carlos castillos*
Un diccionario ilustrado “biciclopédico”, con 1.600 definiciones para 167 palabras del castellano, es el nuevo aporte de niños de la provincia de Salta para el acercamiento al idioma y al arte universal.
Para Agustina, de 7 años, un “diccionario” es “un libro gordo que tiene que adelgazar”, o “una cosa que no muerde”, según Nicolás, de 12. Pero “Alma” es “la memoria del cuerpo” (María Paula, de 10 años); “Cerro: Tierra vomitada por los dioses” (Gianfranco, 11 años), y “Patria: Lugar donde viven las personas y los héroes” (Martina, 5 años).
Estas son algunas de las definiciones de los alumnos de Silvia Katz, la artista plástica que dirige El Taller Azul, “un espacio de arte” para niños de entre 4 y 13 años, y que está destinado a “fomentar la libre expresión creadora de los niños, en plástica y últimamente también en literatura”.
Silvia contó que, al término de las actividades de todo un año, había reunido unas 5.000 definiciones y cientos de ilustraciones que seleccionó para este diccionario, que podría tener una segunda edición en el futuro.
“Durante todo el año 2006 fui recopilando frases”, dice, y se defiende de las dudas de los incrédulos, a quienes les cuesta creer que los niños sean capaces de expresar esas cosas, sin la ayuda o la intervención directa del adulto.
“Claro que existe todo un ambiente de estímulo, guía, orientación, pero son ellos los creadores y los responsables de estas definiciones originales”, agregó Silvia, en defensa de su obra y de sus niños.
Motivados. Los recursos de motivación son muchos y diversos. “Elijo palabras y pregunto directamente, hacemos sorteos de palabras para descubrir su significado, uso títeres o marcianos preguntones que llegan a la Tierra y quieren saber todo de los terrícolas. Y, con los más grandes, aliento la utilización de metáforas que ya conocen y dominan”, explica.
Silvia conoce y valora experiencias anteriores, similares, que le sirvieron también de referencia para su trabajo, como el caso de su compatriota Aarón Cupit que, entre otras obras, legó la llamada Juguemos a imaginar, con expresiones y definiciones de los niños.
También ha sido referente el uruguayo José María Firpo (1938-1970), un maestro que publicó varias obras de repercusión internacional como El humor en la escuela o Qué porquería es el glóbulo, llevadas incluso al teatro en ambas márgenes del Río de La Plata.
Pero hay más. El italiano Gianni Rodari (1920-1980) siempre fue partidario de la libre expresión del niño y aportó numerosos trabajos al respecto, como La Gramática de la fantasía. O el también uruguayo Jesualdo Sosa (1905-1982), que basó su extensa obra pedagógica a comienzos del siglo XX en La expresión creadora del niño y dejó para la posterioridad, entre otros, Los 500 poemas de los niños de Jesualdo.
El brasileño Paulo Freire (1921-1997) fue el creador de la teoría de La educación como práctica de la libertad y enemigo de la educación institucional tradicional, a la que definía como “educación bancaria”, en la que el niño es apenas un recipiente, donde los adultos “depositan” los conocimientos y él los recibe en actitud pasiva y sin posibilidades de intervenir.
Etimologías. Lejos de estos valiosos aportes teóricos y prácticos de los grandes educadores, los niños de Salta se divierten en El Taller Azul de Silvia Katz, y hacen sus propias interpretaciones de tantas palabras, impuestas por los mayores.
Poco les preocupan seguramente las definiciones de la Real Academia Española (RAE). Para ellos un “Golpe de Estado” es “algo que deja noqueado al país” (Alejandro, 13 años) y un “Presidente” es “el rey del país, pero sólo por cuatro años” (Santiago, 9 años).
“Madre” es “alguien que te aguanta cuando te hacés pipí en la cama” (Teke, 9 años) y el “Padre” es “lo segundo más bueno que nos ha pasado” (Juan Martín, 9 años). Mientras que “Casamiento” es “cuando la mujer se viste de blanco para demostrar su inocencia y el hombre, de negro, para todo lo contrario” (Almendra, 9 años).
La RAE define al artista como una “persona dotada de la virtud y disposición necesarias para alguna de las bellas artes”. Mucho de eso tienen estos niños de Salta, aunque para Francisca, de 10 años, la definición de artista es bien diferente: “Es un títere de Dios”, escribió.
Quienes accedan al “Pequeño Ilustrado-Diccionario bicicloplédico” de estos niños salteños con una actitud atada a los convencionalismos creerán que es una locura más. Es decir, “una acción privada del juicio o del uso de la razón”, tal como define la RAE a una “acción desconsiderada”.
Agustina, de 7 años, podría coincidir con esa definición de locura, aunque para su diccionario escribió con mucha mayor sencillez: “Locura: Cuando querés ir para un lado y vas para otro”. Y en cierta manera, coincide con los académicos, porque este aporte infantil también es “una acción que, por su carácter anómalo, causa sorpresa”.
Mucho de locura, arte, imaginación, creatividad, poesía y libertad hay en esta nueva experiencia creadora. Rompe con moldes, derriba estructuras convencionales, abre caminos a la libre expresión creadora de los seres humanos y además es un reconocimiento a la sabiduría infantil.n
* DPA