Perfil.Com Google
            l  
edición impresa | domingo
cultura
HORACIO QUIROGA (1878-1937)
Edgar Allan Poe, por Quiroga: la honestidad artística
Por horacio quiroga*
11.02.2007
  e54
 

Devocion. El uruguayo tenía en el norteamericano su faro.
Los dos supieron ganarse la vida escribiendo para la prensa.

Foto: CEDOC Perfil

   

Ultimamente han sido dados a la luz documentos en los que se comprueba que el trabajo literario de Poe era pagado a razón de cincuenta céntimos de dólar la página impresa. Constatando sus cuentos más conocidos de quince páginas, como término medio, y de apenas diez o doce, sus más famosos, nos encontramos con un promedio de seis dólares por cuento, o sea quince pesos de nuestra moneda. Vale decir que uno de los genios más extraordinarios que hayamos tenido (...) solo y aislado en la vida literaria como un diamante, este hombre de inteligencia profunda hasta dar vértigo, debió vivir, comer, dormir, vestirse y alternar con las gentes a razón de un solo peso por página que escribiera.
El caso no es único. Desde Homero hasta Leonardo Frank, pasando por Beethoven cuando vendía urgentemente por veinticinco pesos su quinta sinfonía, el genio adquiere sus privilegios a expensas del bienestar. Pero si no puede llamarse la atención sobre este fenómeno en cierto modo biológico, cabe sorprenderse sin límites ante la honestidad de Poe, tan grande como su genio, que limitó a doce páginas sus grandes cuentos –y ganar con ellos apenas seis pesos– cuando tan fácil le hubiera sido extenderlos hasta veinte o cine páginas (...). Todo debió ser dura y mezquinamente satisfecho con los seis pesos por cuento suyo. Si las necesidades de alcohol, éter y opio eran en Poe tan orgánicas como se supone, pocas torturas debieron ser iguales a la de aquel hombre, cuando su escasez de medios le permitía comer y dormir, pero no drogarse. Hubiera en esos momentos dado una fortuna, de haberla tenido, por una gota de alcohol. Apreciase ahora su honestidad más que heroica, la vergüenza más que divina del escritor, cuando puesto a escribir un cuento lo cerraba en el instante preciso, a las diez páginas, aunque su inextinguible ansia de beber le trastornara su voluntad.
Voluntad, porvenir, decoro, todo en el gran cuentista flaqueó, menos la honradez artística. Pudo haber alimentado holgadamente a la bestia del alcohol, con sólo extender, rellenar sus cuentos de sobriedad extraordinaria. Nadie con más facilidades para hacerlo. No lo hizo. Hoy, sin apremios ni necesidades, y si las tenemos es para llevarnos a extender y rellenar un cuento que sólo lo es de nombre, sólo recordamos de Poe que bebía mucho; de su honestidad apenas podemos ya darnos cuenta.

*Publicado en El Hogar, 10 de agosto de 1927.





Notas relacionadas

Esta edición | Ultimo Momento| Política | Economía | Cultura | Sociedad | Internacional | Deportes | Espectáculos | Columnistas
Noticias | Fortuna | Caras | Hombre | Luz | Mía | Semana | Semanario | Look
SuperCampo | WeekEnd | Parabrisas | Joker/Crucigrama
Página de inicio | Contáctenos| Publicidad | Privacidad | Quiénes somos | Fundación Perfil | Fideicomiso
© Perfil.com 2006 - Todos los derechos reservados