entre 2003 y 2005 fue presidente del Instituto de Desarrollo Urbano y Vivienda (IDUV), cargo que también ocuparon Julio De Vido y el secretario de Obras Públicas, José Francisco López. Estando al frente del IDUV, la empresa Juan Felipe Gancedo SA se convirtió en una de las principales beneficiarias de los contratos con el Estado. Según el primer informe sobre distribución de la obra pública que realizó la diputada Fabiana Ríos (ARI), Gancedo se ubicó en el quinto lugar del ránking de las 551 empresas que firmaron contratos para el Plan Federal de Viviendas. Actualmente, por ese programa, tiene seis contratos en Santa Cruz, Río Negro y Tierra del Fuego por 45 millones de pesos.
Los amigos. El “Negro”, como le dicen en su casa, llegó a Buenos Aires a fines de 2005. Vive en un lujoso piso equipado con un sistema de aislación acústica en Libertador y Coronel Díaz, frente al edificio donde vive su jefe, De Vido. Y tiene algo más que un buen pasar. En la declaración jurada de bienes que presentó al ingresar en el Ministerio, admitió que es propietario de diez inmuebles valuados en más de 17 millones de pesos y depósitos bancarios por casi 2 millones de pesos. Carlos Santiago fue nombrado por el primo Néstor en un cargo creado a medida: la Subsecretaría de Coordinación de Obra Pública Federal. El puesto (que tiene una remuneración mensual de 9.222.416 pesos) tiene una amplia misión: “Coordinar, intervenir y participar en lo que respecta a propuestas, elaboración, ejecución, marco regulatorio, procesos licitatorios y/o contrataciones directas relacionadas con obras de infraestructura pública habitacional, vial e hídrica” y además colabora “en el asesoramiento y control en cuanto a obras públicas a realizar y su posterior ejecución”.
Haciendo uso de semejantes atribuciones, en noviembre de 2006 Carlos Santiago le acercó al intendente de General Roca, el ex jefe de la SIDE Carlos Soria, un proyecto para asfaltar 50 cuadras en esa localidad rionegrina. Según reveló el diario Río Negro, tres empresas se presentaron a la licitación: la UTE Oriente-ECA que cotizó $ 7,4 millones, la UTE Quidel-CN Sapac que ofertó $ 7,8 millones y Juan Felipe Gancedo, que propuso hacer el trabajo por $ 11,5 millones. El Gobierno local firmó un acta de preadjudicación con Oriente-ECA, pero el Ministerio de Planificación la rechazó. Después de una visita que el primo Carlos Santiago hizo a General Roca el 11 de diciembre, el contrato terminó en manos de Gancedo, pese a que había presupuestado 4 millones de pesos por encima de la oferta más competitiva. La explicación oficial fue que la compulsa de precios estaba reservada a sociedades anónimas ya constituidas y no a UTEs (uniones temporarias de empresas) que se forman durante el proceso de adjudicación. Los concejales de la oposición de General Roca denunciaron que la licitación había sido “armada a medida” de Gancedo. Finalmente, Soria terminó rescindiendo el contrato.
Después de que este incidente se hizo público, Carlos Santiago fue hospitalizado. Debió ser intervenido quirúrgicamente por una severa afección cardíaca. Y recién se reincorporó al trabajo hace un par de semanas, en medio de la crisis por el Caso Skanska.