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espectáculos
“apocalypto”
Los mayas vistos por Gibson
Luego de La pasión de Cristo, Mel Gibson se interiorizó en los secretos de la cultura maya para filmar Apocalypto, su nuevo film, en el que ahonda en el porqué de la desaparición sorpresiva de esa civilización, a partir de una violenta historia de fugas
y persecuciones.
Por Mercedes Halfon
31.12.2006
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El lugar del director. Mel Gibson dando órdenes al gigantesco elenco de actores no profesionales oriundos de los más recónditos lugares de América. Violencia y escenarios naturales.

Foto: CEDOC Perfil

   

Mel Gibson debe ser uno de los seres más complejos, oscuros y polémicos que andan sueltos por Hollywood. Un cultor de los extremos. De ser el bromista compañero de Danny Gloover en Arma mortal pasó a la dirección cinematográfica en películas hechas muy en serio; epopeyas de violencia y contenido moral que fueron bien recibidas por público y crítica. Entre esos dos puntos, el recorrido es largo y plantea una mente a descubrir. Porque ¿quién es Mel Gibson? ¿El patriota libertario oculto detrás de Corazón valiente? ¿El provocador y hasta revisionista de La pasión de Cristo? ¿El borrachín capaz de hacer comentarios machistas –primero– y –después– antisemitas, tras haber sido pescado in fraganti conduciendo ebrio? ¿Un alma sensible preocupada por contar la verdad sobre el exterminio de los pueblos originarios? ¿Un copión que plagió escenas de una película mexicana de 1991 en su inminente estreno Apocalypto?
Luego del conocido episodio etílico de julio de este año, y por más que Gibson intentó retractarse, su imagen se vio seriamente afectada para la opinión pública. Era evidente que necesitaba remontar la puntería con su siguiente película. Y con el estreno de Apocalypto, la polvadera, en vez de aquietarse, se acrecentó. Ahora dicen que Mel Gibson habría copiado más de un elemento de la película Retorno a Aztlán, realizada en 1991 por el mexicano Juan Mora Catlett, quien afirma que tuvo contacto con los productores de Gibson, y que le compraron una copia de su film al módico valor de 100 pesos (que vendría a ser algo así como 9 dólares) para usar como “inspiración”. ¿Será cierto? Por el momento, la cuestión quedó sólo en los dichos.
Pero el de plagio no fue el único rumor que levantó el estreno de Apocalypto en EE.UU. el pasado 8 de diciembre. Los críticos no logran ponerse de acuerdo sobre si su forma de retratar el declive del imperio maya es fidedigna o si usa la excusa histórica para contar una historia de fuga y persecución, tan vulgar como cualquier otro film de los que se producen de a decenas en Hollywood.
Hay que decir que Gibson asumió muchos riesgos para la película. Con un equipo de lujo se metió de lleno en las selvas tropicales de México para rodar durante largos meses, recreando el fascinante escenario de templos gigantescos y pirámides de piedra.

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Su preocupación era contar una historia entretenida y espiritual a la vez, épica y de acción. Antes de llegar al rodaje, Gibson y su guionista egresado de Cambridge, Farhad Safinia, investigaron largo tiempo, viajaron por Yucatán, recorrieron ruinas mayas, leyeron los famosos textos del Popol Vuh y se asesoraron con el renombrado arqueólogo y experto en el tema Richard Hansen. “Nos hizo sentir que, además de creatividad, estábamos escribiendo con autenticidad”, comentó el director.
La historia de los mayas es una de las más fascinantes e inexplicables de los pueblos que habitaron América. Florecieron alrededor del 300 dC en diversos centros importantes, en forma de ciudades-Estado. Su máximo desarrollo duró hasta el 700 dC. En ese tiempo elaboraron un sistema de escritura que fue el único verdaderamente avanzado de todas las civilizaciones del Nuevo Mundo, del que estudios recientes afirman que podría haber sido silábico. Lamentablemente una gran parte permanece aún sin descifrar. También crearon un calendario complejísimo, y que hoy está nuevamente en boga para las corrientes new age (léase Ludovica Squirru). Se trató también de una sociedad fuertemente estratificada, con base en la agricultura, un comercio muy activo, gran nivel de producción artística y una religión que fue el punto central de su cultura. Desde comienzos del siglo IX, la civilización maya atravesó una profunda crisis. Los movimientos artísticos, religiosos e intelectuales se detuvieron. Entre el 800 y el 900 dC, la mayor parte de las ciudades quedó desierta, las malezas y raíces cubrieron las construcciones deteriorando lentamente los pétreos y solemnes edificios. Hay varias teorías que intentan explicar estos hechos, pero aún no hay acuerdo entre los arqueólogos e historiadores sobre qué pasó. En su film, Mel Gibson toma una de las hipótesis más fuertes y la desarrolla como verdad.
Fue Richard Hansen quien ayudó al director a develar algunos de los secretos de los mayas, particularmente a comprender cómo una sociedad tan avanzada pudo haber quedado en ruinas de forma sorpresiva. “Descubrimos que lo que Hansen y otros antropólogos creen es que los problemas desalentadores a los que se tuvieron que enfrentar los mayas son similares a aquellos a los que se está enfrentando nuestra civilización en la actualidad, una prevaleciente degradación ambiental, consumo excesivo y corrupción política”, afirmó el actor de Mad Max. Esta teoría que explica cómo los mayas agotaron sus recursos naturales es una de las hipótesis más fuertes acerca del suceso. Pero hay otras. Por ejemplo, que la combinación de pugnas internas entre ciudades-Estado y grupos sociales enfrentados, desmedidas exigencias tributarias por parte de la casta gobernante, pudieron provocar un alzamiento de las clases desfavorecidas, que llevó a la destrucción del grupo gobernante y la desintegración de la sociedad. La prueba de esta hipótesis estaría en algunas excavaciones, donde se hallaron instalaciones ceremoniales dañadas de manera intencional, monumentos mutilados y el centro religioso abandonado.

El elenco y el idioma. Más allá de las disputas entre historiadores, y de la voluntad de contar una historia más ligada a cuestiones ambientales que políticas, lo cierto es que Gibson se esforzó en encontrar verosimilitud en otros aspectos de la realización cinematográfica. Desde un comienzo, para narrar su historia decidió utilizar actores autóctonos, es decir, rostros desconocidos para las audiencias. “Esto hace que el relato se sienta mucho más real y convincente, porque no hay punto de referencia alguno de las actuaciones que estás presenciando”, afirmó. En ese sentido, a esa elección se le suma el gesto más arriesgado de Apocalypto: la película está íntegramente hablada en maya yucateco, una lengua amerindia derivada del tronco mayense, que se habla principalmente en los Estados mexicanos peninsulares de Yucatán, Campeche y Quintana Roo.
La historia de Garra de Jaguar –así se llama el protagonista de la persecución sobre la que versa Apocalypto– suena como firme candidata a los Oscar 2007. Pensemos que de los cinco Oscar que había conseguido con su Corazón valiente, Mel Gibson pasó a ningún Oscar por La pasión de Cristo. ¿Tendrá más suerte con su epopeya latinoamericana? Cómo saberlo. Quizá su relativa suerte en la taquilla le gane alguna compensación a la hora de los premios. Durante su primera semana de estreno en los cines de los EE.UU., Apocalypto recaudó 14,3 millones de dólares, mientras que La pasión... había obtenido 65, 6 millones en el mismo lapso.

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