Chabán implora
en una carta
que termine
su “tortura”
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Pesadilla. Chabán recuerda la noche del incendio.
Foto: CEDOC Perfil
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Acorralado en lo terrible, como por una maldición divina, vuelve una y otra vez la misma escena...tres jóvenes arrojando bolas de fuego al techo, mi espasmo, la oscuridad, la asfixia. Después, al salir, fragmentos hirientes de luces y sombras, una masa de cuerpos en cámara lenta, retardados, una y otra vez la condena de que el tiempo no pueda volver atrás, todo sin respuesta, repetido en los límites de la desesperación, ecos sordos, lo innominado de la muerte, el mirarse uno a otro, no en el misterio sino en lo fatídico de la impotencia.
Entrar, salir, demorarse, correr, salir, entrar, cuerpos y montones. ¡Piedad! Por favor, imploro que se termine esta tortura ... y otra vez tres jóvenes ametrallando el techo.
Siempre unos pocos cagando a los muchos para después borrarse en lo anónimo:¡La bestia es el otro!
Nosotros somos la pura inocencia por eso estamos exonerados de nuestra propia locura, todos los demás son culpables de lo que hicimos. Las bengalas son nuestras armas de rebeldía, nuestra crueldad purifica: con nuestro acto pusimos de manifiesto el desorden del orden, la impunidad de las corporaciones y las instituciones, abrimos una brecha en los desarreglos sociales. Nos destruimos a nosotros mismos poniendo en evidencia lo frágil de los órdenes establecidos. ¡¿Qué culpa tenemos nosotros si no nos cuidan?! Aborrecemos y destruimos lo que nos oprime. ¡Ellos son culpables de lo que nosotros hicimos! Vámonos de joda, somos libres, libres pero débiles, los amos no nos cuidan ¡Muerte al amo! Nuestros hijos bendecirán nuestro acto.
Se escuchan los cantitos en las plazas, fiestas y recitales: son los ángeles del Apocalipsis que gustan de jugar a la muerte. Contra la violencia en todos sus aspectos. Emir Omar Chabán