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cultura
invectivas, insultos, rencores y humoradas de coleccion
Las malas lenguas
Nadie mejor que un escritor para rodear, perseguir, poner en la mira y atacar a otro escritor. Epítetos ingeniosos y elegantes, invectivas plenas de ironía e insultos tan directos como demoledores: todo eso y más, en la boca y la pluma de narradores como Vladimir Nabokov, William Faulkner, G.B. Shaw, Oscar Wilde, Dorothy Parker, Gore Vidal, Mark Twain, Raymond Chandler, Jorge Luis Borges, David Viñas o Roberto Bolaño. Egos, narcisismos y polémicas, en estado puro. Y lo que los escritores opinan sobre el periodismo, la crítica, su oficio y hasta de ellos mismos.
Por ernesto mallo
07.01.2007
  e54
 

Pez

   

Desde los albores de la palabra escrita, muchos autores han dado rienda suelta a sus malas lenguas para referirse a otras personas, y en especial a sus propios colegas. Emecé ha distribuido por estos días el Borges de Adolfo Bioy Casares. Sus casi 1.700 páginas pueden ser leídas como un extenso rosario de chismes. Palabras o actitudes de “Georgie”, expresadas en las habituales cenas en casa de los Bioy, toman estado público por este medio. Las personas confían su intimidad a amigos en la creencia de que ellos no las revelarán. En este diario, Bioy se permite unas cuantas infidencias sobre quien fue amigo y mentor (ver recuadro). Una verdadera pena que Borges no pueda responderle con su temible ironía. En España, la editorial El Aleph acaba de publicar un libro del entomólogo Albert Angelo que se titula Escritores contra escritores, que es un éxito de ventas. Se trata de una recopilación de invectivas que escritores de todos los tiempos y latitudes han expresado sobre sus colegas (ver recuadro “La puñalada...”). En definitiva, aunque en muchas ocasiones los epítetos han sido formulados con elegancia e ingenio, no distan mucho de las reyertas entre vedettes. Es que, un escritor, como cualquier otro artista, es un narcisista que en el mejor de los casos, lo oculta detrás de su obra y sabe que el escándalo siempre rinde sus frutos.

Réplicas venenosas

El escritor J. Russel Lynes, ex editor de la revista Harpers, prescribe varios antídotos contra el insulto: “La única forma elegante de aceptar un insulto es ignorándolo; si no puede ignorarlo, respóndalo; si no lo puede responder, ríase de él y, si no puede reírse de él, es probable que se lo merezca”. La segunda táctica, esto es responder al insulto con otro, ha producido algunas réplicas venenosas que son verdaderas perlas negras.

Denise Robbins: Acabo de terminar mi libro número ciento ochenta y siete
Barbara C: Yo escribí ciento cuarenta y cinco.
Denise Robbins: Oh, ya veo, uno por año.

Ilka Chase: Clare Booth no es sólo leal con sus amigos, también es muy gentil con sus inferiores.
Dorothy Parker: ¿Y dónde los encuentra?

Lord Sandwich: Realmente señor Wilkes, no sé si usted va a morir en la cárcel o por la peste.
John Wilkes: Eso, milord, depende si abrazo sus principios o a su amante.

Lewis Morris: Hay una conspiración de silencio en mi contra. ¿Qué debo hacer?
Oscar Wilde: Unirse a ella.

George Bernard Shaw a Winston Churchill: Acá le hago llegar dos entradas para la primera noche de mi nueva obra de teatro. Traiga a un amigo… si es que lo tiene.
Churchill, por respuesta: Imposible asistir a la primera función. Iré a la segunda… si es que hay segunda.

