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andres ducatenzeiler
La oscura cocina
de la AFA
Por carlos romero/federico bassahun
19.11.2006
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Viamonte. La sede de la Asociación del Fútbol Argentino.
Foto: CEDOC Perfil
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—¿Cómo fue su primer día en el Comité Ejecutivo de la AFA?
—Primero, cuando entrás a la AFA y los ves a todos te da asco. En mi primer día, me sentaron al lado de Gámez. ¿Sabés cómo empezó la reunión Gámez? Diciéndoles a todos los presidentes que eran una manga de cagones y de alcahuetes de Grondona.
—¿La descripción de Gámez era acertada?
—Claro, si los presidentes cumplen un solo papel: el de la obediencia debida. Y fijate que por un acto significativo de violencia, a Juan José Muñoz (presidente de Gimnasia) no lo sancionaron, porque lo de los meses es mentira: lo único que le prohibieron es ir a seis reuniones del Comité Ejecutivo, porque en diciembre y en enero no hay fútbol y no hay Comité. Y, además, en las reuniones no se define nada, porque Grondona eso lo hace en la semana, y en el Comité se hace el acta nada más. Hay obediencia debida para participar de la familia del fútbol; si no, afuera. El pibe de él (Julito Grondona, presidente de Arsenal) atendía un quiosco en su estación de servicio, vendía chocolatines, y Grondona lo puso como presidente de Arsenal. Y después, presidente de la Comitiva del Mundial de Alemania.
sigue
—¿Cómo es una reunión del Comité?
—A ver: están los representantes de los 20 clubes de Primera, el del ascenso y el del Interior, el secretario de la AFA, un alcahuete de Grondona, se comunica el acta del día, que son los temas a tratar. Se aprueba todo. Salís de ahí, das una vueltita y hay una oficina con puertas corredizas y un sillón. Y empiezan a desfilar los presidentes, cada uno con su problema. Grondona cierra la puerta, te hace pasar y le decís: “Julio, tengo un problema, quiero jugar contra Banfield en la cancha de Vélez”. Grondona manda a llamar al presidente de Banfield. “El te va a dar toda la recaudación para cambiar de cancha”, le dice Grondona. “¿Todos contentos? Chau”.
—¿O sea que todo se resuelve en esa oficina?
—Pablo Guiñazú se había escapado de (Eduardo) López en Newell´s. Guiñazú dio la vuelta al mundo, pasó por Italia y por México, y recayó en Independiente. Grondona me llama, cierra la puerta y me dice: “Guiñazú tiene que volver a jugar en Newell´s”. Le dije que no, que en Independiente era un ídolo, acababa de salir campeón y había sido llamado a la Selección de Bielsa. “Tiene que volver a Newell´s, porque López me lo pidió y le tengo que hacer el favor.” López lo estaba salvando en un juicio en Rosario. “Se lo tenés que dar.” Le repetí que Guiñazú era un ídolo en Independiente. “Bueno, elegí un jugador de Newell´s y los cambiamos”, me contestó. ¿Cómo le decía que no? A ver si después me dirigía el que yo no quería que me dirigiera. Y así llegó Damián Manso a Independiente.
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