Man Ray comenzó a utilizar el soporte fotográfico como medio expresivo a partir de 1920. Produjo un aporte extremadamente personal. Si bien mantuvo contacto con Alfred Stieglitz, no comulgó con las tendencias más instaladas en su tiempo. No se sumó al declinante pictorialismo ni tampoco a la fotografía directa, que revoluciona el medio con las nuevas ideas que planteó con su obra Paul Strand en 1915.
No necesitó valerse de una técnica sofisticada. Siempre utilizó cámaras elementales y sus copias no tienen el virtuosismo de las de los grandes puristas. Exploró los límites de lo técnico intuitivamente, utilizando una cantidad de técnicas conocidas: el solarizado, el efecto de grano y el negativo presentado como copia final, y en todos ellos jugó con el azar, aprovechó “el error técnico” para abrir nuevas formas de representación.
Desarrolló como pocos la técnica del fotograma –que llamó “rayogramas”– colocando objetos tridimensionales sobre el papel fotográfico y exponiéndolos a la luz, con una fuente móvil que le permitió lograr efectos de volumen poco comunes en esta técnica. Realizó retratos y desnudos solarizados, puestas en escena con modelos o maniquíes, aludió a la pintura, imaginó extraños bodegones, hizo autorretratos y fotografía de modas. Con una capacidad inventiva inagotable, no dejó nunca de sorprender, fue sin dudas uno de los surrealistas más atrevidos en el uso de la fotografía. Volcó en su trabajo sensaciones y fantasmas de su universo interior, y lo hizo con maestría y claridad, como para que al ver su obra disfrutemos de su poética provocadora y sólo reparemos en las consideraciones técnicas en una instancia de análisis sobre la forma desprejuiciada en que hizo uso del medio.
*Fotógrafo.