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el Observador
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La Comisión Directiva aprobó obras en el club sobrevaluadas y con una supuesta competencia entre empresas fantasma. La iniciativa llevó la firma de uno de los vicepresidentes. Sospechas de financiamiento para los barras.

Por Rodolfo gonzalez arzac/carlos romero
25.02.2007
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Millonarios. La fuente de ingresos de los que manejan la hinchada es variada: reventa de entradas, seguridad, merchandising y porcentajes de los pases de jugadores.

Foto: Cedoc perfil

   
Los barras tienen camionetas importadas, cargos de gerente, sobres mensuales bien gordos, y armas de fuego que se disparan los domingos al mediodía, a la hora del asado, un rato antes del partido. El presidente veranea en Punta del Este y, a pesar de que la Justicia clausura el club en un hecho sin precedentes, se zambulle una y otra vez en el mar, antes de regresar a Buenos Aires y jurar que su club es el más seguro del mundo. El director técnico acerca inversores, una y mil veces, y duplica su sueldo millonario después de disputar cuatro campeonatos y no pelear ninguno. En River pasan cosas raras. Muchísimas cosas raras. Y ninguna de ellas podría ocurrir sin dinero negro.

En los balances de River, por supuesto, no hay un ítem que detalla los 70 mil pesos que, se sabe, reciben los líderes de la barra brava todos los meses. Pero la plata de algún lado sale. PERFIL accedió a documentación oficial del club del área de obras y planeamiento. Y luego contrastó los hechos con los dirigentes de la oposición que ocupan cargos directivos. A partir de allí se pudo reconstruir una historia, también insólita, que evidencia cómo se blanquea dinero. La trama incluye sobreprecios de más del 300 por ciento, empresas fantasma y un error ortográfico decisivo.

Voceros del presidente José María Aguilar dijeron a este diario que estaba inubicable para responder las consultas.

La piedra del escándalo. El caso testigo fue el proceso de adjudicación de una obra para la construcción del gimnasio de fútbol amateur. El despacho preparado para ser votado por la comisión directiva, firmado por el vicepresidente segundo Domingo Díaz, llamó la atención de los vocales y dirigentes de la minoría. Estos socios iniciaron una investigación. Y empezaron por uno de los tres oferentes.

“Teníamos sospechas de que era una empresa fantasma. Quisimos averiguar quién era MCI, una de las firmas que había ofertado y había servido como el precio más caro para que se adjudicara a otras dos. Llamamos al celular: no se correspondía con un abonado. El mail volvía rebotado. Cuando quisimos constatar el domicilio, en el barrio de San Martín, nos encontramos con el problema de que las calles no se cruzan. Y el terreno queda en Villa La Cárcova. Lo único que existe es un tal Hugo Alfredo Quiroga, que no tiene personal contratado. ¿Cómo puede esa persona que no tiene personal, cuya dirección electrónica es “mantenimientohugo”, hacer un presupuesto por una obra de infraestructura por un monto de 300 mil pesos?”, se preguntan Juan Manuel Lanas y Gabriel Corigliano, vocal titular y miembro de la comisión fiscalizadora respectivamente. Por si fuera poco, seis meses antes, la invisible MCI había construido un frontón de tenis por unos 65 mil pesos.

Con ese dato, la oposición consiguió suspender la obra (aunque la primera etapa había sido adjudicada, puesta en marcha, y terminada sin la aprobación de la comisión directiva). El segundo paso de la investigación fue convocar a empresas de primera línea para comparar precios por los trabajos que todavía no habían sido hechos. Así pudieron constatar, por ejemplo, que por la instalación eléctrica que la firma Constructora Americana había tasado en 47.550 pesos, en el mercado no pedían más de 23 mil pesos. También, que la colocación de perfiles y cristales que la empresa Carlos Contreras había ganado por un precio de 186.600 pesos, otra compañía –con una larga trayectoria en obras para grandes empresas– la cotizó en 51 mil pesos.

“Entonces decidimos investigar para atrás”, apuntan Lanas y Corigliano. ¿Qué encontraron? Que entre 2004 y 2006 las compulsas de precios tienen siempre como protagonistas a Carlos Contreras, MSI y Constructora Americana. Y que en ese mismo período ganaron cerca del 75 por ciento de los contratos por unos 650 mil pesos.

En noviembre del año pasado los dirigentes de la minoría de la oposición tuvieron una reunión con el presidente del club. Los vocales Andrés Ballotta, Juan Manuel Lanas y Rodolfo D‘Onofrio y el miembro titular de la comisión fiscalizadora Gabriel Corigliano le mostraron las evidencias a José María Aguilar. Lanas fue más lejos y le pidió la renuncia del vicepresidente segundo Domingo Díaz. El último elemento de la larga lista de evidencias fue la documentación de la obra del gimnasio de vóley, que había tenido despacho en 2005. Llamativamente dos de los oferentes –MCI y Carlos Contreras– habían escrito gimnasio con la letra “c”. Era el colmo.