Lady Astor: Winston, si yo fuera su esposa, le pondría veneno en el café.
Winston Churchill: Nancy, si yo fuera su marido, me lo tomaría con gusto.
La pluma en la yugular
Cuando un colega tiene algún éxito, sobre todo cuando su talento es puesto en duda, hay escritores que no pueden resistir la tentación de humillarlo y se ponen especialmente incisivos al expresarle su desprecio con ingenio y agudeza. De manera general, Jean Cocteau lo dijo así: “Creo en la suerte. ¿De qué otra manera puede explicarse el éxito de quienes detestamos?”. Particularizando la inquina, se han producido célebres piezas de la devaluación:

“Una buena movida para su carrera.”
Gore Vidal, cuando se enteró de la muerte de Truman Capote.

“Hace mucho me di cuenta de que ser Lewis Carroll es mucho más excitante que ser Alicia.”
Joyce Carol Oates

“Nelson Rodrigues es un escritor que consigue ser fatal como un proverbio.”
Telmo Martino

“En el fondo, Ernest, usted nunca ha dejado de ser un Rotario.”
Gertrude Stein a Ernest Hemingway.

“Solyenitsin escribe mal y es un idiota. Una combinación irresistible para hacerlo popularísimo en los Estados Unidos.”
Gore Vidal

“Bernard Shaw no tiene ningún enemigo en el mundo. En compensación, no les agrada a ninguno de sus amigos.”
Oscar Wilde

“James Joyce, escribiendo, me recuerda a un colegial repugnante apretándose los granitos.”
Virginia Woolf

“Es un hombre con una gran aptitud para escribir libros innecesarios.”
Jorge Luis Borges, sobre Leopoldo Lugones.

“Truman Capote hace de la mentira un arte. Un arte menor.”
Gore Vidal

“Pablo Neruda es un boludo con vista al mar.”
David Viñas
“No estoy muy inventivo. El nivel de Manuel Gálvez, más o menos.”
J.L. Borges

“A Eduardo Mallea casi nadie lo lee, ni siquiera para despreciarlo. Mallea está en esos cincuenta años de oscuridad después de la muerte; sólo que vivo.”
Adofo Bioy Casares

“Cada vez que leo Orgullo y prejuicio me dan ganas de desenterrar a Jane Austen y golpearle en el cráneo con su propia tibia.”
Mark Twain

“Aprecio mucho a Freud, pero como autor cómico.”
Vladimir Nabokov

“Su conversación es demasiado anecdótica; se parece demasiado poco al pensamiento.”
J.L. Borges sobre Ernesto Sabato.

“Neruda es un romántico de mala muerte.”
Vicente Huidobro

“Si me fuera de copas con Isabel Allende, no cambiaría mi opinión sobre ella porque ni en mis peores borracheras he perdido cierta lucidez mínima, un sentido de la prosodia y del ritmo, un cierto rechazo ante el plagio, la mediocridad o el silencio.”
Roberto Bolaño

“Roberto Bolaño es un buen escritor que desgraciadamente murió, pero eso no lo hace mejor persona.”
Isabel Allende

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Celebridades bajo fuego

Un escritor es alguien que opina de manera velada o expresa, y que sabe que una estrategia eficaz es hacerlo en contra de figuras reconocidas. Una de las opiniones más explosivas fue aquella de John Lennon cuando dijo que The Beatles eran más famosos que Cristo. Hecho que levantó un tsunami de protestas y quema de discos que lo obligaron a explicar que lo había dicho como crítica a la cultura del momento. Montados sobre la ventaja que les proporciona el oficio, los escritores la han emprendido contra artistas, políticos y otras celebridades con el arma literaria por excelencia: la ironía.

“Con su voz femenina, su piel blanqueada, su cabello de Medusa, el brillo del lápiz de labios rojo, su pesado maquillaje de ojos y su nariz casi inexistente, Michael Jackson apareció en el show de Oprah Winfrey para aventar los rumores que dicen que no es una persona del todo normal.”
Craig Brown, en el Sunday Times.

