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Hoy puede ser un gran día
El quinto documental más visto de la historia de Estados Unidos llegó a la Argentina y ya abrió la polémica. ¿Y tú qué @#!* sabes? es una ficción sobre la física cuántica que inaugura el género de las películas espirituales. Con animación y efectos especiales, catorce expertos plantean que podemos diseñar la realidad a medida, desandar el pasado y envejecer más lentamente.
Por Mónica Martin
17.09.2006
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| William Arntz. Esta es la primera película del director alemán, que reside en San Francisco. Es ingeniero en ciencias, diseñó armas de láser, desarrolló programas de software empresarial, se hizo budista y estudió metafísica. |
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Cuántas veces se descubrió diciendo: “hoy tengo un mal día”? Varias, seguramente. Como si los beneficios o maleficios del destino nadaran en el gran estanque de la vida, al que vamos a pescar sin saber si habrá pique. Superada la moda bibliográfica de los best-sellers de auotayuda, ahora el Séptimo Arte nos sorprende con un nuevo género cinematográfico: los spirituals, las películas que se beben y miran como el chocolate que calienta el alma, una peculiar new age audiovisual que plantea que las cosas no siempre son como las vemos.
Y que probablemente ni siquiera “sean”.
El primer paso en esa dirección lo dio la famosa Matrix de los hermanos Wachowski, que postulaba que el mundo que percibimos no es sino un programa informático, una construcción cibernética de la que no tenemos la menor conciencia, a menos que un tal Morfeo (dios del sueño en la mitología clásica) nos convide una pastillita roja, que nos provoca la muerte en el mundo sensible, para renacer a la verdadera vida.
Ahondar en esta línea de pensamiento es el cometido de ¿Y tú qué @#!* sabes? (What the bleep do we know?), la película que escribió, dirigió y produjo el alemán William Arntz, en Estados Unidos, en 2004, que no contó con distribuidor y que sólo encontró sala de estreno en un pequeño cine de Yelm, en Washington.
Con todo en contra, el boca en boca hizo milagros y, pese a que sólo lanzaron el film con 11 copias, recaudó US$12 millones en tiempo récord, ganó 5 festivales internacionales y llegó a ser el quinto documental más visto de la historia de los Estados Unidos. Tanto que, después de cinco meses de sorprendentes recaudaciones, un ejecutivo de Samuel Goldwyn Films alzó el teléfono, discó el número de Arndt y le abrió las compuertas de la industria con mayúsculas (¿Y tú... ya llegó a 35 países). La cadena FOX compró los derechos para la difusión en DVD y en pocos días el film trepó a los primeros puestos de ventas de Amazon (ya superaron el millón de discos vendidos). En todo el orbe, surgieron Bleep study groups, comunidades que estudian el sustrato teórico del film, que en el inglés original se llama What the bleep do we know? –literalmente, ¿Qué pito sabemos?
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¿Recuerda cuándo Nacha Guevara repetía que no debe su juventud a la cirugía plástica sino a la física cuántica? Y bueno, esta película le daría la razón. Amanda, la protagonista que encarna Marlee Matlin (la sordomuda que enamoró a William Hurt en El sonido del silencio), es fotógrafa y, por tal motivo, se supone que sabe mejor que otros ver el mundo que la rodea. Sin embargo, no es así: carga una frustración matrimonial y todo la aburre. Hasta que una experiencia la convierte en “Alicia”, la inexperta que descubre un mundo maravilloso. Esta historia ficticia se entrelaza con trucos de animación, efectos visuales y, sobre todo, entrevistas a catorce especialistas en física cuántica, psiquiatría, biología molecular, teología, etc., que van explicando cómo sería la verdad de la milanesa: por qué nos estresamos, por qué las cosas nos salen mal, por qué envejecemos y mucho más. Sus afirmaciones ingresan a la ficción y Amanda puede replantear su vida.
Todo un desafío, que se gestó en la mente de William Arntz, un ingeniero en ciencias de la Universidad de Penn State, que desarrolló las espadas láser de gas dinámico de alta energía, (las que se ven en Star Wars), que se convirtió al budismo en los 80 y que quiso unir cuatro mundos que parecen incompatibles: la ciencia, el espíritu, la computación y la realización cinematográfica. Lo explica el mismo Arntz en una entrevista exclusiva.
—¿Qué dificultades encontró para desarrollar este film, el primero de su especie?
—La mayor fue presentar toda la información sin abrumar y desarrollar una historia que fuera un arco dramático de la teoría. ¿Cómo lo hicimos? Con 12 versiones del guión y 20 ediciones de la película hasta que dimos con la definitiva. ¡Nos a agarrábamos de los pelos!
—¿Se necesita ser budista para entenderlo?
—Uno sólo necesita ser mentalmente abierto y querer experimentar con la propia vida. Mucha gente descubrió que Bleep (por el título en inglés) es compatible con su creencia.
—Además del espiritual, ¿hay un mensaje político?
—Yo no soy para nada político. Hay mensajes sociales, del estilo “no sea víctima ni culpe a otras personas, asuma su responsabilidad y, sobre todo, no dé crédito a las verdades ajenas, sólo porque otros las dicen, piense por usted mismo”.
—¿Cómo tomó las críticas de que la película sólo es una plataforma de lanzamiento de ciertos científicos que quieren divulgar sus teorías?
—Algunas críticas fueron acertadas, y yo las incorporé en el final cut de Bleep, Down the rabbit, pero las que dicen que sólo es una defensa del dogma, son inexactas. Recuerde que todas estas nuevas ideas son analizadas por científicos que se formaron en estructuras mentales arraigadas en la materialidad del mundo real.
—Eligieron los entrevistados siguiendo sus propias convicciones? ¿Cuál fue el criterio?
—Varios de los entrevistados escribieron libros que nosotros habíamos leído y presentaban un mundo en el que, en definitiva, creemos.
—¿Cómo eligió a Marlee Matlin para el rol principal?
—¡Ella nos eligió a nosotros! El director de casting le envió el guión. El contenido era totalmente desconocido para ella, pero nos llamó su agente para decir que ella quería hacerlo.
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