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cultura
LIBROS
Pasajero en tránsito
Por Alejandro Bellotti

25.02.2007
  e54
 

Mapa. Luego de La voluntad, Caparrós se aboca a narrar el espíritu nacional.

Foto: Cedoc

   

A lomo de un Renault blanco –otrora propiedad de Osvaldo Soriano– Martín Caparrós galopó casi treinta mil kilómetros durante algo más de cinco meses para retratar 14 provincias argentinas, en un intento por “contar un país”; una tentativa ambiciosa por desentrañar el sentido del denominado “ser argentino”. Lejos de la sustancia ontológica, lo que Caparrós consigue es capturar un relato pormenorizado de pequeñas historias que conforman esa obra gigantesca que es El interior.

Alimentada por la máxima sarmientina de civilización o barbarie, Buenos Aires y el interior han protagonizado encarnizadas luchas por la supremacía soberana. Una dicotomía que nutrió el modelo de bipolaridad en un país escindido en sus delirios europeizantes por un lado, y el atraso campechano por el otro. El autor, lejos de sostener el pregón, se empecina en buscar rasgos identitarios que nos convoquen como totalidad. ¿Será el grito de gol, padecer el mismo gobierno o pedir el café con el mismo gesto? Son preguntas capitales que lo guían en su empresa.

En éste, el primer volumen de la serie, el cronista se interna en la parte norte del país: Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes, Misiones, Chaco, Santiago del Estero, Catamarca, Tucumán, Salta, Jujuy, La Rioja, San Juan, Mendoza y Córdoba. El segundo tomo –sin fecha de publicación aún– estará dedicado enteramente al Sur; una división trazada por imperio del arbitrio. Separación embrionaria: “Este país se ha especializado en dividirse. Pero he dado con una división que me interesa: están por un lado, al norte de Buenos Aires, las regiones que crearon la Argentina; y, por el otro, al sur, las regiones que la Argentina creó. Se podía ser mendocino, salteño o cordobés, antes de ser argentino. Pero la mayor parte de la Pampa y toda la Patagonia son el efecto de la Argentina”, escribe Caparrós.

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Caparrós no reniega de su rol de explorador. No. El ocupa su lugar: es un porteño, es la voz que marcha al encuentro de otras muchas voces olvidadas en la intrascendencia. Y así asume el periplo, con su atracón de prejuicios. Pero también con sus glándulas perceptivas afinadas para aprehender aquello que le permita dese mpalagarse de los mitos que inundan la imaginería porteña. Esa que supone la visión (torpe) de un interior del gaucho-rancho-china-alpargata, cuando en rigor casi el 80 por ciento de la población que habita esa extensión lo hace en ciudades. O la que eleva al interior al nivel de reservorio de tradición y verdadera argentinidad, cuando en realidad el interior es –también– una amalgama de diversidades.

Es ahí donde la tarea de Caparrós deviene titánica y reveladora; porque él hizo lo que nadie en tremenda extensión: recorrer, mirar, indagar, escuchar, para luego reflexionar. El fruto es este archivo coral polifónico. Un gigantesco catálogo que late con esas minúsculas historias que le sirven al cronista para armar pieza por pieza su mapa monumental de más de seiscientas páginas.
Y allí están el padre misionero que acaba de vender a su quinto hijo como botón de muestra de Misiones, la provincia del tráfico de niños; un torturador tucumano de los años duros que refleja cicatrices de la memoria que aún sangran. Frescos de un país que es todo eso y que el autor devela sin moralinas condenatorias. Y también están el santuario del Gauchito Gil, la vida junto al río, la Triple Frontera, el caudillismo político, el imperio de la soja, el carnaval, las hectáreas malvendidas a un inversor norteamericano. Así, ese pasajero en tránsito que es Caparrós enaltece su proclama política: darles voz a los que no la tienen, a aquellos que figuran sólo en las estadísticas de la tragedia.

Es en su narración donde el autor da cuenta de su (mejor) momento. Porque es el propio Caparrós quien trasciende el estilo Caparrós; un riesgo que asume y supera con pericia. Versos que driblean la prosa y componen una proteica cadencia narrativa. Voces que cantan sus colores en registro discepolesco, porque están ahí como son, como se enuncian, con sus tonalidades y matices. Un cúmulo de imágenes que potencian la imaginación y liquidan el tedio. Un artilugio que dispara al libro como volumen multitarget que bien puede ser devorado por intrépidos aventureros, amantes de la crónica o novelistas sedientos.

Cada época tuvo su cronista: Mansilla, Soiza Reilly, Roberto Arlt. Sin dudas, el cronista actual por antonomasia es Martín Caparrós, quien, para coronar la consecuencia, inauguró el siglo con su Gran Crónica de la Argentina. Un volumen que sin dudas será material de consulta para las próximas generaciones a las que les toque en suerte nacer en Buenos Aires, o en el interior.

El interior
Autor: Martín Caparrós
Género: crónica
Otras obras del autor: Larga distancia, La guerra moderna, Valfierno
Editorial: Seix Barral, $ 44

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