“Dicen que para Sarney la escritura es un proceso torturante. Sin duda, pero quien grita de dolor es la lengua portuguesa.”
Paulo Francis

“No sé por qué Marlborough me odia tanto si nunca le hice un favor.”
Oscar Wilde

Mordiéndose la lengua

Como se ve, los escritores de todos los tiempos y geografías no han ahorrado tinta en sus ataques contra colegas, celebridades y contra su propio oficio. Pero indudablemente se lucen más cuando dirigen la ponzoña hacia sí mismos. Es que la autocrítica siempre lleva un sello de nobleza, y el verdadero sentido del humor tiene que ver con la capacidad de reírse de uno mismo.

“No me explico cómo mis lectores consiguen entender lo que escribo. Después de algún tiempo ni yo misma sé lo que quise decir.”
Gertrude Stein

“No me importa lo que se diga de mí, mientras no sea verdad.”
Truman Capote
“Si mis libros hubiesen sido peores, no me habrían invitado a Hollywood. Si hubieran sido mejores, yo no habría aceptado la invitación.”
Raymond Chandler

“La mayor parte de los escritores escribe libros que no leería. Lo sé, yo mismo lo hago.”
Gore Vidal

“Cada vez siento más que soy un mal impostor de mí mismo.”
Chuck Palahniuk

“Lo bueno de ser una celebridad es que cuando uno aburre, la gente cree que es su propia culpa.”
Henri Kissinger

“Cuando me dan un premio, me siento como un incendiario al que han nombrado bombero.”
Milan Kundera

“Me llevó quince años descubrir que no sabía escribir, pero para entonces ya no podía parar, me había hecho demasiado famoso.”
Robert Benchley

“Cuando comencé a escribir no tenía la menor aptitud para ello. No sabía cómo hacer para que una persona entrara o saliera de una habitación o si se quitaba el sombrero al entrar. Si ponía dos personajes a conversar en una sala, uno de ellos no podía salir vivo.”
Raymond Chandler

“Algunas personas escriben tan bien que me dan ganas de devolverle la pluma al ganso.”
Fred Allen

Pluma contra pluma

De una proximidad profesional casi promiscua, los periódicos y los periodistas no han salido indemnes. Podría pensarse que la dependencia de los escritores respecto de los medios y de la crítica literaria a la hora de promocionar sus obras es un acicate que afila las estilográficas. La dependencia es siempre el caldo de cultivo de las flores más malvadas. Muchos callan pensando en la suprema represalia de los medios: la indiferencia, pero a algunos esa amenaza latente no los amilana y se despachan a gusto contra sus cuasi colegas.

“Ningún pescado que se precie querría ser envuelto en un periódico de Rupert Murdoch.”
George Royko

“Un periodista es alguien autorizado a publicar sus errores.”
Natalio Botana

“Creo en la igualdad para todos, excepto para periodistas y fotógrafos.”
Mahatma Gandhi

“Que los críticos nos alaben es como que el verdugo diga que tenemos un bonito cuello.”
Eli Wallach

Libros que duelen

A pesar de la creencia general de que cada día se lee menos, cada día se publica más. O bien esa impresión es falsa o las editoriales aumentan la oferta para mantener la nave a flote, a fuerza de brindar mayores opciones a los consumidores. Como sea, basta recorrer cualquier librería para ver la multitud de títulos y temas que las inundan. La furia impresora, sin embargo, muchas veces determina un considerable descuido en la calidad de lo que se imprime. Es llamativo que algunas de esas obras de pésima factura alcancen notables niveles de venta. Tal cosa no ha pasado inadvertida a nuestras lenguas viperinas que no han dudado en despacharse cáusticamente.