“Parece que fueron al mismo colegio”, interrumpió el presidente de River, siempre ingenioso y hábil para facturar simpatías. Y, acto seguido, prometió tomar el toro por las astas. Desde entonces, nunca más se escuchó hablar del tema.

“Lo de Díaz lo saben muchos dirigentes en River”, confirma el abogado Marcelo Parrilli. Y agrega: “La playa de estacionamiento costó el doble de lo que debería haber costado”. Justamente, una de las etapas de esa obra, a la que accedió este diario, tuvo entre los oferentes a Carlos Contreras y Constructora Americana (aunque esa vez les tocó perder). Obra de la casualidad, “la construcción del estacionamiento” fue la excusa que usó José María Aguilar ante la Justicia para explicar por qué no pagó el Impuesto a las Ganancias de los empleados del club. Y por eso mismo fue procesado.

La otra caja. River es líder en transferencias. Tiene el récord de los últimos 10 años, con 248.377.000 dólares exportados en jugadores. Cada vez se van más jóvenes (el Pipita recién había cumplido 19 cuando fue vendido por 18.000.000 de dólares). Pero mientras la bolsa se llena, llueven las denuncias contra Aguilar y el secretario Mario Israel, apodado por la oposición con el sugerente mote de Monje Negro.

El caso más sonado fue el bluf entre Aguilar, Israel y Ricardo Hardoy, un empresario relacionado con Passarella que estaba quebrado pero que casi se queda con una tajada de los derechos federativos de varias promesas millonarias (ver recuadro). También hace ruido la aparición recurrente de Fernando Hidalgo, el representante con más peso y éxito en los pasillos de Núñez.

En septiembre pasado, Hidalgo fue el nexo para que el israelí Pinhas Zahavi (dueño del club Locarno, de la segunda división suiza) comprara nada menos que el 50 por ciento del pase de Gonzalo Higuaín y el 30 por ciento del de Fernando Belluschi. El total de la operación fue por 13.000.000 de dólares, e incluyó a otros tres futbolistas. Zahavi, varias veces salpicado en tramas de corruptela en el mercado de pases, es socio de Hidalgo en HAZ, una firma dedicada a las operaciones con futbolistas que se completa con el escribano Gustavo Arriba, muy cercano a Mauricio Macri. Por esa oportuna compra y la posterior venta del Pipita, en sólo tres meses el Locarno ganó unos 4.000.000 de dólares. Así y todo, Aguilar habló de “un negocio brillante”.
“La última” de Hidalgo fue la llegada del ignoto defensor colombiano Nelson Rivas, a quien los muchachos de la tribuna Sívori alientan sin parar, como si de ello dependiese mucho más que un partido. “Si siguen así, me voy a nacionalizar”, llegó a decir el central. Y no es para menos, por lo que le costó a River. En principio, el pase (en manos del Locarno) valía 1.200.000 dólares. River accedió a un préstamo por 200 mil dólares hasta el 30 de junio, pero en dos meses el precio de Rivas se duplicó: ahora la opción es de 1.600.000 dólares y sólo por el 50 por ciento.

El “señor de los pases” en River es Mario Israel. Con él hay que hablar para cerrar cualquier compra o venta donde los ceros vienen por docena. El Monje llegó al club en 1983, de la mano del ex presidente Rafael Aragón Cabrera. “El que preside es Aguilar pero el gobierno es de Israel: es el gran operador de los negocios del fútbol”, dice el abogado Daniel Kiper, opositor sin cargo en la CD. “El poder en el club lo tiene Israel. El cierra todos los pases”, agrega Parrilli.
Las transferencias son cada vez más complejas. Y los intermediarios están en alza. En el caso del paquete de futbolistas de Rosario Central, por ejemplo, el agente Norberto Silvetti se quedó con una comisión del 7,5 por ciento sobre el monto neto del acuerdo por los jugadores “canallas”. Hasta hace poco, lo acostumbrado era el 4 por ciento.

Lo más novedoso, sin embargo, es que ahora los barras están interesados en los millones en danza. “¿Cómo se financia a la barra? Habría que mirar las verdaderas cifras de la compraventa de jugadores. No se conoce a los grupos empresariales y aparece Passarella presentando inversores. Uno puede sospechar de una triangulación”, apunta Horacio Roncagliolo, socio y dirigente de la oposición. Marcelo Parrilli, pocos días atrás, denunció que la verdadera razón de las piñas entre los patovicas Alan Schlenker y Adrián Rousseau era una parte que les tocaba por la venta de Higuaín. “Seguro que hay porcentajes fijos para éste y otros negocios de donde se lleva plata la barra. Es sólo una miga de todo lo que se cierra en River, pero por los montos que se mueven debe ser una miga nada despreciable”, sostiene Parrilli.

