Eduardo Duhalde asumió la Presidencia en un contexto de extremo caos político, económico e institucional. La Argentina atravesaba la peor crisis de su historia y habían desfilado por la Casa Rosada cuatro presidentes en una semana. En ese marco, Duhalde se hizo cargo del Gobierno.
Asumió en pleno desborde social y en medio de la crisis política desatada pocos días antes con la renuncia del ex presidente Fernando de la Rúa, el 20 de diciembre de 2001.
También lo recibió un contexto de parálisis económica, la reciente declaración del default de la deuda por parte de Adolfo Rodríguez Saá, un sistema financiero en pleno colapso y ahorristas enfurecidos reclamando la devolución de sus depósitos, en dólares, atrapados en el “corralito”.
Con Jorge Remes Lenicov al frente del Ministerio de Economía, Duhalde sostuvo el corralito y avanzó, Ley de Emergencia Económica mediante, con la pesificación de los depósitos bancarios.
—¿La pesificación era la única alternativa?
—Había muchas alternativas, pero nosotros necesitábamos poner en marcha el aparato productivo y la única manera de hacerlo era pesificando”, le explicó ayer Duhalde a PERFIL (ver aparte).
Estabilización. Con los meses, la situación económica se fue reacomodando; a partir de abril, de la mano del sucesor de Remes Lenicov, Roberto Lavagna. Los reclamos de los ahorristas continuaron, aunque muchos aceptaron el canje por bonos que les ofreció el Gobierno. En esos casos, la pérdida no superó el 10 por ciento.
En lo social, se intentó superar la crisis con un ambicioso esquema de planes sociales. En ese contexto surgió el Plan Jefes y Jefas de Hogar, lentamente en retroceso.
Pero el gran mérito que se le adjudica a Duhalde es haber garantizado una tenue gobernabilidad, que permitió la convocatoria a elecciones 16 meses después, en abril de 2003, empujado por los asesinatos de piqueteros en el Puente Avellaneda.
De la mano del ex mandatario, llegó como candidato oficial Néstor Kirchner, quien fue el elegido tras el paso al costado de Carlos Reutemann.