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Sociedad
Que se haga justicia
Por omar chaban
24.09.2006
  e54
 
Omar Chaban
Foto: cedoc perfil.
   

Me han preguntado insistentemente qué opino de la vuelta de Callejeros a los escenarios. Yo pienso que cada uno tiene que escuchar la voz de su propio destino. Lo que implica esto es que Callejeros decide sobre su vida y yo lo que quiero es demostrar mi inocencia.

En esta búsqueda, aunque yo esté tratando de aportar pruebas para diferenciar las responsabilidades de la banda y la mía, tanto ellos como yo somos culposos (ninguno de los dos quiso que muriera nadie). No hubo una actitud dolosa de ningún imputado en la causa.

Por eso, pienso que si se diera una situación ideal, a pesar de los posibles resquemores mutuos, en un encuentro con algún integrante de Callejeros, nos abrazaríamos y lloraríamos juntos por la locura de lo que pasó, porque ninguno de nosotros podría haber imaginado esta tragedia. Y pienso que todavía no podemos comprenderla.

Por supuesto, en eso de escuchar la voz de mi propio destino, yo vivo en ultratumba. Vivo en una pesadilla entre muertos y fantasmas. Estar en una cárcel es la muerte en vida. Y además, mi posible futuro sería curtir la calle Corrientes, caminar por ahí o tener un circuito de bibliotecas, como hacía a los 20 años. ¿Quién me va dar trabajo? La otra opción sería que alguien me bancara un pasaje a Cuba e ir a dar clases de teatro allá.
Estamos en un momento en que la gente está escuchando mucho más y los medios están revisando actitudes que tuvieron en un primer momento, quizás un poco intempestivas frente al horror. Ahora parecieran tener una actitud un poco más crítica.
Todo esto también tiene que ayudar a la Justicia, para que además de aplicar la ley, tenga una mirada más global de la causa. Que pueda enmarcar aspectos sociológicos, la actuación y funcionamiento de los distintos poderes (Legislatura, Departamento de Habilitaciones, Bomberos y el SAME) y el funcionamiento de la relación Estado- ciencia- técnica- industria, con respecto a la venta de materiales tóxicos que acabaron con la vida de 194 chicos en República Cromañón. Que se haga justicia y que siempre la verdad guíe nuestros pasos.

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Por supuesto, en eso de escuchar la voz de mi propio destino, yo vivo en ultratumba. Vivo en una pesadilla entre muertos y fantasmas. Estar en una cárcel es la muerte en vida. Y además, mi posible futuro sería curtir la calle Corrientes, caminar por ahí o tener un circuito de bibliotecas, como hacía a los 20 años. ¿Quién me va dar trabajo? La otra opción sería que alguien me bancara un pasaje a Cuba e ir a dar clases de teatro allá.

Estamos en un momento en que la gente está escuchando mucho más y los medios están revisando actitudes que tuvieron en un primer momento, quizás un poco intempestivas frente al horror. Ahora parecieran tener una actitud un poco más crítica.
Todo esto también tiene que ayudar a la Justicia, para que además de aplicar la ley, tenga una mirada más global de la causa. Que pueda enmarcar aspectos sociológicos, la actuación y funcionamiento de los distintos poderes (Legislatura, Departamento de Habilitaciones, Bomberos y el SAME) y el funcionamiento de la relación Estado- ciencia- técnica- industria, con respecto a la venta de materiales tóxicos que acabaron con la vida de 194 chicos en República Cromañón. Que se haga justicia y que siempre la verdad guíe nuestros pasos.

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