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Frigerio, ese lúcido observador
Por Ricardo Lopez Murphy
17.09.2006
No pocas veces me encontré intercambiando ideas con Rogelio Frigerio. Extensos diálogos con una característica repetida: siempre fueron valiosos. Tratándose de un hombre reflexivo, culto y fuertemente informado, no podía ser diferente. Firme en sus convicciones, no por ello sonaba descortés. Al contrario, aunque defendía con vigor sus ideas, exhibía una cordialidad permanente y siempre se mostraba dispuesto a escuchar.
¿Qué asuntos lo preocupaban? Varios: el desarrollo nacional, las razones de retraso relativo de la Argentina, y las condiciones que permitieran la integración del país y una movilización de su potencial productivo. Teníamos visiones diferentes, pero no por ello dejaba de resultarme enriquecedor el intercambio.
Para tenerlo presente, quiero traer a colación un asunto de profunda actualidad. Frigerio decía que no puede haber desarrollo sin energía, y yo agrego que no puede haber energía si nos guiamos por prejuicios ideológicos. Los prejuicios no hacen pozos de gas y petróleo. Lo importante está en otro lado, en descubrir el problema. Con él se podía discrepar en las soluciones, pero a los problemas los veía con claridad: entre otras cosas, veía un estado obeso y una economía de baja productividad. Sabía que sin energía era imposible aspirar al desarrollo. ¿Qué ocurre hoy? Se niega la realidad. Hace tres años que estamos hablando y ahora que el problema explota en las manos del Gobierno, empiezan a buscar un chivo expiatorio para echarle la culpa.
Frigerio buscaba caminos y soluciones. Planteó que la educación no podía ser íntegramente de gestión estatal y sostuvo una famosa batalla por el petróleo; en este ítem tuvo un choque con la cultura argentina y, junto a Arturo Frondizi y Arturo Sabato, logró atraer inversiones.
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Situados en 1958, yo no hubiera hecho muchas de las cosas que él hizo. Pero esto no significa que deba omitir la lucidez que este hombre exhibía a la hora de ver los problemas. Ahora, desde el poder, se aplica un método diferente a aquél: se niegan los problemas.
Lo más interesante de Frigerio, sin embargo, fue su evolución. Readaptó sus posturas, asimiló los hechos y el paso del tiempo lo hizo modificar algunas de sus particulares visiones. Parte de su inmensa riqueza residió en el hecho de vivir aprendiendo. Y un elemento esencial de su personalidad fue el intento de ubicar al país de manera realista, para aprovechar las oportunidades que ofrecía el contexto.