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las 10 preguntas
Boccanera: jadeos de viaje
Poeta, ensayista y periodista, dice que escribe “siempre en tránsito”, en “el espacio donde uno se deja construir por lo diferente y siente la extrañeza de sí mismo”. Entre sus autores favoritos menciona a Patrick Süskind, y recuerda con emoción el comienzo de los cuentos de hadas japoneses con los que empezó a leer.
Por Judith Savloff
11.02.2007
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Jorge Boccanera
Foto: Enrique Manuel Abbate |
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Jorge Boccanera nació en 1952 en Bahía Blanca. En el ‘76 obtuvo el Premio Casa de las Américas de Cuba. Entre sus libros de poesía figuran Contraseña, Polvo para morder, Sordomuda y Bestias en un hotel de paso. También publicó antologías, como Marimba. Escribió además relatos, crónicas e historias de vida como Redes de la memoria. Escritoras ex detenidas y Viaje por la poesía de Juan Gelman, y obras de teatro. La pieza Polski, en coautoría con Carlos María Domínguez, se estrenará este año con dirección de Laura Yusem. También fue secretario de redacción de la revista Crisis y actualmente dirige Nómada, publicación de la Universidad Nacional de San Martín, y prepara la presentación de un nuevo poemario, titulado Palma real.
—¿Cuál es el primer libro que recuerda haber leído?
—Uno de cuentos de hadas japoneses que mi madre pidió en una biblioteca del puerto de Ingeniero White, en Bahía. Se coló entre personajes de historieta como Tikonderoga, Ernie Pike, Langostino y Don Nicola, que consumía afiebradamente. De aquel libro, seguro me impactaron las ilustraciones de Freixas, considerado el mejor dibujante de la historieta española. Recuerdo a emperadores y princesas con su indumentaria de seda y pedrería entre dragones voladores.
—¿Cuál es su autor favorito vivo?
—Cuatro: Aimé Cesaire, Juan Gelman, Patrick Süskind y José Saramago.
—¿Qué libro se llevaría a una isla desierta?
—Sospecho que no quedan islas desiertas. Doy vuelta la pregunta: ¿qué libro escribiría en una isla desierta? Quizás uno que hable de la lluvia torrencial, dándole la palabra a cada cosa. Recuerdo un personaje de Fontanarrosa, un náufrago que una vez rescatado confiesa haber escrito el libro Veinte mil maneras de cocinar pescado.
—¿Cuál es el último libro que leyó o que está leyendo en este momento?
—Leo varios simultáneamente; ando en Por los signos de los signos, del venezolano Luis Britto García; Lengua y herida, del poeta español Antonio Gamoneda; El nomadismo, de Michel Maffesoli, y Rodolfo Walsh, de Eduardo Jozami.
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—¿Qué libro reciente no pudo terminar de leer?
—Un bodrio ideológico. Doctrina de acción revolucionaria, de un tal coronel Pierre Chateau-Jobert. El autor lanza ya en el primer párrafo la “advertencia” de que el lector debe “dejar de lado toda toma de posición y sus prejuicios”, y agrega: “Se debe recomendar al lector avisado no actuar como crítico”. Con esta bibliografía se educaron los Astiz.
—¿Qué libro quisiera releer pronto?
—El río, la autobiografía del poeta guatemalteco Luis Cardoza y Aragón.
—¿Cuándo escribe?
—Siempre en tránsito. Viví tiempos de mudanza y hace rato que lo que escribo tiene el “jadeo del viaje”. El espacio donde uno se deja construir por lo diferente y siente la extrañeza de sí mismo. El desplazamiento, amasado con la respiración del lenguaje, forma una cosmovisión. El viaje abre nuevos interrogantes y es a la vez elección y azar, fascinación por el recorrido y sentido lúdico, imaginación y aventura.
—¿Quién debería ser el próximo Nobel?
—Mi amigo, el escritor costarricense José León Sánchez. Me conmueve la forma en que le dice a todo el mundo que él será el próximo Nobel. Se pasó la mitad de su vida preso en una isla por querer robar en una iglesia las joyas de la Virgen, y en la cárcel escribió La isla de los hombres solos, novela que fue llevada al cine y vendió dos millones de ejemplares. El tipo busca una revancha.
—¿Cuáles son sus rituales o supersticiones a la hora de escribir?
—Debo encontrar una respiración, propiciar el encuentro con un asunto y, en el momento justo, hablarle cara a cara a esa porfía. Uno interpela a esa cosa informe y silenciosa, hasta que en un momento empieza a hablar ella. Es decir: cuando empieza a hablar el poema, yo me callo.
—¿Cuál es su comienzo favorito de la literatura universal?
—Podría ser la frase: “Hace mucho, muchísimo tiempo…”; con la que inician casi todos los relatos de cuentos de hadas japoneses.
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