VIOLENCIA Y NARCOTRAFICO
Río de Janeiro espera más ataques y se atrinchera hasta que llegue el ejército
El traslado de doce jefes de las megabandas de narcotráfico cariocas despierta otra alarma en la ciudad, que esta semana sufrió 19 muertes y decenas de heridos. Mientras los turistas abarrotan sus playas, en las favelas se desangran los narcos, la policía y bandas paramilitares. El presidente Lula Da Silva, preocupado por la seguridad de los Juegos Panamericanos de julio, invirtió 70 millones de dólares en un centro de inteligencia exclusivamente destinado al evento. El caso revela la trama del narcotráfico en más de 300 favelas. Las milicias paramilitares se suman a la lucha por el control del territorio.
RETRATO DE UNA METRoPOLIS
Treinta años de marginalidad y corrupción
El tráfico de drogas tomó una dimensión superlativa en Río de Janeiro. Instalado en por lo menos 300 de las 752 favelas cariocas, se diseminó de tal forma que modificó no sólo la imagen de la ciudad –poblada de traficantes que transitan las calles con armas de guerra en mano– sino también la vida de sus habitantes.
en el corazon de las favelas
Los paramilitares son otra variable temible en el mapa de la violencia
Policías, ex policías y políticos locales son quienes manejan las milicias. Comenzaron como una respuesta genuina al narcotráfico y a la impotencia del Estado, pero pronto comenzaron a cobrar diezmos a cambio de protección, y controlan desde la venta de garrafas hasta las conexiones ilegales de cable. Los narcos atacaron la ciudad por temor a esta nueva amenaza.
Medio Oriente,
nervioso
Entre sus muchas hazañas ingloriosas, el desastre de Irak será la marca que la administración de George W. Bush deje en la Historia.
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