—¿Hay que mirar el auge de las ONG como una revitalización de la sociedad civil?
—Hay que ponerlo en la situación contraria. Muchas ONG son realmente brazos de gobiernos que reciben su financiamiento de los Estados y de instituciones como el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo y de fundaciones como Ford, que tienen vínculos con los grupos de poder. Lo mismo ocurre en los países donde las ONG están ubicadas, donde se da una cadena de vínculos entre ellas y los ministerios. Llamar a este auge una revitalización de la sociedad civil es olvidarse de estas fuentes de financiamiento y de los vínculos que tejen con las clases dominantes fuera y dentro del país. Por otra parte, muchas ONG no tienen afiliaciones: son un grupo con oficinas y de jefes con buen salario que reciben de esas instituciones mucho más que los dirigentes de movimientos sociales.
—¿Y cómo debe interpretarse entonces el voluntariado?
—Hay varios tipos de voluntariados. Por un lado, están quienes participan en movimientos de lucha contra el capitalismo y el imperialismo, que tienen un papel positivo. Por otro, están los jóvenes que buscan palancas para conseguir un puesto en una ONG, que trabajan allí como interinos para adquirir experiencia y que luego entran en la cadena. Como sea, el término “voluntariado” incluye muchos grupos poco políticos y sociales, y mucho más asistencialistas. Recordemos que el voluntariado empezó con los misioneros y con la clase acomodada que buscaba a partir de la caridad salvar su conciencia y evitar la radicalización del pueblo. Por todo ello, al analizar el papel del voluntariado y de las ONG, debe clarificarse respecto de cada caso el contenido específico de clase, la orientación política y social, los vínculos con los movimientos de lucha, la contradicción entre el paternalismo y la aceptación de un papel subordinado a los líderes naturales que encabezan los grandes movimientos de la lucha de clases.
—¿Por qué estas organizaciones gozan entonces de aceptación social?
—Eso es incorrecto. Despiertan diversas actitudes dependiendo de la ONG que se trate y del grado en que están dispuestas a aceptar un papel subordinado a los líderes naturales. Yo encontré entre los Sin Tierra (Brasil), en la Federación Nacional de Campesinos y en muchas otras organizaciones hostilidad hacia las ONG. Según ellos, estas organizaciones intentan dividir a los movimientos, cooptar líderes y establecer actividades con poco contenido político (más asistencialistas y subordinadas a las políticas de las instituciones europeas y estadounidenses que las financian). No es cierto entonces que las ONG reciban siempre una buena acogida; muchas veces sencillamente es que ellas tienen recursos y las comunidades pobres las aceptan para poder recibir algún beneficio... Porque ¿dónde están las ONG cuando hay confrontaciones; cuando, por ejemplo, los maestros rurales ocupan terrenos? Entonces ellas se muestran indiferentes e incluso hostiles. Hay casos en Brasil de ONG feministas que no aceptan que en el Frente Unido haya movimientos de mujeres Sin Tierra. Alguna minoría de ONG pobres, que actúan en solidaridad con los movimientos sociales y que ocupan un papel secundario, sí tienen buena acogida. De todos modos, éstas suelen contar con escasos recursos y por ello sus acciones tienen un menor impacto. Los misioneros católicos y protestantes también son recibidos en comunidades perdidas como un aporte porque prestan ayuda médica… Eso sí, a cambio los sacerdotes ejercen de instrumentos de control, de limitación de la acción, de elementos que oscurecen la conciencia de clase.
—Pese a todo, da la impresión de que las sociedades ricas tienen una imagen de las ONG como brazos solidarios hacia el Tercer Mundo y los desfavorecidos en general, ¿no?
—La sociedad europea y la estadounidense están divididas. Algunos sectores progresistas tienen una buena imagen de ellas porque las encuentran en protestas en el Norte. Sin embargo, quienes tienen más experiencia en los países dominados entienden que las ONG, en el mejor de los casos, desempeñan un papel ambiguo, cuando no muy negativo. ¿Qué criterios siguen quienes las critican? Por ejemplo, las actividades que las ONG promueven y la organización vertical en que se estructuran a partir de las fuentes de financiamiento que las sustentan. Muestra de esto último es que los jefes locales de las ONG no responden a ninguna comunidad, que nunca participan en debates de asambleas, que no son elegidos por las comunidades donde supuestamente trabajan o que utilizan a los pobres como fuente para conseguir financiamiento de los visitantes de países ricos. De hecho, para conseguir contratos muestran a los ricos clases de educación popular, alguna máquina de coser, alguna clínica... En verdad, no son ONG sino empresarios de la pobreza.
—Usted señaló en alguna oportunidad que las ONG “movilizan” a la gente para producir en los márgenes y no para luchar por el control de los medios básicos de producción y riqueza. ¿Esta es una de las consecuencias políticas de la actuación de ciertas ONG que, sin embargo, se definen como apolíticas?
