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Culebrón chic en una isla misteriosa
A pesar de que llega a la pantalla abierta doblada al español y que estuvo en el cable durante dos años, el relato atrapante de los náufragos de Lost, varados en una isla desierta del Pacífico, es un enlatado de lujo.
Por Marcelo Panozzo
18.02.2007
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LOST
Autores: Serie creada por J.J. Abrams y Damon Lindelof.
Elenco: Con Matthew Fox, Naveen Andrews, Yunjin Kim, Josh Holloway, Evangeline Lilly, Jorge García, Dominic Monaghan.
Cuándo: Domingos a las 21, por Canal 13.
Foto: Gentileza AXN
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Si tras haber desfilado durante más de dos años por el cable con sus repeticiones y todo, si a pesar del intenso tráfico de episodios que se produce online, si a pesar de estar doblada al español, si a pesar de ir en el horario suicida del domingo a la noche una serie como Lost no sólo logra hacer un número de rating interesante sino que además puede llegar a ganar su franja, convertirse en lo más visto del día en las primeras emisiones y empujar a Canal 13 en la lucha por el primer lugar, entonces ahí tiene que estar pasando algo.
Más allá de la trampita demagógica del enunciado (que un ciclo haga buen número no garantiza nada, de hecho el rating descendió a 8.4 el domingo pasado), es justo decir que Lost es un programa de TV notable, de los más inspirados y suculentos de los últimos años. Y si funciona en la tele abierta a pesar de todo, puede ser porque más que capturar el Zeitgeist, el “espíritu de nuestra época”, funciona como antídoto para la TV actual, en contra del Zeitgeist televisivo: un espectador acostumbrado a la obviedad de pronto se encuentra con el misterio, y en lugar de la tacañería de todos los días la pantalla le propone un relato exuberante, ramificado, bien escrito y mejor actuado. No es normal que un artefacto como Lost descienda sobre nuestra tele. Y, quizás (¡ojalá!), por eso funciona.
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Imaginemos, por ejemplo, a la persona que se encuentra con los momentos iniciales del primer episodio de Lost. Un plano cerrado sobre un ojo. El ojo se abre, el plano también, y de a poco se va revelando el infierno: gente herida, gritando, corriendo; una playa top con un avión estrellado; una turbina, todavía girando, se chupa a un señor y, además de cortarlo en millones de partecitas, explota de manera espectacular. Wow... ¿dónde estamos? A partir de allí empezamos a conocer a los protagonistas, y entre ellos aparece uno fundamental: la isla en la que cayó ese avión que volaba desde Australia hasta Los Angeles. Si Jorge Rial, a fuerza de repetir el único latiguillo que tiene, busca dar la idea de que la casa de Gran Hermano “late”, ¿qué queda para la isla de Lost, que es una mezcla de Samba gigante (el juego ese que no dejaba participante en pie, ¿se acuerdan?) y Tren Fantasma perdida en el medio del océano?
Con respecto a lo que sucede en la serie, a la trama propiamente dicha, el éxito del estreno tardío por el 13 indica que es mejor no adelantar mucho, ya que hay cantidad de gente que no conoce la historia o que la está conociendo ahora mismo. Recordemos nada más que en ésta misma columna decíamos, en ocasión de la emisión en cable del comienzo de la segunda temporada (en Estados Unidos ya va por la tercera, que aquí se verá en breve por AXN): “Los Expedientes X se encuentran con Resistiré en Náufrago”. Esto tenía que ver con las tres patas que balanceaban la ecuación Lost: la isla desierta, el misterio (que en un principio tiraba a sobrenatural) y el condimento de culebrón chic, de telenovela de aventuras, que a su modo era y es el responsable de tensar todas las historias, de poner el piso de interés. Con el correr de los capítulos y las temporadas ya se puede hablar de una cuarta pata, la de los protagonistas convertidos casi en prisioneros de guerra. Si usted está siguiendo Lost por Canal 13 y se pregunta de qué manera los náufragos pueden llegar a ser “prisioneros de guerra”, prepárese: el camino que queda es largo y las emociones, muy fuertes.
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