“Sólo hay una cosa más rara que una primera edición de algunos escritores. La segunda.”
Franklin Adams

“Un escritor es alguien congénitamente incapaz de decir la verdad. Por eso lo que ellos escriben se llama ficción.”
William Faulkner

“Hay libros que cuando uno para de leerlos no consigue retomarlos jamás.”
Millor Fernandes

“Ultimamente las palabras están basureando a algunos escritores.”
John Fowles

“Basta leer media página de los libros de algunos escritores para darse cuenta de que están despuntando para el anonimato.”
Stanislaw Ponte Preta

Trabajo maldito

No es ninguna novedad: la mayor parte de la gente detesta su trabajo. Sólo unos pocos privilegiados gozan de la bendición de trabajar en aquello que les gusta o les da placer.
Cosa extraña en un escritor, que en la mayor parte de los casos hace algo que nadie le pidió, para un público en principio virtual, sobre un tema que no sabe a quién le puede interesar y movido únicamente por su deseo de expresar algo que quizá sólo sea importante para él.
Sin embargo, no pocos se han manifestado ácidamente críticos en contra de su propio oficio.

“Escribir es transformar los peores momentos en dinero.”
J.P. Donleavy

“Todo lo que es fácil de leer es difícil de escribir. Y viceversa.”
Telmo Martino

“Nadie que no sea un idiota escribe si no es por dinero.”
Samuel Johnson

“Escribir es la única profesión en la que nadie es considerado ridículo si no gana dinero.”
Jules Renard

La puñalada como una de las Bellas Artes

e.m.
Así tituló Jordi Costa su prólogo para el libro de Albert Angelo Escritores contra escritores. Angelo no podría haber elegido mejor prolonguista pues este catalán, con énfasis digno de un andaluz, se despacha sin ninguna timidez contra los escritores con una prosa que se asemeja notablemente al racismo. Para muestra, estos botones:

“(…) Se puede inferir de todo esto que el Escritor es, esencialmente, un problema. O que todo escritor tiene un problema (como mínimo). Sería exagerado considerar a los escritores como los seres más nocivos de la Creación, pero su medular paradoja suele avalarlos como entes frecuentemente ridículos. El Escritor vive apretujado en la tensión existente entre la pomposidad y el desamparo (...).”
“(…) En determinados contextos, la palabra escritor suena, pues, extrañamente parecida a otros términos y expresiones como muerto de hambre, buscavidas o cantamañanas, porque, como todos sabemos, raro es el escritor que logra vivir de su arte. Y el que lo logra (hay ejemplos cada temporada literaria) suele ver cómo sus compañeros de gremio ponen en cuarentena su consideración como legítimo escritor y, si se tercia, terminan por retirarle el carné de socio del Club de la Hambruna Significante (...).”

“(...) Es muy difícil querer (realmente) a un escritor. Quizá por eso hay tantos escritores que se quieren (tantísimo) a sí mismos. Todo ello (la egomanía y la pomposidad) no son otra cosa que estrategias de supervivencia: artimañas para proporcionarle una coartada al aislamiento. El Escritor, en el fondo, sólo se tiene a sí mismo (y a sus aduladores, forma de vida parasitaria que aplica sobre el ego del huésped un masajeo balsámico). No es extraño, por tanto, que en tales circunstancias se tienda a la hipertrofia del ego y a la atrofia de todo impulso social. Es posible que la física aporte un diagnóstico más desapasionado de la situación: por regla general, una única habitación suele proporcionar un espacio insuficiente para la coexistencia (pacífica) de dos egos de Escritor, desmesurados por definición. De ahí que el escritor sólo pueda compartir un espacio tan severamente delimitado con su personal carga de aduladores, forma de vida portátil y con el cuerpo biconvexo, flexible y, ante todo, muy difícil de aplastar (y/o humillar) del Cimex columbarius (pulga de la paloma). Como especie animal sometida a unas leyes evolutivas consecuentes a su circunstancia y a las inclemencias climáticas de su hábitat, el escritor ha desarrollado un peculiar lenguaje para la comunicación (casi siempre indirecta) con sus semejantes, los escritores. Un lenguaje fundamentado en la descalificación exhibicionista, la puñalada barroca y el exabrupto con filigrana (...).”

“(…) Como se ha apuntado más arriba, el escritor sólo puede comunicarse con su semejante a través de la mordedura (en la yugular o en el alma). El escritor es un lobo para el escritor.”

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