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deportes
DE LA PAMPA A LAS VEGAS
La bronca de perder otra vez contra el más
duro rival: él mismo
El día en que la Hiena se coronó por primera vez campeón mundial, su oscilante historia personal pareció encaminarse a un profesionalismo serio y decidido. Y así fue construyendo su nueva imagen. Sin embargo, no fue suficiente: sus meses de preparación en La Pampa no tuvieron en cuenta que, como Al Capone, se podía caer ante la más mínima desatención.
Por ANDRES VAZQUEZ
17.09.2006
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CUMPLEAÑOS. El 1º de agosto la hinchada de Tigre viajó a La Pampa para visitarlo. No estuvo solo.
Foto: gentileza diario la arena de la pampa
   

Al hombre se lo veía siempre allí: ajeno al lujo multicolor que podían ofrecer Las Vegas, Los Angeles o Miami en una noche de boxeo. Su perfil venía por otro costado: él prefería mostrarle al mundo su distintiva sonrisa felina y los colores de su club, Tigre; su estilo era exponer sólo una parte de la historia, tal vez la más feliz y relajante, porque la otra porción, la del sacrificio diario, se cocinaba en las pampas, lejos de la América extranjera.
Rodrigo “La Hiena” Barrios siempre tuvo un tremendo coraje, una buena técnica y permanente actitud ofensiva, pero carecía de la disciplina de los grandes boxeadores para llevar una vida acorde con un profesional del deporte. Pasaba más tiempo en programas de televisión, en bares o discotecas que en el gimnasio. Sin embargo, el campeón reaccionó a tiempo. Estaba contra las cuerdas, a punto de caer del cuadrilátero, y decidió reordenar su carrera.
Desde el día en que rozó la gloria ante Acelino “Popó” Freitas, la tradición cambió. El destino de la recuperación fue a 700 kilómetros de su casa, lejos de las tentaciones, en la provincia de La Pampa. Se concentró en el objetivo de lograr la corona mundial y estuvo tres meses levantándose a las cinco de la mañana, entrenando duro, comiendo sano y durmiendo lo suficiente para derrotar a Mike Anchondo. En esa especie de retiro espiritual encontró mucho más que una preparación deportiva y volvió para armar el combate ante el húngaro Janos Nagy.
En la tercera defensa mundialista, el ritual se volvió a respetar. Desde el 9 de julio la Hiena desembarcó en Santa Rosa para alojarse en el Centro Recreativo Municipal Don Tomás, un complejo de 60 habitaciones. Allí, Barrios recorría los 15 km diarios de footing todas las mañanas y completaba su entrenamiento de pesas y guanteo en un sencillo gimnasio de la ciudad. “Tardé 29 años en encontrar la paz. Por suerte encontré la madurez en el mejor momento de mi carrera”, comentó el hombre.
El final lo encontró de la peor manera: un nocaut más doloroso que el más duro de los ganchos.


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