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masculinidad en baja
“Histeriotipos” o los hombres temerosos
El incontenible avance de las mujeres en la sociedad parece estar creando una casta de hombres temerosos, inseguros, desorientados y, el colmo, histéricos. Los cambios del paradigma masculino de proveedor, potente, seguro y macho está en baja y es conflictivo. Su contracara es la aparición del modelo sensible, receptivo y tierno y hasta con gustos femeninos, que no terminan por conformar a ninguna. Eliseo Verón habla de “pánico” le responde a dos autoras que catalogan la fauna masculina en “histeriotipos”, y allí entran casi todos: el moderno, el “workholic”, el intelectual y el antiguo.
Por Pablo E. Chacon
24.09.2006
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| a sus pies. Aseguran que los hombres no toleran el exito femenino. |
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¿Será cierto que ya no hay hombres? ¿No será más preciso hablar de un cambio en el actual mercado de trabajo, donde la presencia de las mujeres en lugares de decisión ha dado lugar a desplazamientos y ganancias, todavía más simbólicas que monetarias, que el machismo puro y duro no termina de aceptar? “Los hombres no están asustados, están en estado de pánico (por el avance de las mujeres).
Los argentinos tienen más margen, porque la economía todavía es del siglo pasado y los hombres controlan la política. Pero en cuestiones de vida cotidiana el terror es el mismo que en Europa”, asegura el sociólogo y semiólogo Eliseo Verón, recién llegado de Francia. El fenómeno, propio de los países industrializados y de las grandes urbes, repercute en todos los ámbitos, incluido el de las relaciones sociosexuales, donde los winners, los bananas ya no son sólo los hombres. Este escenario resultó perfecto para que la guionista y escritora Claudia Morales bautizara a la nueva generación masculina: histeriotipos. Si se quiere, el histeriotipo, que imita mal lo peor de las mujeres, responde a lo que algunos en EEUU empiezan a llamar el complejo de Samantha (por la protagonista de Sex and the City), que muchos muchachos no se bancan por su temple e iniciativa (sexual y de las otras).
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“En Francia -dice Verón-, el escándalo que se desató en el Partido Socialista por la candidatura (virtual) a la presidencia de Ségoléne Royal, una mujer preciosa, muy inteligente, es de no creer…En un programa de televisión llegaron a preguntarle quién se iba a ocupar de los hijos si ella alcanzaba la presidencia. El pánico masculino está desatado. Piensan que van a perder todo, que van a terminar cambiando pañales”, cuenta Verón. Morales dice que los histeriotipos han tomado como propias costumbres supuestamente femeninas. “Se presentan como víctimas…porque dejaron de ser machos todoterreno, proveedores y patrones de estancia y estipendio”.
Mariela Mociulsky es psicóloga y analista senior de mercados y tendencias en Consumer Trends, una empresa del grupo CCR. “El proceso de cuestionamiento de los roles femeninos y masculinos se aceleró en la Argentina a partir de la crisis de 2001. Es cuando comienza a verse una nueva masculinidad: un hombre reconciliado que aprendió a armonizar la solidez con la sensibilidad. En síntesis, varones sensibles que dejaron atrás el modelo patriarcal y machista”. Es una tendencia, por supuesto; su reverso es el crecimiento hiperbólico de la violencia intrafamiliar y la pedofilia.
Los histeriotipos es un catálogo donde no falta casi nadie. “Pero no se trata sólo de marcar lo que los tipos son”, dice Morales, “sino también de analizar nuestra complicidad. Es cierto que la gente anda más sola, pero también es cierto que cuando se empareja, ahora lo hace por ganas y no por obligación. Sí creo que los varones andan desorientados: nosotras, que a veces hasta ganamos más dinero, ya no los necesitamos, ya no dependemos, ahora los elegimos. ¿Y qué hay del miedo? “A veces parecen aterrorizados, es difícil que vayan al grano, dan demasiadas vueltas, primero dicen sí y después no, y al final nada. Está muy instalada la idea de que si una mujer los escucha, es porque quiere irse a la cama de inmediato, o porque está buscando marido.
La publicista española Neus Arqués, cuenta que todo empezó en una cena con amigas, todas de entre 35 y 45 años. Alguien lanzó la preocupación común: ¿cómo vamos a hacer cuando nadie nos quiera? “Pagando…”, se escapó una voz. Hubo jarana y risas pero se quedaron pensando. Un hombre de pago es la primera novela de la provocadora y en sus declaraciones a la prensa, Arqués ha dicho y repetido que “tener un gigoló no es más que una opción”, no necesariamente una forma de vida. . En La pasión a los cuarenta, Esther Feldman también compone una lista de indeseables. El primero es el adicto al trabajo, seguido por el moderno, el antiguo, el intelectual y el cavernícola. Todos, dice, tienen algo en común: les cuesta el sexo. Si se prefiere a los jovencitos, conviene no tratarlos de toy-boy. Los muchachos andan con el rabo entre las patas.
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