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Los argentinos prefieren a María antes que a los santos

El santoral católico es pródigo en santos y vírgenes que convocan a millones de personas año tras año, que se acercan a los santuarios para agradecer o pedir. El fervor popular y la fe también abrieron paso a negocios colaterales, como las santerías, las ferias y hasta el turismo religioso. En la última década, la cantidad de fieles aumentó casi un 50%.

Por Tamara Montenegro

MULTITUD. La Virgen de Luján convoca a cientos de miles de fieles.

Hay un dicho que dice que la fe mueve montañas, pero lo cierto es que convoca a miles y miles de personas. La devoción hacia las imágenes religiosas “oficiales” –y no oficiales– es cada vez mayor en la Argentina, registrando un crecimiento estimado en un 50% en la última década. El pasado 19 de abril una larga fila de personas –en total pasaron 150 mil– esperó a que la iglesia ubicada en Azcuénaga y Mitre abriera sus puertas para rezarle a san Expedito, patrono de las causas justas y urgentes. Lo mismo ocurre todos los 7 de agosto con san Cayetano. Un mes antes los devotos del patrono del trabajo se instalan en carpas en el barrio de Liniers para agradecerle los milagros. En 2006 llegó a haber 20 cuadras de cola –6 más que en 2005–. Pero el récord de popularidad lo tienen las caminatas de peregrinos que llegan a la Basílica Nuestra Señora de Luján en los meses de mayo y octubre. La Virgen de Luján es considerada como la “patrona de la Argentina” y se calcula que la visitan unos 6 millones de fieles al año. Otra multitud acompaña y celebra las fiestas de la Virgen de San Nicolás, la Desatanudos y la de Lourdes. ¿Cuál es el porqué de esta devoción? El sociólogo Aldo Ameigeiras, especialista en temas de cultura y religión, explica: “El fenómeno responde a la necesidad de buscar mediadores que nos acerquen a la divinidad. Una imagen, una estampita o una estatua son elementos que hacen que la gente se sienta con Dios”. Enfatiza en que las edades de los fieles son variadas y que es notable la cantidad de jóvenes devotos: “Siguen la tradición de sus padres y abuelos. Por lo general la devoción a los santos es característica de las clases populares”. Y aclara: “La fe se manifiesta tanto en los símbolos que han sido legitimados por la Iglesia Católica como en los ídolos convertidos en figuras míticas por el pueblo”.

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Tours sagrados. Las celebraciones religiosas se han convertido en los últimos años en un fenómeno turístico. Si bien la Sectur todavía no ha relevado una cifra concreta, el organismo afirma que el turismo religioso ha crecido en Buenos Aires y en Capital Federal. Según datos de la Secretaría Nacional para la Pastoral del Turismo, la demanda ha crecido en un 50 por ciento en relación con la década pasada, aunque tampoco manejan números concretos. El destino más requerido es Luján, a donde llegan visitantes del Mercosur y de España. En segundo lugar, se encuentra la iglesia de San Nicolás y también son muy solicitadas los hospedajes monásticos para hacer retiros espirituales.

El santo se viste a la moda. Alrededor del fenómeno, obvio, también hay un pingüe negocio: las ferias donde se venden objetos con la imagen de los santos. Jorge arma su puesto los días de san Expedito y de san Cayetano. “La gente compra aunque haya crisis económica porque lo único que importa es la fe”, afirma mientras vende a una señora un reloj luminoso con la imagen del patrono del trabajo. Comenta que lo que más se llevan son las pulseras de plástico con figuritas de diferentes santos. En los altares de Gilda o del Gauchito Gil, “santos” populares a pesar de la Iglesia Católica, se venden –además de cadenitas y estampitas– remeras que cuestan entre ocho y diez pesos. “Una figurita, una estampita o los mismos accesorios hacen que la protección que se pide los acompañe en la cotidianeidad. La gente necesita materializar su fe”, explica Ameigeiras. Pero el negocio excede a las ferias populares. Liliana Goldín tiene una joyería y es la creadora de una línea de accesorios adornados con imágenes religiosas llamada Simplemente Maravillosa. “Nuestra idea no es transgredir la moda sino que la gente logre un vínculo personal con la iconografía del santo, por eso fabricamos artículos de joyería muy económicos”, aclara Goldín. Las firma distribuye sus pulseras, aros, anillos y colgantes a joyerías, santerías y boutiques. “La concepción del hombre como ser religioso, fundada en supuestos míticos, no ha podido excluirse de las sociedades ni siquiera con la tradición racionalista que intentó instaurar la Modernidad”, remata Ameigeiras.

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Edición Impresa

Domingo 29 de abril de 2007
Año II Nº 0174
Buenos Aires, Argentina

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