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fuera De cuadro
La sombra de un ‘fauve’
Por J.S.
25.02.2007
Frente a este Ramo de flores, un clásico motivo de la historia del arte, resulta curioso que su autor, Maurice de Vlaminck (Francia 1876-1958), se jactara de no haber pisado el Museo del Louvre. Es cierto que se lo conoce como un rebelde feroz, para algunos el más fauve (fiera) entre los fauves. Pero su obra –sobre todo ésta– aparece poblada de geniales influencias.
La pintura se le plantó como opción en 1900, cuando la fiebre tifoidea frustró su carrera de ciclista (que ejercía junto con el dictado de clases de violín) y conoció a André Derain, futuro compañero de taller. Un año después, se deslumbró con una muestra de Vincent Van Gogh, por lo que entró a la revuelta fovista (buena y breve: 1904-7) con paletas intensas y pulsión típicas del holandés. En 1907, lo entusiasmó Paul Cézanne, ese mix de representación, abstracción y expresión individual que es emblema de modernidad.
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Pintó Ramo... en 1909. El trabajo ya no traduce la apoteosis del “sentido flamenco de la alegría”, esa fiesta de contrastes poco sofisticados que, antes que evocar fuegos artificiales aristocráticos, remitían a una “kermesse”, como decía el poeta Apollinaire. Detrás de este lienzo hay un ojo geometrizante y sobre él, líneas violentas y un choque apasionado entre colores fogosos y helados. El clima general es sombrío, aunque los tonos de las flores traten de seguir festejando. Pensándolo bien, no es tan raro que Vlaminck creyera que un artista debía empezar desde cero. Sin borrón, cuenta nueva. Dados los referentes que conoció fuera de las salas archilegitimadas, debe haber sentido saciedad y hasta atracones. O bien un hambre de actualidad imposible de aplacar.
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