—No son apolíticas. Todas tienen una agenda de microdesarrollo, proyectos de microempresa. Se trata de una política ultrarreformista disfrazada de acción social, una agenda política que implica no actuar sobre la estructura de poder, no insertarse en la lucha de clases, sino otra forma de hacer política que consiste en la búsqueda de la colaboración de clases. ¿Dónde está el poder en los países? En el Estado y en los grupos dominantes nacionales e internacionales que lo manejan. Se trata del lugar de conflicto que dispone de mayores recursos y que actúa de intermediario entre el mundo, los poderes imperiales, el mercado global y las comunidades. Para lograr cambios estructurales, el pueblo debe conseguir esos recursos, los ingresos que recibe el Estado, y redistribuirlos según criterios de clase. Y no admitir la autoexplotación de los pobres para conseguir una casa o una clínica –la autoayuda de la que tanto hablan las ONG–, mientras los ejecutivos de estas organizaciones no gubernamentales reciben enormes salarios: conozco algunas ONG, que no son las más grandes, donde los directores reciben entre 30 y 100 mil dólares por año. Las grandes coordinadoras de las ONG, como las que están en Barcelona, tienen palacios, centros con bibliotecas, reciben dineros de ministerios de Defensa y son centros de penetración y difusión de ideologías hegemónicas.
—Sin embargo, cuando uno escucha a muchas ONG nota en sus posturas y discursos valores de izquierda. ¿Se contradice esto con el papel que, según usted, estas organizaciones de-sempeñan en la práctica?
—Eso se debe a que muchos ex izquierdistas han tomado el camino de las ONG, porque la lucha de clases, sindical y política, no paga bien; es un trabajo duro y peligroso. Muchos se pasan a las ONG porque éstas les ofrecen salarios en monedas fuertes y porque les permiten viajar, adquirir jerarquía social, figurar en los diarios y revistas, hablar con gente importante… Pero sobre todo porque así salen de la marginalidad y se transforman en pequeños burgueses ejemplares, incluso con aspiraciones a entrar en los ministerios de Desarrollo o de Bienestar Social cuando asume algún gobierno de centroizquierda, y así convertirse en funcionarios permanentes con un buen salario, pensión jubilatoria, vacaciones y todo lo demás. En realidad, muchos integrantes de las ONG son ex comunistas, ex socialistas y ex dirigentes populares, que sufrían con el pueblo y que estaban sometidos por las asambleas. Ahora, sin embargo, son jefes, les gusta tener secretaria, vehículos 4x4, acceso a la tecnología y gozar de los privilegios que antes criticaban. La mayoría de ellos rondan los 30, 40 años, tienen hijos en la escuela pública y sus parejas están cansadas de soportarlos en el activismo político… Para ellos, trazar un camino como el que he descrito saben que les abrirá la puerta a lo que desean: colegios privados para los hijos, comer fuera tres veces por semana y pagarle a una mucama para que limpie la casa. Sin duda, poder disfrutar de ese nivel de vida actúa como una poderosa fuerza de atracción para quienes han pasado un tiempo en la lucha de clases y se han cansado de ésta. Ahora, todos estos ex izquierdistas prefieren integrar la clase media y proyectar una imagen progresista.
—No obstante, usted indicaba que hay una porción minoritaria de ONG que cumple un papel positivo y cuyas acciones apuntan a las fuentes de las desigualdades. ¿Qué distingue a unas ONG de otras?
—La ideología. Algunas ONG sí entienden que la vanguardia de la lucha son los movimientos de masa, que la forma de mejorar la vida parte de la lucha de clases o a favor de las etnias oprimidas. Son organizaciones que no tratan de sustituir a los movimientos populares, sino que están dispuestas a complementar las actividades, a ofrecer apoyo material y financiero –si es que tienen algunos recursos, porque normalmente estos grupos, por su misma política, no tienen mucho dinero– y también a asumir las responsabilidades que el movimiento determine. Por ejemplo, muchos movimientos en los que participo exigen una agenda de educación política y de economía política: los problemas que plantea el imperialismo, comentarios sobre la competencia entre poderes, incluso análisis críticos de las ONG. Las ONG realmente progresistas aceptan preparar sus programas de educación y de formación según esas exigencias. Además, y esto es fundamental, las ONG deben ir al campo, es decir, deben ser ellos quienes acudan a los lugares donde reside el movimiento social; y no al revés, como sucede muchas veces. No es un problema de distancia física, sino una cuestión de la actitud que transmiten: “Nosotros somos los brillantes, los iluminados y vosotros pobres debéis venir aquí y aprender y luego volver a vuestra comunidad”. Hay que poner las botas en el barro y matar mosquitos para mostrarse como una ONG dispuesta a aportar solidaridad.