La sucesión. Alan y Adrián, los dos jefes de la barra de River, y otros cuatro miembros de la segunda línea del grupo fueron suspendidos como socios (entre ellos, Martín Gonzalo Acro y Alexis Decoste que, como descubrió Olé, cobraban 5.700 y 4900 pesos como empleados de la institución). El club anunció que pedirá que no se los deje entrar al Monumental los días de partido. Y algunos ya se animan a hablar de la guerra por la “nueva” conducción de la barra. Otros, sin embargo, no dan por muertos a los patovicas. “Ahora viene una extorsión tras otra: los capos no se van a caer sin revelar los secretos que conocen de los dirigentes”, advierte un socio.

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No es el único problema que enfrenta el oficialismo de José María Aguilar. Entre los dirigentes de la conducción de River, no son pocos los que dejaron de usar los celulares: temen que la Justicia pueda rastrear las llamadas y encuentre pruebas de los vínculos habituales con los violentos (ver recuadro). Por si fuera poco, se desató una guerra interna. De un lado están quienes apoyan a Antonio Caselli, secretario de actas, que ya anunció su próxima candidatura. Del otro, los que permanecen fieles al presidente. Las acusaciones cruzadas crecen con las horas. Y son cada vez más fuertes. Al paisaje, por ahora apocalíptico, se le suma una última información: el mandato de Aguilar vence en 2009.

Dirigentes y barras, investigados en la Justicia
La doctora María Laura Martínez Vega, a cargo del Juzgado Contravencional y de Faltas N° 9 porteño, decidió levantar el jueves pasado la clausura que pesaba sobre el estadio de River y sus instalaciones, luego de que una inspección ocular convenció a la fiscal Claudia Barcia. Sin embargo, la suspensión de cinco fechas que el Ministerio del Interior le aplicó al Monumental lo sigue cerrando al fútbol. En cuanto a la Justicia en lo Criminal, está en marcha el proceso que impulsa la fiscal María de los Angeles Gutiérrez, una causa que hace foco en Los Borrachos del Tablón.

A partir de la batalla campal que el 11 de febrero pasado tuvo lugar en el quincho del club, la Fiscalía Contravencional porteña Nº 11 estudia la responsabilidad de dirigentes y barras. Jorge Cevasco, fiscal general en lo Contravencional y de Faltas, dijo a PERFIL que la investigación sigue en marcha y se espera que en abril llegue a juicio. Sobre la posibilidad de usar el rastreo telefónico con los imputados, Cevasco no dio precisiones (pesa el secreto de sumario) aunque aseguró que es válido. “No sabemos si se está haciendo o no, pero puede emplearse”, aseguró.

“La administración fraudulenta del club no es competencia nuestra, pero si la determinamos la vamos a denunciar”, agregó el fiscal. Entre los elementos de peso que se barajan en la investigación, Cevasco destacó que, a través de testigos, se determinó que en la escena del hecho “había más personal policial y de seguridad del club que el que se mencionó originariamente”. Todos los ojos están puestos sobre River. Nadie sabe si serán suficientes para frenar la violencia.

La extraña obsesión del técnico
Daniel Passarella no está pasando por un mal momento, a pesar de que en River las cosas ardan y se hable de causas penales, crisis institucional, barrabravas y extorsiones. En la cancha, su equipo gana y empieza a gustar. Por otra parte, el DT está lejos de sufrir problemas financieros.

En una de las últimas reuniones de la comisión directiva, el club decidió subirle el sueldo generosamente. Su recibo pasó de marcar 12.000 pesos a 24.000, y sus ingresos en concepto de prima casi se duplican: ahora percibe 1.000.000 de pesos. A eso se suma que, en cuanto a premios, continúa recibiendo el doble que los jugadores del plantel. El Káiser sigue acercando grupos inversores al mercado de pases millonario. Se dice que si no fuera por él, el pase de Mauro Rosales (que costó 1.800.000 euros) se hubiese truncado. Rosales estaba resignado a quedarse en el Ajax de Holanda, pero Passarella contactó a un empresario para encauzar la operación. Menos afortunadas fueron sus influencias con el agente Ricardo Martín Hardoy. Aguilar e Israel habían aceptado la propuesta de Hardoy: 3.000.000 de dólares por un porcentaje que iba del 15 al 30 por ciento en los derechos federativos de 16 juveniles del club. Pero cuando la transacción tuvo que ser aprobada por la comisión directiva, saltó a la luz que el empresario era insolvente. Hardoy estaba procesado por quiebra fraudulenta. La operación fue cuestionada por los vocales Andrés Ballotta, Juan Manuel Lanas y Rodolfo D’Onofrio. Más tarde, en los pasillos de Núñez, trascendió que entre los allegados al financista había dos amigos del Káiser: el Mono Buscaglia y Gustavo Murillo (miembro de la comisión fiscalizadora).


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