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edición impresa | domingo
economía
Moreno, según Moyano
Por martiz apaz*
18.02.2007

El modelo económico “post-Convertibilidad” ha demostrado ser muy exitoso para hacer crecer la economía a un ritmo acelerado. Es más, hasta fines de 2004 la política económica logró compatibilizar tres de sus principales objetivos: tipo de cambio real alto (peso depreciado), salarios reales crecientes y baja tasa de inflación.
Sin embargo, a partir de principios de 2005, en un contexto en el que la capacidad ociosa de la economía iba desapareciendo, la inflación comenzó a acelerarse. La razón es clara: el ritmo al cual podía expandirse la capacidad productiva resultaba inferior a la tasa de expansión de la demanda (tanto interna como externa), por lo que el aumento de los precios domésticos actuó como mecanismo de ajuste. Asumiendo que la tasa de expansión de la oferta no puede variar significativamente en el corto plazo, las opciones para reducir las presiones inflacionarias deberían concentrarse en moderar el crecimiento de la demanda agregada. En otras palabras, habría que “abandonar”, al menos parcialmente, alguno de los objetivos: o el tipo de cambio real alto o la rápida expansión de los salarios reales.
Nada de ello sucedió. Las autoridades decidieron enfocar la problemática de la inflación desde un punto de vista microeconómico, interviniendo en las empresas tanto en cuestiones de ingresos (precios) como de costos (salarios). Así, a partir de la generalización de acuerdos de precios y de la fijación de “topes” a los reclamos salariales, el Gobierno logró que los precios domésticos no se desborden (aunque el crecimiento de los precios minoristas se encuentra más cerca del 15% que del 10% mostrado por el IPC).
Esta estrategia se repetirá este año. Al igual que ocurrió en 2006, la tarea de mantener la inflación controlada recaerá en la dupla Moreno-Moyano. El éxito de Moreno en el intento por contener los precios dependerá, en buena medida, del éxito de Moyano a la hora de intentar contener los reclamos por aumentos salariales, y viceversa. Por ello, las negociaciones salariales que se avecinan resultan de vital importancia para el éxito de la estrategia oficial de atacar el problema inflacionario desde una perspectiva microeconómica y, consecuentemente, para que el modelo siga funcionando.
*Economista




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